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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 60

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Capítulo 60: Capítulo 60

***

“Aparentemente… Y no viene solo. Viene con su abogado, ese tal Hoffman.” Alicia se inclinó hacia adelante, su expresión poniéndose seria. “Escúchame bien, Elena. Esto es una emboscada. Él va a intentar intimidarte en tu propio terreno… Va a intentar que Christina te despida o te suspenda por lo menos.”

Elena sintió que la habitación daba vueltas. Lo había hecho. Realmente lo había hecho. Iba a destruir su carrera delante de su amiga y jefa.

“No puedo… no puedo enfrentarme a él aquí, Alicia… Si hace un escándalo…”

“No va a hacer un escándalo. Alexander es demasiado cobarde y demasiado clasista para montar una escena de gritos. Va a ser frío, legal y venenoso.” Alicia le agarró la mano. “Pero tú no estás sola. Y Christina… es nuestra amiga, pero también es una profesional. Necesita pruebas para despedirte… ¿Tienen pruebas?”

Elena pensó frenéticamente.

¿Fotos? ¿Mensajes?

Tanto Sele como ella habían sido cuidadosas, pero…

“No lo sé.” admitió Elena, sintiendo un sudor frío. “No sé qué tiene. Pero la cláusula de moralidad es muy amplia, Ali… Solo con la sospecha… solo con el rumor… la reputación de la escuela es lo primero.”

“Entonces niégalo todo.” Alicia apretó su mano con fuerza. “Miénteles en la cara, Day… Di que es un esposo despechado inventando locuras para no pagarte la pensión… Di que está loco. Di lo que sea, pero no admitas nada. Ni una sola palabra. Si admites algo, estás fuera.”

“¿Y Sele?” preguntó Elena, con la angustia cerrándole la garganta. “Si van a por mí, irán a por ella… La interrogarán.”

“Sele es dura. Es más dura que tú y yo juntas.” Alicia intentó sonar convincente, pero había preocupación en sus ojos. “Pero tienes que avisarle… Tienes que decirle que se prepare. Si la llaman a dirección… tiene que saber qué decir.”

Elena miró el reloj colgado en la pared. Faltaban dos horas para las tres. Dos horas para preparar su defensa. Dos horas para salvar su vida.

“Tengo que buscarla.” dijo Elena, poniéndose de pie. “Tengo que hablar con ella.”

“No.” Alicia se levantó y le bloqueó el paso. “Si te ven hablando con ella ahora, justo antes de la reunión, parecerá que estáis coordinando coartadas… Es demasiado sospechoso… Yo iré.”

“¿Tú?”

“Sí… Nadie sospechará si la profesora de Matemáticas regaña a la alumna problema en el pasillo.” Alicia le guiñó un ojo, aunque no había alegría en el gesto. “Quédate aquí… Come, respira y prepara tu cara de póker, Day… Porque vas a jugar la partida de tu vida.”

Alicia salió del aula, dejándola sola de nuevo. Elena se dejó caer en la silla, mirando el reloj en la pared. El cual avanzaba con una lentitud exasperante, marcando el tiempo que le quedaba antes de enfrentarse a su probable despido.

Las siguientes dos horas fueron un borrón.

Elena intentó preparar sus clases de la tarde, pero las letras parecían bailar ante sus ojos de forma errática.

La pelirrubia repasó mentalmente cada interacción, cada mensaje, buscando el punto débil por donde Alexander podría atacar.

Recordó la noche en el club, la pelea en el baño… ¿había alguien más allí? ¿Tania? ¿Madison? Dios, Madison sabía. Si Alexander llegaba a Madison…

No… Madison era leal a Sele. No hablaría.

A las dos y cincuenta y cinco, Elena se levantó. Se alisó la falda, se retocó el lápiz labial y caminó hacia la oficina de la directora. Cada paso resonaba en el pasillo vacío como los tambores de una ejecución.

Al llegar a la antesala de dirección, vio a Alexander. Quien estaba sentado en uno de los sillones de espera, con las piernas cruzadas y revisando su teléfono, en un impecable traje gris.

A su lado, el abogado Hoffman, con su maletín de cuero y su sonrisa de reptil.

Alexander levantó la vista al oírla llegar.

“Elena.” dijo él, un saludo seco.

“Alexander.” respondió ella, manteniéndose de pie, lejos de él.

La secretaria de Christina, una mujer mayor que había visto pasar a miles de estudiantes y cientos de dramas, los miró por encima de sus gafas con curiosidad mal disimulada.

“La directora la recibirá ahora, señora Day… Pasen todos.”

Los tres entraron en el despacho de Christina.

Era un espacio amplio, con vistas al campo de deportes y estanterías llenas de trofeos escolares.

Christina estaba sentada con las manos entrelazadas sobre una carpeta cerrada.

Su rostro era una máscara de neutralidad profesional, pero cuando sus ojos se encontraron con los de Elena, hubo un destello, un aviso silencioso: ten cuidado.

“Siéntense, por favor.” indicó Christina haciendo un gesto con las manos señalando las sillas frente a ellas.

Elena se sentó en una. Alexander y su abogado ocuparon las otras dos.

“Señor Eis, usted solicitó esta reunión con carácter de urgencia.” empezó Christina, con su tono de directora. “Alega tener información relevante sobre la conducta de una de mis empleadas que afecta a la seguridad y la reputación de esta institución… Le escucho.”

