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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 4

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4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 La segunda ronda llegó con una presentación inesperada.

No era otro vaso de whisky ámbar y serio, sino un vaso bajo, rebosante de hielo picado y limas maceradas, con un sorbete negro asomando de forma invitante.

Elena miró el trago con curiosidad, arqueando una ceja hacia Sele.

“¿Qué es esto?” preguntó, su voz ya un poco más relajada.

“Caipiriña” respondió Sele, pronunciando la palabra con un acento musical, casi exótico.

“Es brasileña, limón, azúcar, mucho hielo, etc.

La que sirven aquí es dulce, peligrosa y pega fuerte si no tienes cuidado.” Sele sonrió, y sus ojos brillaron con una malicia juguetona.

“Se me ocurrió que te vendría bien algo menos… pesado que el whisky pero que no perdiera contra él.” Elena dudó un segundo, pero tomó el vaso.

El frío del cristal le entumeció las yemas de los dedos y cuando dio un sorbo cauteloso.

La explosión de sabor fue inmediata: la acidez vibrante de la lima chocando contra el dulzor del azúcar, todo envuelto en el calor alcohólico.

Era refrescante, casi inocente, pero dejaba un regusto potente en la garganta.

“Dios mío…” murmuró Elena, abriendo los ojos con sorpresa.

“Esto es…” “¿Maravilloso?” completó Sele, apoyando el codo en la barra y descansando la mejilla en su mano, observando cada reacción de la mujer mayor con atención.

“Te dije, es la mezcla perfecta… tanto caos como orden.” “Es deliciosa” admitió Elena, y sin darse cuenta, dio otro sorbo, más largo esta vez.

El alcohol empezaba a tejer una neblina cálida en su cerebro, difuminando los bordes afilados de su realidad: Alexander, la casa vacía, los exámenes por corregir.

Todo eso parecía estar a kilómetros de distancia.

Lo único nítido ahora eran esos ojos negros frente a ella.

Elena dejó el vaso sobre el posavasos y se giró hacia su alumna, sintiendo una repentina oleada de valentía.

“Yo solo hablé y hablé…” dijo Elena, haciendo un gesto vago con la mano.

“Me he quejado de mi vida como una telenovela barata y tú no me has contado nada… ¿Qué hace una chica como tú, un jueves por la noche, en un lugar como este?…

Y no me digas que, estudiando para mi examen de la próxima semana, porque ambas sabemos que sería mentira.” Sele soltó una carcajada ronca, echando la cabeza hacia atrás.

La línea de su cuello, pálida y expuesta, capturó la atención de Elena por un segundo más de lo debido.

“Me has pillado, profesora… La biología no es exactamente mi prioridad esta noche… al menos no en el sentido en que me habla.” dijo Sele murmurando la última parte, recuperando la compostura, aunque la sonrisa de lado permanecía.

“Mi banda me trae aquí.

Tocamos los jueves y sábados, dinero fácil y… bueno, la barra es libre para los músicos así que…” “¿Tu banda?” Elena parpadeó, sorprendida intentando imaginar a Sele en un contexto diferente al del aula, y la imagen encajó con una facilidad pasmosa.

Claro que tenía una banda.

“¿cantas?” “Toco la guitarra y canto, sí” confirmó Sele.

Sus dedos tamborilearon rítmicamente sobre la madera de la barra, como si estuviera tocando acordes invisibles.

“claro nada muy comercial.

Rock alternativo, un poco de grunge sucio…

Hacemos mucho ruido, básicamente.” La mirada de Sele se intensificó, volviéndose más penetrante, como si estuviera evaluando si Elena sería capaz de soportar ese… ruido.

“Deberías venir a vernos tocar en vivo” sugirió Sele, bajando el tono de voz hasta convertirlo en un susurro conspirador.

“Tocamos a las diez.

Justo cuando el ambiente se pone interesante.

Podrías ver una presentación de mi banda… Pussy.” Elena estaba dando otro trago cuando escuchó la última palabra.

El líquido se fue por el camino equivocado.

Se atragantó, tosiendo violentamente mientras se cubría la boca con la mano, el rostro encendiéndose en un tono rojo furioso que rivalizaba con las luces de neón del lugar.

“¿C-Cómo?” logró articular entre toses, con los ojos llorosos.

“¿Pussy?

¿Ese… ese es el nombre de tu banda?” Sele la observó con una serenidad absoluta, asintiendo con gravedad, aunque sus labios temblaban en un esfuerzo titánico por contener la risa.

“Sí.

Corto, directo, fácil de recordar.

¿No te gusta?” preguntó con inocencia fingida.

Elena buscó aire, tratando de recuperar la dignidad.

La palabra resonaba en su cabeza, vulgar y obscena, especialmente recordando que venía de una alumna.

“Es… es…” Elena no encontraba que decir… ¿Inapropiado?

