Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 33
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33: Capítulo 33 33: Capítulo 33 El grupo de cuatro cruzo las puertas de The Gear fue como entrar en el interior de un corazón que latía demasiado rápido.
El bajo de la música no se escuchaba, se sentía; una vibración física que golpeaba el cuerpo y hacía temblar el suelo bajo sus pies.
El aire era pesado, una mezcla densa de hielo seco, perfume caro, sudor y alcohol que, extrañamente, a Elena le pareció extrañamente bien.
Eugene e Isaac se adelantaron, abriéndose paso entre la multitud como si fueran dueños del lugar.
Sele mantuvo la mano de Elena firmemente entrelazada con la suya, tirando de ella para que no se pierda entre las personas.
“¡Bienvenida a mi oficina de los fines de semana!” gritó Sele para hacerse oír sobre la música electrónica que resonaba en las paredes.
Elena miró a su alrededor, con los ojos muy abiertos.
Luces láser verdes y violetas cortaban la oscuridad, iluminando cuerpos que bailaban, saltaban y se retorcían al ritmo de la música.
No era una cena de gala de la empresa y no había copas de cristal fino ni conversaciones educadas sobre el mercado de valores.
Ambas llegaron a la barra principal, una isla larga iluminada desde abajo con luces LED rojas.
“¡Cinco tequilas!” pidió Eugene al barman, levantando la mano con los cinco dedos extendidos.
Elena vio cómo el barman alineaba los vasos de chupito con cuidado y vertía el líquido dorado.
“Sele, no sé si es una buena idea…” comenzó Elena, acercándose al oído de la joven.
Sele se giró, con esa sonrisa depredadora que Elena empezaba a asociar con los problemas, de los buenos, pero problemas, al fin y al cabo.
“Eh, vinimos aquí para divertirnos y olvidar los problemas, ¿recuerdas?” Sele le pasó un gajo de limón y un salero.
“Hoy no eres la profesora Day.
Hoy eres Elena.
Y es tu cumpleaños.” “¿Y eso implica coma etílico?” bromeó Elena, aunque tomó el limón.
“Implica dejar de pensar.” dijo Sele, chocando su hombro con el de ella.
“¿O acaso no aguantas el ritmo?” Ese fue el detonante.
El desafío en los ojos de Sele, y la mirada divertida de Isaac al otro lado acercándose con Eugene, encendieron algo competitivo en Elena.
“En realidad…” Elena dejó su bolso sobre la barra y miró los cinco vasos.
“No me dijiste eso… Pero ahora te lo digo yo a ti.” Elena agarró el primer vaso.
“¡Salud!” gritó Eugene.
Bebieron.
Con Sele tomando dos vasos al mismo tiempo.
El tequila bajó quemando, una estela de fuego líquido que calentó el estómago de Elena al instante.
Provocando que la Day hiciera una mueca, pero cuando levantó la vista y vio a Sele mirándola con diversión, supo que valía la pena.
“¡Otra ronda!” gritó Elena, sorprendiendo a todos, incluso a ella misma.
“¡Esa es la actitud!” celebró Isaac, golpeando la barra con ambas manos.
Para cuando llegaron al quinto chupito, el mundo de Elena había perdido sus bordes afilados.
La música ya no era ruido, era un ritmo que movía sus caderas sin que ella pensara.
Alexander, la casa vacía, los exámenes…
todo eso parecía pertenecer a otra vida.
“¡No puedo creer que ya estén borrachos!” Una voz femenina gritó detrás de ellos.
Elena se giró tambaleándose un poco, siendo sostenida rápidamente por el brazo fuerte de Sele.
Una chica espectacular se les acercó.
Tenía la piel oscura, el cabello rizado y voluminoso, y llevaba un top brillante que parecía estar hecho de plumas.
“(¿No… no le hace calor con eso?…
¿o mínimo no le resulta algo incomodo?)” la pelirrubia no pudo evitar pensar mientras rápidamente entrecerraba sus ojos viendo la cercanía entre la nueva chica y su pelinegra.
“¡Div!” Sele la abrazó con fuerza.
“¿Lista para el show?” “¡Más que lista!
Supe que venían y no podía faltar.” dijo la chica, separándose y mirando a Elena con curiosidad descarada.
“Opa…
¿y quién es esta belleza que acompaña a la bestia?” Sele rio y pasó un brazo por la cintura de Elena, atrayéndola hacia sí con posesividad.
“Ella es Elena.
Day, ella es Madison, nuestra DJ prodigio y mi mejor amiga del mundo mundial.
Aunque la llamamos Div.” “Un placer, Div.” dijo Elena, extendiendo la mano ya más tranquila por la demostración de posesividad de Sele, aunque Madison la ignoró y le dio dos besos sonoros en las mejillas.
“El placer es mío, cariño.
Sele nunca trae a nadie aquí.
Debes ser especial.” Madison le guiñó un ojo.
“Bueno, tengo que subir a la cabina pues empiezo en diez minutos.
No se atrevan a irse antes de mi set… ¡Voy a hacer que este lugar explote!” La chica desapareció entre la multitud como una aparición brillante.
“Es intensa.” comentó Elena, riendo.
“Es la mejor.” confirmó Sele.
“¿Vamos a bailar?” Elena no respondió con palabras.
Agarró la mano de Sele y tiró de ella hacia la pista de baile.
El centro de la pista era un organismo vivo.
Cuerpos sudorosos chocaban y se separaban al ritmo de un beat pesado.
Elena, impulsada por el alcohol y la adrenalina, se dejó llevar empezando a mover sus caderas, cerrando los ojos, sintiendo la música recorrer su columna vertebral.
Sonriendo de oreja a oreja cuando sintió que Sele se pegaba a su espalda.
El cuerpo de la joven estaba caliente, sólido.
Sele encajó su pelvis contra el trasero de Elena, y la fricción a través de la tela del vestido fue eléctrica.
Elena echó la cabeza hacia atrás, apoyándola en el hombro de Sele.
“Necesito tus besos…” murmuró Elena, con la voz arrastrada, girando la cabeza para buscar la boca de su amante.
Sele no se hizo de rogar.
La besó allí mismo, en medio de cientos de personas, con una urgencia que no entendía de pudor.
Fue un beso profundo, húmedo, con sabor a tequila donde las manos de la pelinegra bajaron por la cintura de la pelirrubia, acariciando sus caderas, subiendo peligrosamente la falda del vestido gris.
“Tú me estás provocando…” susurró Sele en su oído, mordiendo el lóbulo de la oreja.
“Te estás frotando contra mí como si quisieras que te follara aquí mismo.” “Tal vez quiero…” respondió Elena, desafiante, moviendo el trasero contra la erección que ya sentía dura contra ella.
“Tal vez quiero que me folles enfrente de todos estos desconocidos mientras todas estas luces nos enfoquen solo a nosotras” Sele gruñó.
“Ten cuidado, Day…
O no voy a responder de mí.” “No quiero que respondas…
Quiero que actúes.” La audacia de Elena, alimentada por el alcohol, era embriagadora.
Sele la miró a los ojos, con esas pupilas negras dilatadas por el deseo y las luces estroboscópicas.
“Vamos arriba.” dijo Sele, tomándola de la mano.
“Al segundo piso.” “¿Qué hay arriba?” preguntó Elena, dejándose arrastrar.
“Oscuridad.
Y menos testigos.”
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