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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 51

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Capítulo 51: Capítulo 51

***

El despertador no sonó. No hizo falta. El reloj biológico desarrollado por la rutina fue más efectivo que cualquier alarma digital.

Elena abrió los ojos justo cuando los primeros rayos de sol, empezaban a colarse por las rendijas de la persiana. Durante un segundo, solo un segundo, sintió la desorientación habitual de despertar. Pero luego notó el peso cálido a su lado, la respiración rítmica y el olor a piel limpia y leve aromatizado.

Sonrió. No era un sueño, que empezó como una pesadilla. Sele estaba allí ahora.

La pelirrubia se giró para mirarla, viendo a la chica pelinegra dormía boca abajo, con un brazo colgando fuera de la cama y el rostro medio enterrado en la almohada.

Se veía mucho mejor que el día anterior. El color había vuelto a sus mejillas y la tensión en su mandíbula había desaparecido.

Elena resistió el impulso de despertarla con besos. Sabía que hoy tenían que volver a la realidad. Cada una debía volver a sus rutinas. Sele tenía que asistir a sus clases mientras ella tenia que corregir algunos trabajos y planear clases.

Ambas tenían que volver a ponerse las máscaras.

Por lo que suspirando la Day se levantó con cuidado, deslizándose fuera de las sábanas intentando no hacer mucho ruido, y se dirigió al baño. Mientras se duchaba y se vestía con su armadura de profesora, una falda lápiz negra y una blusa de seda azul, su mente trabajaba a mil por hora.

¿Cómo iban a hacerlo?

¿Cómo iba a entrar en el aula, mirarla a los ojos y fingir que no había dormido abrazada a ella las últimas dos noches?

¿Cómo iba a llamarla “Señorita Eleonor” cuando su boca quería decir “mi amor”?

Bajó a la cocina para preparar café junto a uno que otro acompañante. El ritual de la mañana, que solía ser solitario y mecánico, hoy tenía un propósito diferente… cuidar.

Cuando el aroma del café recién hecho llenó la cocina, Sele apareció en el umbral de la misma. Llevaba unos pantalones de pijama con cuadros sobre otros cuadros y la camiseta de tirantes, con el cabello revuelto y los ojos entrecerrados por el sueño.

“Huele a vida.” murmuró Sele con voz ronca, arrastrando los pies hacia la isla de la cocina.

“Buenos días.” Elena le tendió una taza humeante. “¿Cómo te sientes esta mañana?”

Sele tomó la taza con ambas manos, dejando que el calor se filtrara en sus dedos.

“Humana.” Tomó un sorbo y suspiró de placer. “Gracias a ti.”

“Tienes que asistir a tus asignaturas hoy, Sele… No puedes faltar dos días seguidos sin justificante médico.” advirtió Elena, adoptando su tono de profesora, aunque sus ojos brillaban con cariño.

“Lo sé.” Sele hizo una mueca. “Verónica me va a matar… Le debo muchas explicaciones… eso va ser muy incómodo… y probablemente se va a burlar de mi por eso durante mucho tiempo.” La pelinegra diría algo incomoda, pero una pequeña sonrisa delataba su verdadero estado de ánimo.

“Y tienes que ir a tu casa después de clase. Tu padre debe estar… bueno, debe haber notado tu ausencia.”

La mención del padre de Sele hizo que la temperatura de la cocina bajara unos cuantos grados. Mientras la pelinegra bajó la vista hacia su café como si fuera la cosa más interesante en el universo.

“No creo que lo haya notado. Probablemente sigue desmayado en el sofá desde el aniversario.” Se encogió de hombros, intentando parecer indiferente, pero Elena notó la tensión en sus hombros. “Pero iré de todas formas. Necesito ropa limpia y… bueno, mi moto sigue aquí, ¿no?”

“Sigue en el garaje.” Elena rodeó la isla y la abrazó por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro. “Pero prométeme que volverás esta noche… Alexander no llega hasta mañana en la noche. Tenemos una noche más.”

