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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 32

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32: Capítulo 32 32: Capítulo 32 Sele entró en la casa con esa confianza de quien ya se siente dueña del lugar.

Hasta que vio el paquete en la mesa del recibidor.

“Oh…

claro… He olvidado darte un regalo… comprado, Day.” dijo Sele, mirando con desdén el obsequio que supuso que Alexander dio.

Elena se acercó a ella, rodeándole el cuello con los brazos.

“No tenías por qué traer nada.” Se pegó a su cuerpo, sintiendo el cuero de la chaqueta de Sele contra su piel.

“¿Por qué mejor no subes y me das una gran noche como segunda parte de tu regalo?” Elena susurró la proposición contra sus labios, esperando que Sele la arrastrara escaleras arriba como había hecho tantas veces.

Pero Sele solo sonrió, una sonrisa misteriosa, y negó con la cabeza.

“Tengo una idea mejor.” “¿Qué es mejor que una buena cogida?” preguntó Elena, provocadora, rozando su pelvis contra la de Sele.

“Bueno, tú…” Sele cerró los ojos mordiéndose un poco el labio, disfrutando del contacto.

“Odio cuando haces eso…

Pero no.

Ahora vas a subir, ponerte una ropa preciosa y vamos a salir.” Elena se separó un poco, confundida.

“¿Salir?

¿A dónde?” “Te voy a llevar a la mejor discoteca que conozco.” “¿Discoteca?

¿Enloqueciste?” Elena rio.

“Sele, tengo veintiséis años, soy profesora.

No tengo cara de quien frecuenta antros nocturnos.

Y peor…

¿has pensado si algún alumno me ve contigo?

¿O algún amigo de mi esposo?” “Bla, bla, bla.” Sele le puso un dedo sobre los labios para callarla.

“Te preocupas demasiado.

¿Por qué no confías en mí?” “¿Confiar en ti?” “Sí.

Es hora de cambiar tu rutina, Elena.” Sele le tomó las manos, mirándola con una intensidad que no admitía réplicas.

“Necesitas dejar de vivir con miedo.

Necesitas dejar de permitir que ese idiota de tu esposo controle tu vida incluso cuando está a miles de kilómetros.” La verdad de esas palabras golpeó a Elena.

“Mierda, Eleonor.

Tienes razón.” Elena suspiró, derrotada, pero sonriendo.

“Te odio.” “Me amas… Ahora ve a vestirte.” Sele le dio una palmada suave en el trasero.

“Y ponte algo sexy…

Aunque sé que cualquier cosa te queda bien.” “No tengo ni idea de qué se usa en una discoteca…” murmuró la pelirrubia mientras subía las escaleras.

“Lo que te haga sentir cómoda.

Y peligrosa.” Veinte minutos después, Elena estaba frente al espejo de su habitación.

Había elegido un vestido gris perla, casi blanco, de una tela elástica que se adhería a su cuerpo como una segunda piel.

Tenía la espalda descubierta y las mangas llegaban hasta los codos, un equilibrio perfecto entre elegancia y provocación.

Se maquilló un poco más de lo habitual, resaltando sus ojos azules y pintándose los labios de un tono azul nude brillante.

“¿Qué te parece?” preguntó, viendo a Sele aparecer en el reflejo del espejo.

La joven se quedó parada en la puerta, con la boca ligeramente abierta.

Sele llevaba unos pantalones negros rasgados, unas zapatillas Jordan y una camiseta de tirantes a rayas bajo su ya característica chaqueta de cuero.

“Yo estaba aquí pensando…” dijo Sele, acercándose por detrás y rodeando la cintura de Elena con sus brazos, apoyando la barbilla en su hombro.

“¿Cuándo me dejarás comerme ese culo maravilloso?” “¡Eleonor!” Elena se puso roja como un tomate, dándole un codazo.

“¿Qué?

Es una pregunta válida.” Sele rio, besando su hombro desnudo.

“Estás espectacular, Day… Vamos.

Nos están esperando.” “¿Esperando?” Elena se giró.

