Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 61
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 61: Capítulo 61
***
El sol de la tarde no calentaba; abrasaba con una insistencia casi personal.
Elena caminaba por el asfalto del estacionamiento de la escuela sintiendo que el aire era demasiado espeso para sus pulmones.
Cada paso que daba hacia su auto era un acto de voluntad pura, una lucha contra la inercia de una jornada que la había dejado emocionalmente vacía.
Sus dedos apretaban la correa de su bolso con tal fuerza que los nudillos, blancos y prominentes, parecían a punto de rasgar la piel.
Al llegar a su vehículo, lo vio. Al principio pensó que era una multa, o un panfleto publicitario de algún producto… lastimosamente cuando lo vio con más detalle se dio cuenta de que era un sobre blanco, pulcro, sujeto bajo el limpiaparabrisas como una daga lista para ser clavada en el corazón de su breve libertad.
Elena se quedó inmóvil. El ruido de los estudiantes que aún merodeaban por las cercanías, las risas de los chicos del equipo de fútbol y el rugido de los motores arrancando se convirtieron en un zumbido lejano.
Sus manos temblaron cuando alcanzó el papel. No necesitando abrir el sobre para saber lo que contenía o quien lo había dejado ahí… después de todo acaba de reunirse con el hace unos momentos.
Suspirando mientras se acariciaba la frente con una mano lo tomó sintiendo el inicio de un dolor de cabeza y entró en su auto, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en el estacionamiento como un disparo en una habitación vacía.
El silencio súbito fue peor. Dentro del coche, el calor acumulado la asfixiaba, pero ella no encendió el motor. Con los dedos entumecidos, bajo el vidrio para luego rasgar el sobre abriéndolo queriendo terminar con eso lo más pronto posible.
La fotografía cayó sobre su regazo.
Dicha fotografía era nítida, profesional. En ella, Elena y Sele aparecían en el porche de la casa de la playa. No era un beso explícito, pero la imagen capturaba una intimidad que ninguna “amistad” podía justificar: Sele tenía el rostro hundido en el cuello de Elena, y Elena reía con una expresión de abandono total, con los ojos cerrados y una mano enredada en el cabello oscuro de la joven acariciándolo.
Elena giró la foto con una náusea violenta subiéndole por la garganta. La letra de Alexander, elegante y angulosa, decía:
“Vuelve a casa esta noche, Elena… Deja de jugar a la rebeldía y retoma tu lugar. Si para las ocho no estás en el comedor, esta foto, junto con otras seis igual de interesantes, llegará al correo personal de Christina y de cada miembro de la junta escolar.
Tú decides si quieres terminar tu carrera pidiendo limosna en la calle, junto a esa… cosa que has elegido como amante. Sé una mujer inteligente y vuelve de una vez mientras sigo siendo amable.”
“Hijo de puta.” susurró Elena, y su voz sonó como el cristal rompiéndose bajo una bota.
Apretó la foto contra su pecho. La paranoia empezó a filtrarse por sus poros provocando que mirara a su alrededor, a través de los cristales.
¿Quién la miraba?
¿Había alguien en ese momento capturando su pánico?
Alexander no solo le había enviado una amenaza; contrato a alguien que la siguiera y reuniera pruebas.
Intranquila encendió el motor y salió del estacionamiento. El trayecto hacia la casa de Sele fue un borrón de luces rojas con su mente era un laboratorio en pleno accidente químico.
Como bióloga, sabía que el miedo era una señal para huir o luchar. Pero, ¿cómo luchas contra un hombre que tiene el poder de borrar tu reputación con un solo clic?
Al aparcar frente a la modesta vivienda de los Eleonor, el contraste la golpeó. La pintura descascarillada y el olor a humedad del distrito pobre. Entró en la casa intentando recomponer su máscara.
El “Ogro”, el padre de Sele, estaba sentado en el sofá con la televisión a todo volumen. Ni siquiera se giró; solo soltó un gruñido y siguió con lo suyo.
Elena subió las escaleras casi corriendo, buscando la habitación de Sele.
Al abrir la puerta, encontró a Sele sentada en la cama con la guitarra. La luz de la tarde resaltaba sus tatuajes y esa expresión de concentración que siempre desarmaba a Elena.
“Ey, llegaste tarde, Day.” dijo Sele sin levantar la vista, ajustando una clavija. “Estaba a punto de cobrarte alquiler por el retraso.”
Sele sonrió, pero su expresión se marchitó al ver el rostro de Elena.
“Elena… ¿qué pasó? Estás blanca. Pareces un fantasma.”
Elena cerró la puerta y se apoyó en ella. Sintiendo como sus piernas se convertían en gelatina.
“Solo… ha sido un día largo, Sele… Mucho trabajo.” mintió, y la mentira le supo a ceniza.
Sele la estudió en silencio. Se acercó y tomó sus manos. Estaban calientes, un contraste casi doloroso con el frío glacial que sentía Elena.
“No me mientas. Sé cuándo me mientes… ¿Fue Christina? ¿Te… te suspendieron?”
“No, no es eso, de verdad.” Elena forzó una sonrisa. “Es solo Alexander. Mi abogado me llamó… las cuentas siguen congeladas y me abrumó más que de costumbre… Es todo.”
Sele la abrazó, envolviéndola en ese olor a café y cuero. Elena hundió el rostro en su hombro y cerró los ojos.
“Me muero de hambre.” dijo Sele contra su oído. “El Ogro se terminó la sopa, así que estamos por nuestra cuenta… Voy a darme una ducha rápida y pedimos pizza, ¿vale?”
Elena asintió. Necesitaba que Sele se fuera un momento. Necesitaba aire para pensar.
En cuanto escuchó el sonido del agua corriendo en el baño viejo, Elena sacó su teléfono. No llamó a su abogado, sino que llamó a Madison. Necesitaba confirmar que el seguro de vida que habían estado construyendo era real.
“Elena, justo iba a llamarte.” dijo Madison en cuanto atendió, su tono era una mezcla de urgencia y triunfo. “Eugene terminó de desencriptar los archivos del servidor espejo de Alexander… Lo que encontramos de Brasil es mucho más grande de lo que pensábamos.”
Elena se sentó en la silla del escritorio de Sele, rodeada de posters de bandas de rock, sintiendo que por fin encontraba un clavo ardiendo al que agarrarse.
Cuando Madison, Elena y Eugene se reunieron para pensar que hacer para ayudar a la pelirrubia con su divorcio. Madison pensó en averiguar que hacia Alexander en sus viajes para intentar usar lo que descubrieran a favor de la Day.
Al principio no pensaron descubrir gran cosa… esperaban obtener pruebas de una infidelidad claras o como mínimo imágenes un poco comprometedoras para devolver fuego con fuego.
Lo que ninguno espero fue que después de mesclar ayuda de conocidos, experiencias en temas un poco ilegales, contraseñas junto a uno que otro dato sacado de ciertos documentos llevara al grupo a toparse con un santo grial… metafóricamente hablando claro está.
“Cuéntame exactamente qué hay, Madison… Alexander me tiene acorralada. Me envió una foto… tiene un detective o algún tipo de acosador que me sigue de cerca desde no sé cuándo… dice que, si no vuelvo con él a las ocho, enviará todo a la junta escolar.”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com