Sele se giró en sus brazos, quedando frente a frente.

“No me perdería esa noche por nada del mundo. Después de todo es nuestra despedida temporal.”

La palabra “despedida” quedó flotando en el aire, pesada y ominosa. Que duro un tiempo hasta que Elena la besó rápido para borrarla.

“Ve a vestirte. Te llevo… Te dejaré a dos cuadras para que nadie nos vea.”

***

El coche de Elena se detuvo en una calle lateral, discreta y poco transitada, lejos de la entrada principal donde se aglomeraban los autobuses y los padres.

“Gracias por el aventón, mamá” bromeó Sele, abriendo la puerta.

“¡Hey!” Elena le dio un golpe en el brazo. “Más respeto a la autoridad.”

“Nos vemos en clase, profesora Day.” Sele le guiñó un ojo y salió del coche, subiéndose la capucha de su sudadera negra para ocultar su rostro por si acaso.

Elena esperó a que doblara la esquina antes de arrancar. El corazón le latía con fuerza mientras el juego del gato y el ratón había comenzado de nuevo.

Sele caminó hacia la escuela, sintiendo las miradas de los demás alumnos. Tal vez era su paranoia hablando. Pero la pelinegra sentía que llevaba un cartel de neón en la frente que decía: “Acabo de salir de la cama de la profesora de Biología”

La Eleonor camino algo incomoda resistiendo el impulso de ver sobre sus hombros o ver fijamente a alguien que pasara a su lado para comprobar si la veía raro. Encontró a Verónica y Madison juntas guardando sus cosas en sus propios casilleros.

“¡Miren quién decidió honrarnos con su presencia!” exclamó Verónica, cruzándose de brazos con fingido enfado, aunque sus ojos mostraban un claro alivio. “Estábamos a punto de llamar a la policía… O a la morgue.”

“Lo siento, chicas.” dijo Sele, apoyándose en el casillero algo incomoda encogiendo levemente los hombros. “Fue… un par de días difíciles.”

“¿Dónde te metiste?” preguntó Madison, bajando la voz. “Fuimos a tu casa ayer y tu padre estaba hecho una furia, gritando que te habías fugado… Tuvimos que inventar que estabas en mi casa estudiando para un examen final pero que fuimos a buscar algunas cosas que dejaste.”

Sele sintió un pinchazo de gratitud. Sus amigas eran oro puro.

“Estaba… en un lugar seguro.”

Verónica la miró fijamente, analizando su ropa, que era la misma que la última vez que la vio, aunque había intentado disimularlo, su cabello limpio y, sobre todo, esa calma extraña que irradiaba.

“Ese lugar seguro tiene nombre y apellido, ¿verdad?” susurró Verónica, acercándose más. “Y tiene un título universitario y un marido cornudo. ¿Verdad?”

Sele miró a los lados para asegurarse de que nadie escuchaba y asintió levemente.

“Dios mío…” Madison se tapó la boca con ambas manos. “¿Estuviste en su casa? ¿Con ella?… ¿Todo este tiempo?”

“Me cuidó.” defendió Sele. “Estaba mal, chicas, ustedes me vieron. Después de lo de las pastillas… ella me recogió. Me dio sopa. Me dejó dormir. No pasó nada… bueno, nada de lo que están pensando… Solo me cuidó.”

Verónica soltó un suspiro largo y negó con la cabeza, pero sonrió.

“Esa mujer está completamente loca por ti. Arriesgarse así… llevarte a su casa…”

“Lo sé.” dijo Sele, y por primera vez, no sintió miedo al admitirlo. “Y creo que yo también estoy loca por ella.”

El timbre sonó, salvándola de más interrogatorios.

“Vamos.” dijo Verónica, pasándole el brazo por los hombros. “Tenemos clase con tu novia… Intenta no babear sobre el pupitre o poner ojos de por favor cógeme.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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