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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 34

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34: Capítulo 34 34: Capítulo 34 Subieron las escaleras metálicas hacia la zona VIP pasando por una terraza superior que dejaba ver la pista de baile desde arriba con más detalle.

El ambiente allí era diferente: más denso, más cargado.

La música seguía sonando, pero las luces eran más tenues, neones rojos y azules que creaban sombras profundas en los rincones.

Desde la cabina elevada, Madison acababa de empezar su lista de canciones.

Cambiando el ritmo, volviéndose más movido y rítmico, mientras la gente gritaba contenta levantaban las manos reconociendo a la DJ.

Sele llevó a Elena hacia una esquina, lejos de la barandilla donde la gente miraba y la acorraló contra una pared forrada de terciopelo oscuro.

“Estás preciosa esta noche, Elena” dijo Sele, pasando los dedos por el escote del vestido jugueteando con él un rato.

“Pero esto te sobra… después de todo no necesitas vestir estas cosas para llamar mi atención.” Sin esperar respuesta, la Eleonor metió la mano bajo el vestido de la Day.

Con sus dedos cálidos rozando la piel sensible de la cara interna de los muslos de la mayor.

Elena jadeó, abriendo las piernas por instinto.

“Sele…” gimió Elena, mirando a su alrededor.

Había gente cerca, bailando, besándose, pero nadie les prestaba atención.

“(es casi como si estuvieran acostumbrados a este tipo de situaciones.)” pensó, pero la sensación de peligro, de ser descubiertas, disparó su excitación a niveles estratosféricos.

“¿Estás mojada?” preguntó Sele, deslizando la mano sobre la ropa interior de Elena.

“¿Estas mojada por la idea de que te miren mientras te desases entre mis dedos como la buena chica que eres?” “Dios, Sele…” Elena dejó caer la cabeza contra la pared.

“Sí…

Estoy empapada.” Admitió entre suspiros avergonzada, pero sin apartar la mirada como seguramente hubiera hecho meses antes.

“(Realmente cambio.)” pensó Sele imaginando a una Elena mirando hacia otro lado avergonzada y sonrojada completamente para luego ver con detalle a la Elena que tenía enfrente viéndola visiblemente avergonzada, pero manteniéndose firme manteniendo su mirada un poco sonrojada.

“Vamos a ver…” Sonriendo la pelinegra apartó la tela de las bragas que la pelirrubia usaba hacia un lado.

Tocando la humedad caliente de Elena, quien soltó un suspiro tembloroso.

“Mierda, Elena.

Estás goteando por mí.” “Por ti…

desde que te conocí siempre es por y para ti.” admitió Elena, agarrándose a los hombros de la chaqueta de cuero de Sele para no caerse.

“Parece como si tu cuerpo me suplicara por atención.” Ronroneo la Eleonor respirando sobre el cuello de la Day.

“Lo hace.” Concordó en un instante.

“Por… por favor.” Sele no perdió tiempo e introdujo dos dedos de golpe en Elena, quien tuvo que morderse el puño para no gritar y arriesgarse a llamar la atención a alguien que realmente le importara lo que estuvieran haciendo o que molestaran el tiempo de los que no y a ellos les disgustara lo suficiente como para interrumpir su precioso momento.

El placer fue agudo, inmediato.

La pelinegra movía los dedos con un ritmo experto, imitando adrede el compás de la música que retumbaba en el local.

Dentro y fuera.

Rápido y profundo.

“Abre más las piernas.” ordenó Sele al oído de Elena, su voz ronca compitiendo con los bajos de la canción.

“levanta un poco tu lindo trasero apoyándote un poco más arriba en la pared.” Elena obedeció, separando los pies y ajustando su postura un poco más arriba, exponiéndose totalmente a la mano de su alumna.

Sele masajeaba su clítoris con el pulgar mientras sus dedos la penetraban con fuerza.

Era una sensación abrumadora: el ruido, la oscuridad, las luces, el alcohol, y las manos de Sele poseyéndola en público, aunque nadie pareciera verlas específicamente a ellas.

Elena sentía que se deshacía.

Su mente racional, la profesora de biología, la esposa perfecta, se había desvanecido de nuevo.

Solo quedando un cuerpo vibrante que necesitaba llegar al final.

“Sele…

voy… voy a…” Elena empezó a jadear, moviendo las caderas frenéticamente contra la mano de Sele.

“Mmm.” “Córrete, Day… Córrete para mí.

Que todo el mundo se joda… Solo somos tú y yo.” Sele aumentó el ritmo sujetándola con la otra mano mientras se mordía el labio sintiendo su propia excitación provocarle un leve y placentero dolor en su miembro.

“(Joder… siento como si pudiera correrme solo por tocarla, verla y escucharla gemir.)” Elena cerró los ojos y se dejó ir sintiendo como el orgasmo la golpeó con la fuerza de un tsunami, sacudiendo todo su cuerpo de abajo hacia arriba.

La pelirrubia se aferró a Sele, clavándole las uñas, mientras tenía espasmos de placer y gemía el nombre de Sele, pero el sonido se perdió en la explosión de la música cuando Madison soltó el drop de la canción.

Sele la sostuvo mientras temblaba, sin dejar de acariciarla hasta que el último estremecimiento pasó.

Elena abrió los ojos, mareada, feliz.

Luego, Vio a Sele sacar la mano lentamente para luego de unos momentos llevarse los dedos manchados y brillantes a la boca y chuparlos, saboreándola con una mirada de satisfacción absoluta.

“¿Sabe a mi cumpleaños?” pregunto Elena en broma, con la voz rota, intentando recuperar la compostura y alisándose el vestido.

“(tengo que conseguir un vestido que me permitan hacer más cosas con más libertad.)” pensó como una ocurrencia tardía para después.

Sele se rio y se limpió la mano en sus vaqueros, acercándose para besarla.

Fue un beso tierno, de cierre, de “te tengo”.

“Feliz cumpleaños, hermosa.” susurró Sele contra sus labios.

“Ahora, creo que deberíamos irnos antes de que decida follarte de verdad en este balcón y terminemos arrestadas.” Elena soltó una carcajada, sintiéndose más ligera que nunca.

“Llévame a casa, Sele.” “A tus órdenes profesora.” Luego de unos minutos, donde ambas se arreglaron lo mejor que podían, bajaron las escaleras abrazadas, cruzando la pista de baile una última vez.

Y salieron a la calle, donde el aire fresco de la madrugada las recibió.

Elena se sentía agotada, le dolían los pies, estaba un poco borracha, despeinada y satisfecha.

“(La cabeza va a matarme mañana.)” se dijo entre pensamientos la pelirrubia mientras caminaban hacia el coche donde Eugene las esperaba, Elena Eis supo que nunca, se había sentido tan viva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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