Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 31
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31: Capítulo 31 31: Capítulo 31 La burbuja de intimidad que habían creado en la cocina, con olor a café y sexo, duro unos minutos… hasta que estalló con la sutileza de una granada de mano cuando el timbre de la puerta principal sonó de nuevo, esta vez de forma insistente y acompañada por golpes rítmicos que solo podían pertenecer a una persona en la mente de la pelirrubia.
“¡Elena!
¡Sabemos que estás ahí dentro deprimiéndote!” La voz de Alicia atravesó la puerta como si la misma no estuviera ahí.
Sele y Elena, que estaban terminando de lavar los platos en un silencio cómodo, se miraron.
La pelinegra ya estaba vestida con la ropa que llevaba la noche anterior, lista para salir en busca de ciertas cosas para hacer que su tiempo sea aún mejor.
“Creo que tu escuadrón de rescate ha llegado.” dijo Sele con una media sonrisa, secándose las manos en un paño de cocina.
“Mierda.” susurró Elena, mirando hacia el pasillo.
“Si no abro, son capaces de llamar a los bomberos…
o tirar ellas mismas la puerta para poder entrar.” “Ve.” Sele se acercó y le dio un beso rápido en la comisura de los labios.
“Yo saldré por la puerta trasera del jardín.
Mi moto está aparcada en la calle de atrás, la dejé allí para que no se viera en la entrada.” Elena la miró sorprendida.
“¿Pensaste en todo, eh?” “Siempre tengo un plan de escape, profesora.” Sele le guiñó un ojo, recuperando su chaqueta de cuero del respaldo de la silla.
“Te veo luego.” “¿Luego?” “Teníamos un trato, ¿recuerdas?
Pizza, películas, vino…
Lo que tú quieras.
Envíame un mensaje cuando te deshagas de tus compromisos.” Antes de que Elena pudiera protestar, Sele desapareció por la puerta de la cocina que daba al patio trasero.
La mayor suspiró, alisándose la bata de seda y componiendo su mejor cara de -esposa abandonada en su cumpleaños- antes de ir a abrir la puerta principal.
En cuanto giró el pomo, Alicia y Christina entraron como un torbellino.
“¡Lo sabía!” exclamó Alicia, escaneando a Elena de arriba abajo.
“Estás en bata a las dos de la tarde.
El nivel de depresión está en estado crítico.” “Hola a ti también, Alicia.” dijo Elena, rodando los ojos, aunque en el fondo agradecía la distracción de sus amigas estas también interrumpieron su tiempo con Sele.
“Nada de hola.
Vístete.” ordenó Christina, empujándola suavemente hacia las escaleras.
“No vamos a dejar que pases tus veintiséis años llorando por los rincones porque el idiota de tu marido está en Brasil.” “Chicas, de verdad, no tengo ganas…” intentó Elena, pero la mentira le supo mal en la lengua.
No es que no tuviera ganas; es que sus ganas acababan de salir por la puerta trasera.
“Sin excusas.
Vamos a ir de compras, luego al cine y quizás a cenar algo grasiento que te tape las arterias.” Alicia la fulminó con la mirada.
“Y no aceptamos un no por respuesta.” Elena se rindió, sabiendo que sus amigas soplo insistirían mas hasta que la convencieran de salir o terminarían quedándose con ella en la mansión, así que prefirió seguirles el juego y pasar un tiempo con ellas para luego escaparse con alguna escusa.
La Day subió a vestirse, sintiendo que su cuerpo todavía vibraba con el recuerdo de las manos de Sele.
Mientras se ponía unos vaqueros y una blusa sencilla, pensó en la ironía.
Que Alicia creía que la estaba salvando de la soledad, sin saber que Elena acababa de tener la mañana más acompañada de su vida.
*** La tarde pasó en un borrón de probadores, palomitas de maíz y risas.
Elena actuó su papel con perfección con felicidad: sonriendo cuando debía, quejándose de Alexander en los momentos adecuados y dejando que sus amigas la mimaran.
Cuando la dejaron de vuelta en su casa, ya anochecía.
“Gracias, chicas.
De verdad.” dijo Elena, bajándose del coche de Alicia.
“Han salvado mi cumpleaños.” “Ese es nuestro trabajo.” dijo Christina con una sonrisa cálida.
