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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 50

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Capítulo 50: Capítulo 50

Riendo Elena dejó la bandeja en la mesita de noche y se sentó en la cama, esta vez acariciando suavemente el hombro de la chica.

“Sele…” susurró. “bella durmiente. Despierta.”

Sele gimió y abrió los ojos. Al principio, hubo un segundo de pánico, de desorientación. Pero luego su vista se enfocó el rostro de Elena y sus hombros se relajaron.

“Hola…” su voz era grave, un poco pastosa por el sueño. “¿Estoy soñando ahora mismo?… ¿O realmente estas aquí?”

“Hola.” Elena le apartó el pelo de la cara. “Y primero, no, estas viendo en plena vista mi hermosa cara con perfecto aspecto lo cual no podrías replicar… a menos que tengas memoria fotográfica o una pequeña obsesión… lo cual perdonare solo porque eres tú. Segundo, sí, estoy aquí como bien vez.”

“¿Cómo te sientes? Pregunto viendo como Sele se frotó los ojos y se incorporó lentamente, apoyando la espalda en el cabecero acolchado con un poco de esfuerzo.

“Mejor… un poco mejor… Como si hubiera dormido cien años.” Miró a su alrededor y luego a la ventana, donde la luz de la tarde empezaba a dorarse. “¿Qué hora es?”

“Pasadas las cinco… Te has perdido las clases de la tarde, señorita delincuente.”

Sele soltó una risa débil.

“Creo que sobreviviré a la falta de Literatura por… no sé qué número de falta.”

Elena sonrió de lado rodando los ojos y señaló la bandeja que había traído.

“Te he traído algo… No son tus panqueques gourmet, pero tienes que comer algo, Sele. Aun estás más pálida de lo que me gustaría.”

Sele miró la comida y su estómago rugió en respuesta, recordándole que no había comido nada decente en veinticuatro horas, aparte de algún que otro aperitivo o una barra de cereal.

“Gracias, Day… Huele y se ve increíble.”

Elena le puso la bandeja sobre las piernas y se sentó a su lado, observándola comer. Sele comió despacio al principio, pero luego con más ganas. El calor de la sopa parecía devolverle la vida.

“Lo siento por adueñarme así de tus cosas… por usar tu baño… y por usar tu ropa.” dijo Sele entre cucharadas, señalando a sí misma.

“No te preocupes, puedes incendiar en llamas la mansión entera y no me importaría en lo más mínimo… y si se trata de ropa tengo conjuntos para dar y regalar… y aquí entre nosotras… eso te queda mejor a ti que a mí.” aseguró Elena. “Además me gusta verte con mi ropa. Es como… marcar territorio… de una forma totalmente nueva.”

Sele sonrió, tomando un trozo de pan.

“Territorio conquistado.”

Cuando terminó, Elena retiró la bandeja y le dio las pastillas para el dolor de cabeza. Que Sele tragó con el agua y luego se dejó caer de nuevo en las almohadas, suspirando.

“¿Alexander vuelve el jueves?” preguntó Sele, mirando al techo.

“Lastimosamente sí… El jueves por la noche… lo más posible a media noche si no se retrasa por algo importante que ocurra de último momento.”

“Eso nos da… dos días.” calculó Sele. Y se giró hacia Elena viéndola con interés. “¿Puedo quedarme? No quiero volver a mi casa… No quiero volver a ese espacio… o ver a mi padre todavía.”

“Ni se te ocurra pensar en irte.” dijo Elena con firmeza. “Te quedas aquí. Tienes un cepillo de dientes extra en el baño de invitados, aunque puedes si quieres puedo ir a traerlo aquí… También tienes ropa mía que usar o ropa de Alexander si lo quieres… pero sobre todo… me tienes a mí.”

Sele estiró la mano y Elena la tomó, entrelazando sus dedos.

“Ayer…” empezó Sele, y su voz tembló. “Ayer pensé que nunca volvería a sentirme bien. Pensé que el agujero negro me había tragado entera.”

“Lo sé.”

“Verónica y Madison me salvaron de hacer una estupidez mayor con… ciertas pastillas. Pero… tú me salvaste hoy, Elena. Cuando entraste en el aula… cuando me miraste y vi que no te dabas por vencida conmigo… eso fue lo que más me trajo de vuelta.”

Elena sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Y mientras sonreía se inclinó y besó la frente de Sele, luego sus párpados cuando esta los cerro, para luego terminar besando sus labios en un beso suave, sin lengua, sin urgencia sexual. Solo consuelo.

“Tú me salvaste hace meses primero, Sele… Cuando entraste en ese bar y me miraste como si yo fuera la cosa más interesante… Estábamos a mano mi querida e insaciable estudiante.”

Sele se movió, haciéndole un hueco en la cama.

“Ven aquí… Túmbate conmigo.”

Elena no lo dudó. Y se metió bajo el edredón para luego acurrucarse contra el costado de Sele, apoyando la cabeza en su hombro mientras la pelinegra la rodeó con el brazo, acercándola.

“Hueles a jabón y a sopa.” bromeó Sele, besándole la coronilla con cariño.

“Y tú hueles a mi gel de ducha favorito… junto una de mis sales aromáticas.”

“Las use… tu aroma me relaja.” Dijo Sele a lo que Elena solo se rio entre dientes.

Ambas se quedaron en silencio, escuchando la respiración de la otra. El mundo exterior, con sus juicios y sus problemas, parecía estar a años luz de distancia.

“Elena…” susurró Sele después de un rato.

“¿Mmm?”

“Nunca había dormido con nadie así. Sin follar. Solo… durmiendo.”

Elena levantó la vista para mirarla a los ojos.

“Yo tampoco. Alexander y yo… dormimos en la misma cama la mayor parte de toda nuestra vida matrimonial, pero es como dormir con un extraño que ocupa un espacio a tu lado. Contigo… contigo siento que descanso de verdad durmiendo mucho menos.”

Sele apretó su abrazo.

“Entonces descansemos. Mañana será otro día y mañana deberemos volveremos a pelear contra el mundo. Pero hoy… hoy solo quiero esto.”

“Hoy solo esto.” confirmó Elena. Cerrando los ojos, y disfrutando de sentir el calor del cuerpo de Sele, el latido constante de su corazón bajo su oreja. Y en esa cama matrimonial que había sido testigo de tanta frialdad y soledad, Elena Eis y Sara Eleonor encontraron, por fin, la paz que tanto necesitaban.

No hubo pasión desenfrenada esa noche.

No hubo gemidos ni acrobacias en la cama.

Hubo susurros, caricias en la espalda, piernas entrelazadas y sueños compartidos. Y para ambas, fue la noche más íntima que habían vivido jamás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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