Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 63
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Capítulo 63: Capítulo 63
***
El despertador de Sele no tuvo que esforzarse mucho para sacar a Elena del sueño, porque ella ya estaba despierta… medio despierta mejor dicho… pues se encontraba con los ojos cerrados acariciando la nuca de la pelinegra mientras se encontraba perdida en sus pensamientos.
La pelirrubia se quedó inmóvil en el colchón individual, sintiendo el calor del cuerpo de la joven a su lado, una calidez que se sentía como el último refugio en un mundo que, fuera de esas cuatro paredes empapeladas de rock, se había vuelto gélido.
La luz del amanecer se filtraba por las persianas por uno que otro gueco, proyectando rayas de luz sobre el techo, convirtiendo las sombras en barrotes de una celda invisible.
Eran las seis de la mañana. El día uno del fin de su vida tal como la conocía.
Elena se giró lentamente para observar a Sele cuando abrió los ojos. Dormía con una paz que la Day envidiaba y protegía a partes iguales.
En la penumbra, las líneas de su mandíbula y el desorden de su cabello oscuro la hacían parecer invencible, una guerrera en reposo.
Pero Elena sabía que Sele era la pieza más expuesta en el tablero de Alexander. Si su todavía esposo decidía mover su torre, Sele sería el primer daño colateral.
Con un suspiro silencioso, Elena se deslizó fuera de las sábanas. Con cada músculo de su cuerpo protestando por la tensión acumulada. Se vistió con movimientos mecánicos, eligiendo un traje de pantalón azul marino y una blusa de seda blanca.
Era su armadura de guerra, el uniforme de la Profesora Day que se negaba a doblegarse incluso cuando el suelo empezaba a agrietarse bajo sus pies.
“Te ves como si estuvieras repasando tu propio testamento, Day.” la voz de Sele, ronca y pastosa por el sueño, rompió el silencio. La pelinegra estaba apoyada en un codo, mirándola con esos ojos negros que parecían leerle el alma incluso en medio de la oscuridad.
Elena forzó una sonrisa mientras se abrochaba la blusa.
“Solo es el lunes, Sele… Los lunes siempre se sienten como una sentencia indiferentemente de si es una fecha importante o no.”
Sele se levantó y caminó hacia ella, envolviéndola en un abrazo por la espalda. El contacto de su piel cálida contra la seda fría de la blusa hizo que Elena cerrara los ojos con fuerza.
“Si ese idiota intenta algo hoy… si el mensaje de anoche era en serio…” Sele dejó la frase en el aire, apretando el abrazo.
“(Así que lo vio.)” Elena pensó recordando como su celular estaba en una posición diferente a como recordó haberlo dejado. Pero rápidamente se hiso una idea de la responsable y lo dejo de lado. “Alexander ladra mucho, Sele. Solo intenta asustarme.” mintió, besándole las manos. “Ve a vestirte. No queremos llegar tarde.”
El trayecto hacia la escuela fue un ejercicio de actuación. Sele puso música, pero Elena apenas la oía. Su mente era un mapa de ideas y planes.
Tenía el “as” de Brasil, la información de Madison sobre los fraudes de Alexander, pero sabía que Alexander dispararía primero.
El honor profesional era su bien más preciado, además de Sele, y él lo sabía. La reputación era de vital importancia cuando se trababa de mantener o conseguir un trabajo.
Al llegar al estacionamiento de su destino, el edificio de ladrillo rojo se alzaba como un tribunal… que el sol decidiera brillar con intensidad sin ninguna nube a la vista tampoco ayudaba mucho.
Elena caminó por los pasillos de linóleo brillante. El bullicio habitual de los casilleros y las risas de los estudiantes le resultaban familiares, pero hoy se sentían distantes, como si los viera a través de un cristal empañado.
Al entrar en la sala de profesores, el silencio fue instantáneo. Los murmullos se cortaron en seco. Sus colegas, el profesor Miller de Historia y la señora Higgins de Química, dejaron de hablar y la miraron con una mezcla de lástima y morbo. Elena no llegó a dejar sus cosas en su lugar cuando la voz de la secretaria de Christina, por el altavoz de la sala, confirmó su sospecha.
“Profesora Day, por favor, preséntese en la oficina de la dirección de inmediato.”
Elena no se movió durante cinco segundos. Sintió el peso de las miradas de sus compañeros en su nuca intensificándose.
Suspirando la pelirrubia enderezó los hombros, volvió a tomar su bolso y salió de la sala sin decir una palabra. Cada paso hacia la oficina de Christina sonaba como un eco de su propia caída en sus oídos.
Al llegar, la puerta estaba cerrada. La secretaria no levantó la vista de su teclado cuando le indicó que pasara haciendo un gesto con la mano.
Dentro, la atmósfera era asfixiante. Christina estaba sentada tras su escritorio de roble, con las manos entrelazadas y una expresión de profunda tristeza. A su lado, de pie como un buitre, estaba el abogado de la junta, un hombre de rostro afilado llamado Henderson.
Sobre la mesa, boca arriba, estaban las fotos. No solo la de la playa… Había fotos de ellas en el bar… de Sele entrando a su coche… de gestos que Elena creía invisibles.
“Elena.” dijo Christina, y su voz sonó rota. “Siéntate, por favor.”
Elena no se sentó. Se quedó de pie, mirando las fotos con una frialdad que la sorprendió.
“Supongo que Alexander ha sido un remitente muy activo esta madrugada.” dijo Elena, su voz firme, gélida. Pues una parte de ella, una pequeña, todavía esperaba que el hombre que una vez amo no siguiera sus amenazas y luego de un justificado tiempo de conflicto acompañado por insultos de ambas partes. Todo se solucionará con un divorcio donde cada quien se iba por su lado y quedaban de acuerdo en no verse nunca más.
“El señor Eis envió estas imágenes a las seis de la mañana a cada miembro de la junta y a mi correo personal.” intervino Henderson. “Adjuntó una denuncia formal por violación de la cláusula de moralidad y conducta inapropiada con una estudiante… Es una alumna bajo su tutela directa clave aclarar… dicho comportamiento es inaceptable.”
Henderson soltó un bufido de desdén.
“Elena Day, queda suspendida de sus funciones de forma inmediata y sin goce de sueldo.” anunció, extendiendo un sobre con el sello oficial. “Se le prohíbe la entrada a las instalaciones y cualquier contacto con los estudiantes. La junta formalizará su despido el viernes.”
“¿Y Sara?” preguntó Elena, y por primera vez su voz tembló. “Ella no ha hecho nada malo. No pueden castigarla por esto.”
“La señorita Eleonor será citada mañana para una entrevista disciplinaria. Su permanencia para la graduación está bajo revisión.” Concluyo Henderson. “Buen día señoras.” Se despidió yéndose a paso tranquilo indiferente al silencio que dejo.
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