“Descansa, Day.” “Y piensa en lo de salir más.” añadió Alicia, guiñándole un ojo.
“Tu vida necesita un poco de picante.” Elena vio el coche alejarse y entró en su hogar en silenciosa.
Sobre la mesa del recibidor, un paquete envuelto en papel plateado y un ramo de rosas rojas descansaban como una ofrenda de paz.
El regalo de Alexander.
Que había llegado por mensajería esa mañana, pero ella ni siquiera lo había abierto.
Fue fácilmente ignorado de nuevo mientras la pelirrubia subía directamente al baño de su dormitorio.
Necesitando limpiar el cansancio del día y prepararse para…
bueno, para lo que fuera que Sele tuviera planeado cuando la llamara.
Cuando llenó la bañera, añadió sales de baño y se sumergió en el agua caliente cerrando los ojos, dejando que el vapor del agua la envolviera.
Pero antes de que se relajara el sonido de su teléfono móvil rompió su paz.
Suspirando Elena estiró el brazo mojado y miró la pantalla.
Alexander.
Negando dejo que sonara tres veces antes de contestar.
Sabía que si no lo hacía, él seguiría insistiendo y luego le echaría la culpa por preocuparlo.
“Hola.” contestó, con la voz más neutra que pudo encontrar.
“¿Amor?
¡Por fin!” La voz de Alexander sonaba irritada.
“¿Por qué no me atendiste en todo el día?
Llamé a tus padres, a tu hermana…
nadie sabía dónde estabas.” “No estaba en casa.” dijo Elena, cerrando los ojos y hundiéndose un poco más en la bañera.
“¿A dónde fuiste?” “Salí con Alicia y Chris.” “¿A dónde?” insistió él, con ese tono de interrogatorio que tanto odiaba.
“¡No importa, Alexander!” estalló ella, sintiendo que la relajación del baño se evaporaba.
“Fui al centro comercial.
Al cine.
¿Necesitas los recibos?” “¡Por supuesto!
Con ellas te vuelves imposible…” Alexander bufó al otro lado de la línea.
“Mira, ¿fue solo para eso que me atendiste?
Discúlpame, pero voy a cortar porque no voy a interrumpir mi tiempo de relajación solo porque tu…” “Amor, espera.” la interrumpió él, bajando el tono.
“Disculpa…
me sobrepase, lo siento… solo quería poder haberte felicitado más temprano, pero tú no atendiste.
Mandé a entregarte un regalo…
Espero que ya te haya llegado.” Elena miró hacia la puerta del baño, imaginando el paquete plateado en el piso de abajo.
Probablemente era una joya o algo igual de caro, frío y brillante.
“Gracias, Alexander.” dijo ella, y su voz salió tan fría que podría haber congelado el agua de la bañera.
“¿Eso es todo?” “Lo era, pero…
Elena, te noto extraña.” “Estoy cansada, Alexander.
Y estoy en mi bañera.
Sola.
En mi cumpleaños.
Así que si me disculpas…” “E…” Elena colgó sin esperar respuesta y apagó el teléfono, dejándolo en el suelo, lejos de su alcance.
Se quedó allí unos minutos más, sintiendo una extraña calma.
La pelirrubia salió del baño, se secó y se puso una ropa cómoda: unos shorts de algodón y una camiseta holgada.
Se metió en la cama, dispuesta a llamar a Sele, cuando el timbre de la puerta sonó.
Elena frunció el ceño.
Se levantó y bajó las escaleras.
Al abrir la puerta, el aire frío de la noche la golpeó, pero fue inmediatamente reemplazado por un calor humano que la envolvió.
Sele estaba allí.
Y antes de que Elena pudiera decir nada, la joven la levantó en brazos, separándola del suelo.
“¡FELIZ NOCHE DE CUMPLEAÑOS, DAY!” Sele la besó.
No fue un beso tímido de saludo.
Fue un beso de reencuentro, de posesión.
La lengua de Sele invadió su boca con una familiaridad que hizo que Elena temblaran en el aire.
Cuando finalmente la bajó, Elena estaba sin aliento y con una sonrisa tonta en la cara.
“Gracias.” murmuró, mirándola a los ojos.
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