Hoffman, tomó la palabra, abriendo su maletín y sacando un dossier.

“Gracias, directora… Mi cliente, el señor Eis, está en proceso de divorcio de la señora Day. Lamentablemente, este proceso se ha visto precipitado por el descubrimiento de una conducta… perturbadora por parte de su, por ahora, esposa.” Hoffman hizo una pausa dramática, mirando a Elena. “Tenemos motivos fundados para creer que la señora Day ha mantenido y mantiene una relación impropia, de naturaleza sexual y romántica, con una estudiante de último año de esta institución… más precisamente la señorita Sara Eleonor.”

El nombre quedó flotando en el aire, pesado y tóxico. Elena mantuvo la mirada fija en Christina, sin pestañear, aunque sentía que el corazón se le salía del pecho.

“Esa es una acusación muy grave, señor Hoffman.” dijo Christina, sin mirar la libreta que el abogado le extendía. “¿Tienen alguna prueba?”

“Tenemos testimonios.” dijo Alexander, interviniendo por primera vez. Su voz era suave, casi triste, la voz de la víctima. “Vecinos que han visto el coche de Elena aparcado en la casa de la chica a horas intempestivas. Registros. Gastos injustificados en regalos… cosas que una profesora no compra a una alumna problemática a menos que haya algo más.”

Christina abrió la libreta. Elena vio de reojo fotos borrosas de su coche frente a la casa de Sele. Vio copias de los extractos bancarios que Alexander había auditado.

“Elena.” dijo Christina, levantando la vista. “¿Qué tienes que decir a esto?”

Elena respiró hondo. Recordó el consejo de Alicia. Niégalo todo.

“Digo que es una fantasía elaborada por un hombre que no acepta que su mujer le haya dejado.” dijo Elena con voz firme, girándose para mirar a Alexander. Sara Eleonor es una alumna con problemas familiares graves… Su madre murió, su padre es alcohólico… He estado ayudándola, sí… He ido a su casa para asegurarme de que estaba bien, de que comía, de que estudiaba. Le compré un teléfono porque el suyo estaba roto y necesitaba estar comunicada por seguridad… Es mentoría, Alexander. Es lo que hacen los buenos profesores. Que tú veas sexo en un acto de compasión dice mucho más de tu mente retorcida que de mi ética profesional.”

“¿Mentoría?” Alexander soltó una risa burlona. “¿Dormir en su casa es mentoría? Porque tengo un detective privado que te vio entrar el martes por la noche y no salir hasta la mañana siguiente.”

“Su padre tuvo una crisis etílica.” mintió Elena con una fluidez echando al hombre debajo del autobús sin dudarlo. “Tuve que quedarme para asegurarme de que la chica estaba a salvo… ¿Qué se supone que debía hacer? ¿dejarla sola con un hombre violento?”

“Es muy conveniente.” dijo Hoffman. “Pero, directora, la cláusula de moralidad del contrato de la señora Day es clara. La mera apariencia de impropiedad es suficiente para una suspensión… Y aquí hay mucho más que apariencia… Hay un patrón.”

Christina cerró la libreta y se recostó en su silla mirando primero a Alexander, luego a Elena. El silencio se estiró hasta que pareció que se iba a romper.

“Señor Eis, entiendo su… preocupación. Pero en esta institución nos basamos en hechos, no en conjeturas de detectives pagados por partes interesadas en un divorcio.” Christina se puso de pie, señalando el fin de la reunión. “Elena, obviamente, la situación es delicada.,, Voy a abrir una investigación interna para aclarar estos hechos. Hablaré con la alumna… Hablaré con el padre… Pero hasta que no tenga pruebas concretas, no voy a suspender a una de mis mejores profesoras basándome en fotos de un coche aparcado.”

Alexander se levantó de golpe, rojo de ira.

“¡Está encubriéndola! ¡Son amigas! ¡Esto es…”

“Esto es lo que es, señor Eis.” dijo Christina con voz de acero. “Si no le gusta mi decisión, puede llevarlo a la junta… Pero le advierto: si arrastra el nombre de mi institución por el fango de su divorcio sin pruebas sólidas, nuestros abogados son igual de caros y agresivos que el señor Hoffman.”

Alexander miró a Christina con odio, luego a Elena.

“Esto no ha terminado.” siseó. “Voy a hundirte, Elena. Voy a asegurarme de que acabes pidiendo limosna.”

“Salgan de mi oficina.” ordenó Christina.

Alexander y Hoffman salieron. Y cuando la puerta se cerró, Elena se derrumbó en la silla, temblando.

Christina suspiró y se sentó de nuevo, frotándose las sienes.

“Me debes una botella de whisky muy caro, Day.”

“Gracias, Chris… muchas gracias” susurró Elena.

“No me des las gracias todavía.” Christina la miró con severidad. “Te he comprado tiempo, Elena… Pero no soy estúpida. Y sé cuándo me mienten. Si hay algo de verdad en lo que dijo ese imbécil… tienes que terminarlo… Ahora… Porque si la junta investiga de verdad, si interrogan a la chica y ella se rompe… no podré salvarte… Y mucho menos me hundiré contigo.”

Elena asintió, tragando el nudo en su garganta.

“Lo entiendo.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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