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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 5

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5: Capítulo 5 5: Capítulo 5 “Mejor… mejor me voy” dijo Elena de repente, apartando la mano de Sele con un movimiento torpe y nervioso.

“Es tarde y… y no puedo… mañana tengo clases y…” La pelirrubia intentó bajarse del taburete, pero el suelo pareció moverse bajo sus pies terminando por agarrase al borde de la barra para no caer.

“Puedo llevarte” Sele la alcanzó rápidamente, poniéndose de pie de un salto y colocándose a su lado para sostenerla por el codo.

Elena la miró, confusa, con la visión un poco borrosa.

“¿Crees que voy a dejarte conducir en ese estado?…

penas puedes mantenerte en pie, profesora.” “¡Oye!

Soy una buena… conductora, ¿okey?” protestó Elena, aunque sonó poco convincente incluso para sí misma.

Incluso tuvo que llevarse una mano a la sien cuando sintió que su alrededor giraba.

“Y… yo solo bebí un poquito.

Tú también bebiste… y bebiste tequila, ¡eso es mucho peor!

Creo que…” “Okey, okey… defensora de las leyes de tránsito.

Pero eso no importa” dijo Sele, acercando su rostro al de Elena hasta que sus narices casi se rozaron.

“Todavía estoy mucho más sobria que tú gracias a que tengo una resistencia que ni te imaginas…

Y te voy a llevar a casa quieras o no porque no voy a dejar que te mates en la carretera por orgullo.” Elena quiso preguntar muchas cosas… quiso preguntar… quiso preguntar… preguntar… preguntar algo… los pensamientos de la mayor estaban algo confusos.

Estando demasiado ida, demasiado perdida en la profundidad de esos ojos que ahora parecían brillar bajo la luz.

Puesto que, con las piernas temblorosas y la cabeza nublada, la idea de dejarse cuidar por alguien más resultaba increíblemente atractiva a la única parte de su mente que podía razonar.

“Está bien…” cedió Elena en un susurro.

“¡Eh, Madison!” gritó Sele hacia la barra, llamando la atención de la chica que servía bebidas a uno de los costados opuestos al que estaban sentadas.

“¡Pon todo en mi nombre!

Mañana paso a pagar.” “¡Claro, Sele!” respondió la camarera con un guiño.

Elena ni siquiera prestó atención al hecho de que Sele parecía tener crédito en el bar.

Solo se dejó guiar, ignorando a la misma cuando esta pasó un brazo alrededor de su cintura, un gesto que podría haber parecido de apoyo, pero que se sentía íntimamente posesivo y la condujo a través de la multitud, apartando suavemente a la gente de su camino, protegiéndola como si fuera algo valioso y frágil.

Al salir a la calle, el aire frío de la madrugada golpeó el rostro de la mayor, pero no sirvió para despejarla en lo más mínimo.

Al contrario, el contraste pareció hacer que el alcohol subiera más rápido.

“¿Dónde está tu coche?” preguntó Sele.

Elena señaló vagamente hacia donde había dejado su vehículo murmurando entre dientes la marca y el modelo mientras Sele le quitó las llaves de la mano con una destreza impresionante.

“Sube profe.” Bufando Elena se dejó caer en el asiento del copiloto, cerrando los ojos por el momento, respirando el olor del cuero de su propio coche encontrándolo extrañamente reconfortante.

La mayor se hubiera dormido si no escuchara el motor arrancar y sintiera cómo el auto se ponía en movimiento.

Por lo que suspirando abrió los ojos y con esfuerzo giró la cabeza para mirar a su conductora.

Quien conducía con una mano en el volante y la otra descansando relajadamente en la palanca de cambios.

“¿Sabes dónde vivo?” preguntó Elena, dándose cuenta de que no le había dado la dirección.

“Lo sé” respondió Sele sin apartar la vista de la calle.

“¿C-cómo…?” “Archivos de la escuela… Una vez tuve que llevar unos papeles a la secretaría y vi tu ficha sin querer.” mintió Sele con naturalidad, o tal vez era verdad.

A estas alturas, a Elena no le importaba.

“Además, este lugar es pequeño, Elena…

Todos saben dónde vive la gente rica.” Elena soltó una risita hueca.

“No soy rica.

Alexander es el rico.” “Alexander es un idiota” sentenció Sele con un disgusto que Elena no estaba dispuesta a indicar por el momento.

*** Luego de un viaje en completo silencio, ya estaban enfilando hacia la zona residencial.

Sele, por su parte, trataba de mantener la vista fija en el asfalto.

Al principio, su plan había sido simple: coquetear un poco con la profesora que siempre le había parecido hermosa y jodidamente sexy… tal vez robarle un beso si tenía suerte.

Pero ahora… ahora la estaba llevando a casa, cuidándola, sintiendo una extraña necesidad de protegerla…

“(Debo haber enloquecido.)” pensó mirando de reojo a Elena, quien tenía la cabeza apoyada en la ventanilla tratando de enfocar su vista murmurando algo inentendible entre dientes con alguna que otra maldición.

“(al menos ahora sé que ida de copas, Elena se hace mucho más divertida… algo es algo, supongo)” Perdida en sus pensamientos Sele no se dio cuenta que cuando dejo de ver a Elena, esta la miro de reojo a ella.

La mayor nunca se había detenido a fijarse en la pelinegra en clase… al menos no de esa manera.

Claro está que sabía de su condición; ser intersexual en una escuela pequeña era algo que no pasaba desapercibido, el chisme corría rápido incluso sin importar la clase o prestigio.

Todos lo sabían.

Recuerdos de como a través de sus caminatas en los pasillos de la institución donde trabajaba, veía alguna que otra insinuación de diferentes estudiantes… junto a una que otra profesora cuando estas ultimas pensaban que estaban solas.

Normal mente eso solo la hacía levantar una ceja y encogerse de hombros, después de todo eso no era problema suyo y si unas adolescentes querían hacer travesuras o unas compañeras de trabajo querían jugarse sus carreras era cosa suya y Elena estaba más que feliz con dejarlas con lo suyo.

Pero ahora… con su mente yendo a lugares donde nunca había estado… la mayor nunca había tenido tanta curiosidad como en ese momento.

Sus ojos recorrieron el perfil de Sele, bajaron por su cuello, pasando por sus hombros, y luego inevitablemente bajaron más.

Era curioso, al fin y al cabo… la Eleonor era biológicamente fascinante… Una chica con pene como su mente confundida la calificaba amablemente en esos momentos…

Ella era profesora de biología, se dijo a sí misma, intentando racionalizar el calor que sentía bajo el vientre.

Claro que tendría curiosidad científica, solo eso, curiosidad.

“Deja de mirarme así, profesora.” murmuró Sele cuando finalmente la pillo, con una sonrisa tensa, apretando el volante con fuerza.

“O voy a estrellar el coche.” “¿Así cómo?” preguntó Elena, tratando de simular inocencia que no sentía en lo más mínimo.

“Como si quisieras comerme.” Elena se sonrojó furiosamente, pero no apartó la mirada.

Tal vez fuera la bebida, tal vez fuera la noche, pero la verdad era innegable… estaba extremadamente atraída por la chica más joven.

Y por primera vez en mucho tiempo, no tenía ni las fuerzas… ni las ganas para frenar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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