Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 41
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41: Capítulo 41 41: Capítulo 41 *** El zumbido de la máquina de tatuar era el único sonido que competía con la lista de reproducción de rock alternativo que sonaba en los altavoces del estudio.
Sele estaba concentrada, terminando de sombrear un diseño tribal en el gemelo de un cliente, cuando su nuevo iPhone, descansando sobre la mesa auxiliar, vibró por tercera vez.
Karen, que estaba organizando unos bocetos en el mostrador, lanzó una mirada mordaz al aparato y luego a su amiga.
“Ese teléfono va a explotar.” comentó Karen con sarcasmo.
“¿O debería decir que ella va a explotar?” Sele levantó la vista un segundo, limpiando el exceso de tinta de la piel del cliente.
“Solo está…
impaciente.” Intento defender a su… no pareja.
“(Y yo también…
talvez incluso más que ella.)” pensó algo incomoda.
“Impaciente es poco.
Es posesiva.” corrigió Karen, cruzándose de brazos.
“Te lo dije, Sele.
Ese iPhone…
los regalos…
es el comienzo.
Primero te da cosas, luego cree que eres de su propiedad.
Te tiene gobernada.” “No digas tonterías, Karen.
Elena no es así” defendió la pelinegra, aunque una pequeña duda se alojó en su pecho.
El teléfono volvió a vibrar.
Sele suspiró y se disculpó con el cliente para echar un vistazo rápido a la pantalla.
Elena (16:13): Bebé…
te extraño.
Elena (16:23): Me estoy muriendo de ganas de verte…
Elena (16:45): ¿Todavía estás ocupada?
Sele sintió una mezcla de culpa y excitación.
Le gustaba sentirse deseada, le gustaba saber que la perfecta profesora Day estaba perdiendo la cabeza por ella en su mansión vacía.
Pero también sentía presión.
Sele (16:55): Day, estoy en el trabajo…
un poco ocupada pues a cada tanto alguien viene a tatuarse algo.
Sele (16:55): Cálmate, ya casi termino mi turno.
Gracias al cielo.
Elena (16:55): Si te enviara una foto ayudaría a que te… apuraras?
Sele (16:56): foto… ¿Qué tipo de foto?
Elena (16:56): algo como… esto: -Imagen S- Elena sacando una foto frente a un espejo de cuerpo completo levantando su camisa mostrando su vientre y una lencería negra con adornos en formas de rosas.
Sele (16:56): Dentro de poco estaré allí.
Karen vio la sonrisa boba que se dibujó en la cara de Sele al enviar la respuesta y rodó los ojos.
“Estás perdida, amiga… Completamente perdida.” “Cállate y pásame el ungüento.” respondió Sele, riendo.
*** Elena estaba sentada en la encimera de la cocina, con las piernas colgando y moviéndose hacia delante y hacia atrás, mirando el reloj colgado en la pared como si pudiera acelerar el tiempo con la mente.
La mansión estaba en silencio, un silencio que ya no era opresivo, sino expectante.
Alexander se había ido hacía horas, y la pelirrubia ya no se esforzaba por aparentar que su ausencia no se sentía bien.
Cuando oyó el rugido familiar de la moto de Sele acercándose a la entrada, Elena saltó de la encimera y corrió hacia la puerta principal, pero se detuvo antes de abrir.
Alisándose la camiseta, se pasó una mano por el cabello y respiró hondo.
“(Tranquila, Elena…
No parezcas desesperada.)” pensó la Day dándose unos momentos recuperándose un poco para luego abrir la puerta justo cuando Sele se quitaba el casco.
La joven caminó hacia ella con esa seguridad innata, con la chaqueta de cuero bajo el brazo y el cabello negro despeinado por el viento.
“Hola, extraña.” dijo Sele con una media sonrisa.
“¿Echando de menos a alguien?” “Tardaste una eternidad.” se quejó Elena, tirando de ella hacia el interior y cerrando la puerta con el pie.
“talvez debería ocultarte en algún lugar… talvez en el ático, ya que Alexander lo evita como la peste incluso cuando debe buscar algo que necesite de ahí.” “Estaba trabajando, Day… Alguien tiene que pagar las facturas.” bromeó Sele, dejando caer su chaqueta en el suelo.
“Te eché de menos.” susurró Elena, acortando la distancia.
“es un poco molesto lo dependiente que soy de ti.” Susurraría mordiéndose el labio.
Sele la miró a los ojos.
Vio la necesidad en ellos, una necesidad cruda que iba más allá del sexo.
Elena necesitaba confirmación.
Parecía necesitar saber que era real y que no lo era.
“Yo también.” admitió Sele.
“Y… si, lo es.” La pelinegra sonrió un poco mitad incomoda y mitad divertida.
Elena la besó.
Fue un beso hambriento, devorador donde sus manos fueron directamente al cinturón de Sele, un poco torpes por la prisa.
“¿Aquí?” preguntó Sele contra su boca, riendo suavemente.
“Se que la puerta ya está cerrada, pero… ¿En la entrada?” “En la cocina.” corrigió Elena, tirando de ella.
“Quiero borrar el recuerdo de él.
Estuvo aquí al mediodía… Sentado en mi mesa.
Quejándose y…” la pelirrubia dudo unos segundos pensando si contar su intento incomodo de encuentro era una buena idea.
Para terminar, decidiendo que era mejor no hacerlo.
“quejándose.” La expresión de Sele se oscureció.
La mención de Alexander siempre encendía su lado territorial.
“¿Ah, sí?” Sele la levantó en brazos, haciendo que Elena enroscara las piernas en su cintura con tranquilidad.
“Entonces vamos a asegurarnos de que esta cocina solo tenga un dueño de nuevo.” Sele la llevó hasta la encimera de granito, donde Elena había estado esperando.
Riendo la sentó sobre la superficie fría y se colocó entre sus piernas.
No hubo juegos previos lentos esta vez; ambas estaban cargadas por la tensión de los mensajes y la espera.
Elena ayudó a Sele a deshacerse de los vaqueros, gimiendo de apreciación al verla.
“Dios…
siempre estás lista para mí.” murmuró Elena, acariciándola.
“tu amiguita me saluda.” “Siempre.” gruñó Sele respirando sobre su cuello.
“Todo porque eres una maldita maravilla que me tienta con el mero hecho de existir.” La pelinegra dio una embestida profunda y liberadora.
Elena echó la cabeza hacia atrás, apoyándose en los armarios superiores, mientras Sele la tomaba con un ritmo constante y posesivo habitual.
El sonido de sus cuerpos chocando, mezclado con los gemidos de Elena, llenó la cocina, exorcizando cualquier fantasma de Alexander y sus almuerzos amargados.
“Dime que eres mía.” exigió Sele, apretando los muslos de Elena.
“Dímelo de nuevo…
por favor.” “Tuya…
soy tuya, Sele.” respondió Elena, y por primera vez, sintió que era una verdad absoluta, no solo algo que se dice en el calor del momento.
Cuando terminaron, jadeantes y sudadas, Sele apoyó la frente en el hombro de Elena, recuperando el aliento.
“Creo que la cocina ha sido debidamente purificada.” bromeó Sele dando dos embestidas más.
Elena soltó una carcajada, besándole la sien.
“Definitivamente.”
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