“¿Quiénes?” “Ah…

es una sorpresa.

Vamos.” Ambas salieron de la casa y Elena se sorprendió al ver un auto aparcado frente a su entrada que no era el de Sele.

Dicho auto era un sedán antiguo, con la pintura un poco desgastada donde dos figuras esperaban.

“Tú no me dijiste que habría más gente.” susurró Elena, deteniéndose en seco y agarrando el brazo de Sele con fuerza.

“Relájate, Day.

Son mis amigos y son de total confianza.” “Sele, no abras ido por ahí presumiendo… ¿o sí?” “Tuve que darles una explicación, Elena.

Siempre desaparezco después de los ensayos para estar contigo… Tuve que decirles la verdad.” Sele la miró con súplica.

“Confía en mí… Eugene y Isaac son como mis hermanos.” Elena tragó saliva, nerviosa, pero asintió siguiendo de cerca a Sele.

Los dos chicos salieron del vehículo.

Uno era alto, delgado, con el cabello rizado y una sonrisa amable.

El otro tenía cara de travieso y una mirada que escaneó a Elena de una forma que la hizo sentir desnuda por un segundo.

“Day, este es Eugene, el baterista de nuestra banda.” presentó Sele.

“Un placer, soy Elena.” dijo ella, estrechando la mano de Eugene.

“¿Entonces eres la famosa Elena?” preguntó el otro chico, Isaac, con una sonrisa ladeada.

“Finalmente te conozco.

Sele habla mucho de ti y, Dios, ya veo por qué.” Isaac la miró con descaro.

“Ah, ¿sí?” Elena cruzó los brazos, recuperando su postura de profesora.

“Cosas buenas, espero.” “Así es…” murmuró Isaac, embobado.

“Creo que es mejor irnos, se está haciendo tarde” interrumpió Sele, fulminando a Isaac con la mirada.

Estaba claramente celosa.

“A propósito, Day, este es Isaac, nuestro molesto bajista.” Se subieron al coche.

Eugene conducía, Isaac iba de copiloto y ellas se sentaron atrás.

Mientras el coche avanzaba hacia el centro de la ciudad, dejando atrás la seguridad del barrio residencial, Elena sentía el corazón latirle con fuerza.

Estaba en un coche viejo con tres adolescentes… bueno, jóvenes adultos, yendo a una discoteca, vestida para matar, mientras su esposo pensaba que estaba durmiendo.

Eugene conducía hacia una zona de Miami que Elena no frecuentaba.

Calles con grafitis, luces de neón y gente caminando en grupos ruidosos.

“¿Está todo bien?” preguntó Sele en voz baja, notando la tensión de Elena, que miraba por la ventanilla apretando su bolso.

“Estoy nerviosa.” admitió la rubia.

“¿Un beso te dejaría más calmada?” susurró Sele, apartando un mechón de cabello del rostro de Elena.

“Podrías intentarlo…” Sele se inclinó y la besó.

Fue un beso suave al principio, pero rápidamente se volvió profundo.

Elena se aferró al rostro de Sele, olvidando dónde estaba, olvidando a los dos chicos en los asientos delanteros.

La lengua de Sele exploraba su boca y Elena se dejó llevar, buscando ese refugio que solo encontraba en ella.

Tres golpes secos en el cristal de la ventanilla las hicieron saltar.

“¿Van a follar o van a bajar?” preguntó Isaac desde fuera, riéndose.

Sele se separó, con las mejillas sonrojadas, y le lanzó una mirada asesina a su amigo.

“Nunca tomes en cuenta a Isaac.” le dijo a Elena, dándole un último beso rápido en la mejilla.

“Es un idiota.” Elena sonrió, sintiéndose extrañamente ligera.

“Lo tendré en cuenta.” Bajaron del coche.

La música de la discoteca ya se escuchaba desde la calle, un bajo profundo que hacía vibrar el suelo.

Elena miró el letrero de neón sobre la entrada, luego miró a Sele y tomó la mano de su alumna, entrelazando sus dedos.

“Feliz cumpleaños, Elena.” dijo Sele.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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