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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 58

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Capítulo 58: Capítulo 58

***

La cafetería olía a granos tostados y a canela, un aroma que normalmente relajaba a Elena, pero que hoy solo servía para acentuar las náuseas que sentía en la boca del estómago.

Estaba sentada en una mesa pequeña junto a la ventana, con el celular pegado a la oreja y una mano masajeándose la sien izquierda.

“¿Cómo que “congeladas”?” preguntó, tratando de mantener la voz baja para no llamar la atención de los estudiantes que entraban y salían. “Son cuentas conjuntas donde ambos pusimos dinero, Marcos. Tengo derecho a acceder a ellas para retirar lo que yo puse en ellas.”

“Lo sé, Elena, pero él se ha movido rápido.” respondió la voz de su abogado, sonando frustrantemente calmada. “Ha alegado movimientos sospechosos y ha solicitado una auditoría temporal. Es una táctica de intimidación clásica… Quiere asfixiarte económicamente para que vuelvas a negociar.”

Elena cerró los ojos. “(Maldito seas, Alexander.)” maldijo en sus pensamientos mientras cerraba lo ojos. “¿Y mis cuentas personales? ¿La de ahorros que abrí antes de casarnos?”

“Esa está libre, pero… Elena, no hay mucho ahí. Y con el proceso de divorcio que se avecina, vas a necesitar liquidez. Él ha contratado a Hoffman & asociados. Son tiburones. Van a ir a por todo… la mansión, el coche, las inversiones.”

“No quiero la mansión. No quiero nada de él. Solo quiero que me deje en paz.”

“Lo entiendo, pero necesitamos sobrevivir al proceso. Mi consejo… reduce gastos al mínimo. No uses las tarjetas de crédito vinculadas a él. Y prepárate, porque esto se va a poner feo antes de mejorar.”

Elena colgó el celular y miró la pantalla volverse negra en unos momentos.

Se sentía pequeña.

Toda su vida había tenido seguridad económica. Nunca había tenido que preocuparse por eso.

Ahora, al abrir su aplicación bancaria y ver el saldo de su cuenta personal, sintió un vértigo real.

Tenía lo suficiente para unos meses si era cuidadosa. Pero vivía en la habitación de una adolescente, conducía un coche que probablemente Alexander intentaría quitarle y estaba enamorada de una chica que apenas podía pagarse el almuerzo.

“¿Malas noticias?”

Elena levantó la vista. Sele estaba parada frente a la mesa, con su mochila al hombro y dos cafés en la mano.

“No… solo… burocracia.” mintió Elena, forzando una sonrisa.

Sele se sentó y le deslizó uno de los cafés.

“Pago yo esta vez.” dijo Sele giñando un ojo. “hoy tatué un diseño esta mañana en el estudio antes de venir… Un dragón oriental en la espalda completa. Buen dinero.”

Elena miró el vaso de cartón y sintió ganas de llorar. Sele, invitándola a café con el dinero de su arte, mientras ella, la “adulta responsable”, estaba siendo despojada de todo.

“Gracias, cariño.” Elena tomó un sorbo. “¿Cómo te ha ido el día?”

“Bien de momento… un poco raro.” Sele se encogió de hombros. “La gente habla. Han visto tu coche aparcado frente a mi casa dos días seguidos… incluso hay rumores de que me estás dando clases particulares intensivas.”

“Bueno, técnicamente te estoy dando lecciones de vida.” bromeó Elena, aunque sin mucha convicción.

Sele se inclinó sobre la mesa viéndola con detalle.

“Estás pálida, Day… ¿Qué te dijo el abogado?”

Elena suspiró. No podía mentirle. No ahora.

“Alexander ha bloqueado las cuentas. Me ha cortado el grifo, Sele. Quiere que vuelva arrastrándome cuando no pueda pagar mis facturas.”

La expresión de Sele se endureció. Sus ojos negros brillaron con esa furia protectora que Elena empezaba a conocer bien.

“Pues se va a joder. No vas a volver. Tenemos mi sueldo del estudio. Y la banda tiene un par de conciertos este mes… No viviremos con lujos, pero no te va a faltar nada.”

“Sele, no puedo dejar que tú me mantengas. Una relación es de dos… usualmente.”

“Eres mi pareja, Elena.” Sele le apretó la mano. “Estamos en esto juntas, ¿recuerdas? Tú me defendiste de mi padre. Déjame defenderte a ti de esto.”

Elena asintió, conmovida por la madurez de la chica.

“Está bien… Pero voy a buscar un apartamento barato. No podemos vivir en tu habitación para siempre. Tu padre…”

“Mi padre ha estado sospechosamente callado desde que rompiste la cafetera.” dijo Sele con una media sonrisa. “Creo que te tiene miedo.”

