Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 62
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Capítulo 62: Capítulo 62
***
Madison soltó una maldición por lo bajo.
“Pues dile que se prepare, porque tenemos el detonante de su propia ejecución profesional… Escucha bien… ¿Recuerdas su viaje a Sao Paulo en febrero?… El que te dijo que era una conferencia de inversores?”
“Sí, lo recuerdo perfectamente. Fue cuando me quedé sola y… bueno, cuando todo empezó todo con Sele.”
“Pues no hubo tal conferencia, Elena.” la voz de Madison goteaba desprecio. “Eugene rastreó los movimientos de la tarjeta corporativa y los cruzó con los registros de una empresa pantalla llamada Eliz-Brasil Consultoría… La encontramos hace tres días, cuando Eugene logró entrar en tu laptop antigua… Alexander usó ese viaje para desviar casi dos millones de dólares de la cuenta conjunta de la firma hacia una cuenta privada en el Banco do Brasil a nombre de esa consultora inexistente.”
Elena sintió que el corazón le daba un vuelco.
“¿Malversación?”
“Peor.” continuó Madison. “Lo hizo el 28 de febrero, a las tres de la tarde. Mientras tú estabas en casa creyendo que él trabajaba duro, él estaba firmando transferencias que violan tres leyes federales de fraude financiero… Pero eso no es todo. Lo encontramos el martes por la noche, cuando una conocida ayudó a Eugene a filtrar los metadatos de las fotos que Alexander guardaba en su carpeta oculta… Hay fotos, Elena. Pero no de él trabajando. Hay fotos de Alexander en un club privado de Sao Paulo con otro hombre… Un tal Paulo.”
“¿Alexander? ¿Con un hombre?… ¿es bisexual?” Elena parpadeo dos veces un poco sorprendida.
“Sí. Y no parecen socios de negocios. Las fotos son… un poco explícitas. Y lo más importante es que las facturas del club fueron pagadas con la misma cuenta donde desvió el dinero… No solo es un corrupto y un ladrón, sino que es un hipócrita de manual. Si él intenta usar una cláusula de moralidad contra ti por estar con una chica, tú puedes hundirlo no solo por su sexualidad —que a la junta le daría olímpicamente igual— sino por el robo masivo y el fraude a sus socios.”
Elena cerró los ojos, visualizando la estructura del poder de Alexander desmoronándose desde los cimientos mientras su esposo veía todo desde arriba y no podía hacer nada para impedirlo.
“¿Cómo lo consiguieron tan rápido?” preguntó Elena, todavía asombrada.
“Eugene es un genio, Day. Utilizó el rastro de las cookies de la sesión que Alexander dejó abierta… El idiota de seguro pensó que tú nunca entrarías en las carpetas que tenía guardadas en el sistema. Eugene pasó dos noches enteras sin dormir rastreando cada conexión IP… comparando fechas y viendo de un lado a otro hasta que logro confirmarlo todo ayer por la tarde.”
Elena miró hacia la puerta del baño. El sonido del agua seguía allí, constante.
“¿Tienes las pruebas listas para poder usarlas?… ¿Los números de cuenta y las fotos?”
“Lo tenemos todo en una unidad flash junto a una copia física por si acaso nada más las obtuvimos… Y Eugene subió una copia a una nube encriptada a la que solo nosotros tenemos acceso hace unas horas… Si Alexander aprieta el gatillo contra ti, nosotros le volamos la cabeza profesionalmente cinco minutos después.”
“Madison… esto cambia todo… Él cree que soy débil porque no tengo dinero. No sabe que tengo su libertad en mis manos.”
“No se lo digas todavía.” advirtió Madison. “no podemos revelar nuestra mano todavía… Solo ten en cuenta que, si el idiota se atreve a mandar las fotos a la junta, nosotros enviamos los archivos de Brasil al FBI y a sus socios en Chicago… Él no solo perdería el trabajo, iría a la cárcel… y no creo que haga falta que te diga lo que le harán los presos cuando llegue ahí.”
Elena colgó la llamada justo cuando el agua de la ducha se detenía.
Guardó el móvil en el fondo de su bolso, junto a la foto amenazante de Alexander. El peso del papel ya no se sentía como una sentencia de muerte, sino como el último estertor de un animal que no sabe que ya ha sido cazado.
Sele entró en la habitación poco después, envuelta en una toalla, con el cabello goteando y la piel un poco rosada. Se veía tan joven, tan ajena a la guerra financiera y legal que se libraba sobre su cabeza.
“¿Con quién hablabas?” preguntó Sele, frotándose el pelo con otra toalla. “Te escuché susurrar algo sobre…”
Elena se levantó y caminó hacia ella, rodeándole la cintura con los brazos. Sintió la humedad de la piel de Sele y el latido tranquilo de su corazón.
“Con Madison. Estaba… organizando algunas cosas para el divorcio. No te preocupes.”
Sele la miró a los ojos, buscando algo.
“Pareces… diferente. Ya no tienes esa sombra en los ojos. ¿Qué te dijo?”
Elena le dio un beso suave en los labios, un beso que le gustaba pensar a la pelirrubia que sabía a esperanza y a una venganza largamente esperada.
“Me dijo que las paredes de cristal de Alexander son mucho más frágiles de lo que él cree. Y que no vamos a dejar que nos rompa, Sele… sin importar lo que pase mañana.”
***
Eran las ocho y un minuto cuando el celular de Elena vibró en el bolso. Mostrando un mensaje de Alexander: “Has tomado tu decisión… recuerda que tu quisiste y te hiciste esto… Disfruta de la caída.”
Dicho mensaje paso inadvertido tanto para la pelirrubia, quien esta extasiada con la sensación de seguridad que Madison y Eugene le dieron. Como para la pelinegra, quien está contenta con el ánimo recuperado de su pareja estando más que dispuesta a seguirla de momento no queriendo sacarla de dicho estado por el momento.
“Pidamos esa pizza.” dijo Elena con una sonrisa que Sele no lograba descifrar, pero que la hizo sentir, por primera vez en semanas, que ambas estaban realmente a salvo.
La noche cayó sobre la ciudad, y mientras Alexander enviaba sus correos de odio desde su mansión solitaria, Elena se acurrucaba en un colchón hundido, pensando que el descubrimiento de Madison y Eugene era el escudo que protegería su futuro con su pelinegra.
El viaje a Brasil, que Alexander pensó que era su secreto más oculto, se había convertido en la llave de la celda de Elena. Y ella estaba más que dispuesta a girarla.
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