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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 38

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38: Capítulo 38 38: Capítulo 38 “Completamente dura.” La confesión fue directa, sin filtros.

Provocando que Elena sintiera una punzada violenta en su bajo vientre mientras su cuerpo reaccionó a su palabra como si fuera una orden física.

“¿Por mí?” preguntó Elena, necesitando escucharlo, quería saber a qué nivel llegaba su excitación mutua.

“Solo me pongo así por ti, Day…” susurró Sele.

Se oyó el sonido de sábanas moviéndose al otro lado de la línea.

“Me duele.” “Es un desperdicio…” se quejó Elena, cerrando los ojos y dejando caer la cabeza hacia atrás.

“Quiero que te vengas en mí.

Quiero verte llegar al clímax mientras piensas en mí.” “Quiero que te toques.” ordenó Sele.

Su voz ya no era juguetona; era dominante, la voz de quien sabe exactamente qué botones presionar.

“Quiero que te toques pensando en mí también…

Ahora.” Elena sintió un temblor recorrerle las extremidades.

La orden de Sele anuló cualquier resistencia que pudiera tener o siquiera lograra formarse del todo.

“Sele…” susurró la pelirrubia, llevando una mano bajo el elástico de su pantalón de pijama.

“¿Realmente estamos por hacer esto?” pregunto comenzando a excitarse.

“Toca tus pechos como se merecen ser tocados.” continuó Sele ignorándola con naturalidad y guiándola con cuidado.

“Como yo lo hago…

Apriétalos para luego juntarlos.” Elena obedeció.

Su mano libre subió hasta su pecho, pellizcando su propio pezón a través de lo que llevaba puesto mientras un gemido se le escapó, audible y claro que lleno su dormitorio.

“Eso…

así, Day…” La respiración de Sele se aceleró claramente imaginándola en su mente tomando lo que escuchaba.

“Imagina que soy yo.

Imagina mi boca ahí entre tus dos amigas adorándolas como siempre debieron ser adoradas.”  “Sele…

yo quiero estar allí contigo…

o que tu estes aquí conmigo.” gimió Elena.

“¿Sabes lo que haría?

Te chuparía la polla.

Imagina mi lengua…

deslizándose hacia arriba y hacia abajo, chupando toda esa alegría que tú me das.” Dijo ahora queriendo tomar algo de control para poder devolverle el favor.

Al otro lado de la línea, Sele gruñó.

El sonido fue gutural, casi animal.

Que Elena pudo escuchar, pero fue ignorado a favor de escuchar con más detalles el ritmo húmedo y constante de la mano de la pelinegra trabajando sobre sí misma, un sonido que actuó como gasolina para su propio fuego.

“Vente para mí, Sele.” pidió Elena, deslizando su mano hacia abajo, buscando su propia humedad.

Estaba empapada.

“Vente en mi boca.” Dijo ayudando a crear una imagen en la mente de la nombrada.

“Mete un dedo en tu vagina, Elena.” ordenó Sele con la voz rota.

“Sé que tu coño está implorando por mí…

Imagina que es mi polla…

Imagina que te estoy follando duro, tal como te gusta llegando a todos los lugares donde más te gusta.” Elena introdujo un dedo, luego dos.

Jadeó el nombre de Sele al sentir el vacío llenarse, aunque fuera mínimamente.

“Sele…” gimió, aumentando el ritmo.

“S-sí…

mhas.” “¿Estás disfrutando, Day?” provocó Sele.

“Eres deliciosa.

Me estoy imaginando deslizándome en ti, golpeando tu fondo con cada embestida.

¿Puedes sentirlo?” “Sí…

tu pene es tan bueno…

tan grande…

y g-grueso…” Elena deliraba, moviendo las caderas contra el colchón, perdida en la fantasía que la voz de Sele tejía para ella.

“¡Tú no eres más que una muñeca, Elena!” gruñó Sele.

“Mi muñeca hermosa y preciosa.” El insulto sucio, dicho con esa voz cargada de deseo, fue el detonante.

Elena sintió que el mundo se estrechaba hasta convertirse en un solo punto de placer.

Aumentó la velocidad de sus dedos, presionando su clítoris con el pulgar, escuchando los gemidos de Sele al otro lado, sincronizándose con ellos a través de la distancia.

Una ola de calor la recorrió.

“¡Sele!” gritó Elena, arqueando la espalda, y el orgasmo la atravesó, sacudiéndola con espasmos violentos que la dejaron sin aire.

Al mismo tiempo, escuchó el grito ahogado de Sele al teléfono, seguido de una respiración entrecortada y pesada.

Ambas se habían venido juntas, separadas por kilómetros de asfalto, pero unidas por un cable invisible de lujuria.

Durante un largo minuto, solo se escucharon las respiraciones agitadas de ambas tratando de recuperar el ritmo cardíaco.

“¿Day…?” llamó Sele finalmente, con la voz débil recuperándose poco a poco.

“Um…” gimió Elena, incapaz de formular frases completas.

Estaba derretida en las sábanas.

“Eres maravillosa.” Prácticamente se podía escuchar la sonrisa en la voz de Sele.

“¿Qué opinas, mi muñeca?” “Fue…

una delicia… Maravilloso, Sele.” Elena suspiró, sintiendo el sudor enfriarse en su piel.

“Eres tan buena…

Cielos, incluso suenas espectacularmente atractiva hasta por el teléfono.” “No tienes idea de lo mucho que te quiero de nuevo.” dijo Sele, recuperando un poco de su tono habitual.

“Solo que esta vez…

muy profundo dentro de tu coño, Sele…

Quiero estar allí físicamente para tenerte entre mis brazos.” “¡No me provoques!” rio Elena entre dientes queriendo apartar el cabello de su rostro, pero deteniéndose al darse cuenta que su mano estaba un poco manchada e indispuesta.

“Me encantaría que estuvieras aquí mientras te recuestas sobre mis… amigas.” “Me encantaría eso.” “¿Vendrías si te lo pido?” preguntó Elena, con un hilo de esperanza.

“Tú sabes que sí…” “¿Vienes aquí mañana?” interrumpió la rubia rápidamente queriendo aprovechar su rara ventaja.

“Yo…

Mañana no puedo…” Sele suspiró, frustrada.

“Tengo ensayo y luego un turno en el estudio.

Pero no sé por qué no puedo negarte nada, Elena.” “Debe ser porque quieres tanto esto como yo…” Sele se quedó en silencio un momento, sopesando sus opciones.

“¡Iré!” decidió finalmente después de pensar un poco entre sus opciones comparándolas entre sí.

“Simplemente no puedo decir la hora exacta, pero voy a ir.” Elena sonrió en la oscuridad de su habitación.

Esa era la respuesta que quería.

“Grandioso.” “¿Estás segura de que el señor cuernudo no va a estar en casa mañana?” “Segura.” confirmó Elena, sin sentir ni una pizca de remordimiento por el apodo.

“Llegará tarde.

Como siempre.” “Ok.

Nos vemos mañana, Day.

Descansa.” “Hasta mañana, profesora.” Elena colgó el teléfono con un bufido y lo apretó contra su pecho.

La soledad de la casa ya no parecía tan aplastante.

Gracias a tener una promesa.

Mañana, Sele volvería.

Y mañana, la voz dejaría paso a la piel.

Seguido rápidamente por el placer si la pelirrubia se salía con la suya.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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