“Mas le vale… la única que puede dejarte marcas en tu cuerpo soy yo.”

***

Elena estaba sentada en el sofá de espera del estudio, corrigiendo exámenes mientras Sele trabajaba. Se sentía extraño estar allí, no como una cliente o una visita clandestina, sino como alguien que “pertenecía”.

Karen le había traído un té y la miraba con una mezcla de curiosidad y respeto renovado.

“Entonces… ¿dejaste al millonario por nuestra chica problema?” preguntó Karen, apoyándose en el mostrador.

Elena levantó la vista de un examen de genética desastroso que le dio dolor de cabeza.

“Dejé al millonario por mí misma, Karen. Sele fue solo… el incentivo.”

“El mejor incentivo del mundo, diría yo.” guiñó un ojo Karen. “Aunque prepárate… Vivir con ella es un caos. Deja los calcetines en cualquier lado y tararea canciones de rock a las tres de la mañana.”

“Ya me he dado cuenta.” rio Elena. “Pero prefiero sus calcetines sucios al silencio de mi antiguo hogar.”

La puerta del estudio se abrió y entró un hombre con traje. No era un cliente habitual. Llevaba un maletín y miraba el lugar con evidente desprecio.

Elena sintió un escalofrío. Reconoció el logo en el maletín. Hoffman & asociados.

El hombre se dirigió directamente a ella.

“¿Señora Elena Eis?”

La música en el estudio se detuvo. Sele, que estaba al fondo, levantó la cabeza de inmediato.

“Soy yo.” dijo Elena, poniéndose de pie y dejando a un lado su trabajo.

“Tengo una notificación judicial para usted.” El hombre le extendió un sobre grueso. “Su actual esposo solicita una orden de restricción temporal sobre sus bienes y…” el hombre miró a Sele y luego a Elena con una sonrisa desagradable. “ha incluido una cláusula de moralidad en la demanda de divorcio… Alega conducta inapropiada como causa de la ruptura.”

El estudio se quedó en silencio sepulcral.

El abogado la miró con desdén unos momentos para después continuar.

“La ley educativa es muy estricta sobre las relaciones entre docentes y alumnos, señorita. Y el señor Eis está muy preocupado por la reputación de la escuela donde él es un donante importante.”

Era una amenaza directa. Alexander no solo quería dejarla sin dinero. Quería destruirla.

“Dígale a su cliente que nos veremos en los tribunales.” dijo Elena, tomando el sobre con mano firme, aunque por dentro estaba temblando.

“Se lo diré. Que tenga buena tarde, señora Eis. O debería decir… señorita Day.”

El hombre salió, dejando tras de sí un silencio sepulcral.

Sele llegó al lado de Elena en un segundo.

“¿Qué significa eso, Day? ¿Qué puede hacerte?”

Elena miró el sobre en sus manos.

“Puede hacer que me despidan, Sele. Puede asegurarse de que nunca vuelva a dar clases.” Elena levantó la vista, y sus ojos azules estaban llenos de lágrimas de rabia. “Me quiere quitar mi carrera. Es lo único que es mío de verdad.”

“No lo va a lograr. No le dejaremos.” Sele la abrazó, fuerte, desesperada.

Pero mientras Elena se aferraba a la camiseta manchada de tinta de Sele, correspondiendo el abraso, supo que la guerra acababa de empezar. Y Alexander tenía las armas nucleares de su lado.

***

Esa noche, no hubo risas ni planes de futuro. Elena y Sele estaban acostadas en la cama pequeña, mirando al techo en la oscuridad.

“Tal vez deberíamos… tener más cuidado.” susurró Elena. “En la escuela. No podemos ni mirarnos, Sele. Si alguien sospecha… sí Alexander consigue pruebas claras…”

“Ya tenemos cuidado.” dijo Sele, frustrada. “¿Qué más quieres que haga? ¿Que finja que te odio?”

“Si es necesario para proteger mi trabajo… sí.”

Sele se giró bruscamente, dándole la espalda.

“Esto es una mierda.”

“Lo es.” Elena se acercó y le rodeó la cintura con el brazo, pegándose a su espalda. “Pero es nuestra mierda. Y no voy a dejar que él gane. Solo… tenemos que ser inteligentes.”

Sele suspiró y tomó la mano de Elena, entrelazando sus dedos sobre su pecho.

“Inteligentes… Vale. Pero si él se acerca a ti… le rompo la cara. Y no me importa si es el mismísimo presidente de Estados Unidos.”

Elena sonrió tristemente en la oscuridad, besando levemente los labios de Sele.

“Lo sé, mi amor… Lo sé.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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