¿Audaz?

¿Ridículo?

“¡Es horrible, Sara!

¡Por Dios!” Sele la observó unos momentos hasta que no pudo aguantar más y estalló en carcajadas.

Se rio con ganas, golpeando suavemente la barra con la palma de la mano.

“¡Tu cara!” exclamó, limpiándose una lágrima de risa.

“¡Deberías haberte visto, Elena!

Parecía que habías visto un fantasma… o algo peor.” Elena frunció el ceño, sintiéndose expuesta, pero la risa de Sele era tan contagiosa que le resultaba difícil mantenerse enfadada.

“La gente normalmente se ríe o se escandaliza, pero tu reacción fue de oro” continuó Sele, recuperando el aliento.

“Fue solo una broma.

Tranquila…

El nombre de verdad es The Heaven Fall.” “The Heaven Fall…” repitió Elena, probando el nombre.

Sonaba dramático, intenso.

Le pegaba mucho más.

“Eso es… mejor.

Definitivamente mejor que el anterior.” “Menos impactante, tal vez” concedió Sele, guiñándole un ojo.

“Pero sí, supongo que es más apto para todo público.” Elena negó con la cabeza, sonriendo a pesar de sí misma jugueteando con el borde de su vaso.

“Ustedes son tan jóvenes…” murmuró Elena, con un deje de melancolía repentina en la voz.

“Toda esa energía, las bandas, las bromas estúpidas… Creo que ya estoy muy vieja para eso.

Me siento… fuera de lugar.” Sele dejó de sonreír de golpe.

Su expresión se tornó seria, casi ofendida cuando se giró completamente en el taburete, invadiendo el espacio personal de Elena de una manera que hizo que el corazón de la profesora se saltara un latido.

“¿Vieja?” repitió Sele, con incredulidad.

“Retira lo que has dicho ahora mismo.” “Es la verdad, Sale… Tengo veinticinco años, estoy casada, tengo una hipoteca y paso mis noches corrigiendo exámenes sobre la mitosis celular… Comparada contigo, parezco una anciana.” “No eres vieja, Elena” dijo Sele con firmeza, y su voz bajó de nuevo a ese tono ronco que hacía vibrar algo en el vientre de la mencionada.

“Eres una mujer.

Una mujer hecha y derecha.

Y créeme… yo andaría encantada con una mujer tan sexy como tú a mi lado.” El aire entre ellas cambió.

Se volvió denso, eléctrico.

Ya no era una conversación casual entre profesora y alumna, ni siquiera entre dos conocidas en un bar.

Era una declaración de intenciones.

Sele le lanzó una mirada que no dejaba lugar a dudas, acompañada de una sonrisa maliciosa que prometía problemas.

Y entonces, sucedió.

Elena sintió un toque.

Sutil, casi imperceptible al principio.

La mano de Sele se había deslizado bajo la barra y ahora descansaba sobre su muslo desnudo, justo donde el vestido se subía al sentarse.

El contacto de la palma contra su piel fue como una descarga.

Elena se tensó, sus músculos contrayéndose instintivamente.

Debería haberla apartado.

Debería haberle dicho que quitara la mano…

Pero no lo hizo.

La mano de Sele estaba caliente, sus dedos largos y fuertes acariciaron suavemente la piel cremosa, subiendo apenas unos centímetros, de forma discreta pero posesiva.

“S-Sara…” tartamudeó Elena, casi dejando caer su bebida sintiendo como si su cuerpo se volviera líquido y la hubiera traicionando por completo.

Al mirar a la responsable a los ojos, la mayor solo consiguió ver un deseo crudo, sin filtrar.

Y junto al deseo, llego el miedo.

El miedo se apoderó de Elena.

Sele era atractiva, jodidamente atractiva, con esa mezcla de masculinidad y feminidad que la confundía y la excitaba a partes iguales.

¡Pero era su alumna!

Y ella… ella era una mujer casada que estaba permitiendo que una adolescente le tocara la pierna en un bar de mala muerte.

“Esto… esto no está bien” susurró Elena, aunque no se apartó.

“¿Qué parte no está bien?” preguntó Sele, inclinándose más cerca, tanto que Elena podía oler su aliento.

“¿Que te diga que eres hermosa?

¿O que te haga sentir algo que tu marido olvidó cómo hacer hace años?” La verdad de esas palabras golpeó a Elena más fuerte que el alcohol.

Era surrealista.

No pensaba que fuera el tipo de mujer que pudiera atraer a alguien como Sele.

Siempre se había visto a sí misma como bonita pero aburrida.

Y, sin embargo, allí estaba esa chica, mirándola como si fuera la octava maravilla del mundo.

El pánico y la excitación libraban una guerra en su interior… y por como pintaban las cosas la mayor necesitaba salir de allí antes de cometer una locura.

Antes de cruzar la línea final.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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