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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 68

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Capítulo 68: Capítulo 68

***

El amanecer llegó con una luz cruda, sin filtros, obligando a Elena a abrir los ojos con una sensación de desorientación punzante.

Le dolía el cuello y la parte baja de la columna por la postura en el asiento y sentía la piel pegajosa, pero al ver a Sele durmiendo a su lado, con la luz del sol resaltando la vulnerabilidad de su rostro herido, el cansancio se transformó en una adrenalina fría y analítica.

Era el momento.

Era el momento de actuar, pero también el de medir los daños.

Después de que Sele se despertara por sí misma ambas salieron del estacionamiento y se dirigieron a un motel de carretera a las afueras de la ciudad, un lugar de paredes de estuco amarillento y letreros de neón medio fundidos.

Elena pagó en efectivo en la recepción, evitando el rastro digital de la única tarjeta que todavía podía usar, sintiendo la mirada suspicaz del recepcionista que apenas levantó la vista de su periódico.

La habitación olía a desinfectante barato y a humedad, pero ofrecía lo único que necesitaban… cuatro paredes lejos de miradas indiscretas.

En cuanto cerraron la puerta con el cerrojo, Elena sacó su teléfono. Sus dedos temblaban ligeramente mientras buscaba el número de Madison. Esperaba la confirmación del incendio… o más precisamente la noticia de que el imperio de Alexander estaba ardiendo en los servidores de Chicago.

“¿Madison?… Dime que ya está hecho.” dijo Elena en cuanto escuchó el clic de la conexión establecida.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, un silencio demasiado largo que hizo que el estómago de Elena se apretara sobre sí mismo.

“No los mandé, Elena.” soltó Madison finalmente. Su voz no era de derrota, sino de una cautela.

“¿Qué?” Elena se dejó caer en la única silla desvencijada de la habitación, sintiendo que el aire se le escapaba. “Madison, hablamos de esto… Él me destruyó ayer. Mandó las fotos, me dejó en la calle, le lavó el cerebro al padre de Sele y el imbécil nos hecho… ¡Tiene que pagar ahora mismo!”

“Escúchame, Day, y escúchame bien porque soy la única que está pensando con la cabeza fría.” la voz de Madison subió de tono, firme. “Si mandamos esos archivos al FBI y a la firma ahora, Alexander cae, sí… Pero tú caes con él. Sigues legalmente casada, muchas de esas cuentas están a nombre de los dos porque él falsificó tu firma… Si hay una investigación federal, tus activos se congelarán por años, podrías terminar imputada como cómplice hasta que se pruebe lo contrario y, lo más importante, perderías tu única moneda de cambio.”

Elena apretó el celular contra su oreja, mirando a Sele, que acababa de despertar y la observaba con ojos curiosos desde la cama.

“¿Moneda de cambio?” susurró Elena concentrándose en lo que más le llamo la atención.

“Extorsión, Elena. Vamos a llamarlo por su nombre.” continuó Madison. “Si publicamos los archivos, Alexander no tiene nada que perder y luchará como un animal herido. Pero si le enseñamos lo que tenemos… si le mostramos que sabemos lo de su Consultoría, lo de los dos millones desviados el 28 de febrero y, sobre todo, las fotos con Paulo en el club de Sao Paulo… lo tendremos de rodillas. Él valora su estatus por encima de su vida. Por lo que podemos obligarlo a firmar un divorcio limpio, a retirar la denuncia de la junta admitiendo su error y a desaparecer para siempre… Es una salida más rápida y segura para ti y para Sele.”

Elena cerró los ojos, procesando la profundidad de lo que Eugene había encontrado y lo que Madison le había dicho.

“¿Estás segura de que Eugene tiene pruebas de que él falsificó mi firma en los documentos de la consultora?” preguntó Elena.

“Eugene hizo un análisis prácticamente forense de los PDFs anoche.” confirmó Madison. “El trazo de la firma digital coincide con un patrón generado por software, no es tu pulso manual… Tenemos la prueba de que él te usó como escudo legal. Elena, tenemos al tiburón enganchado por las branquias… No lo mates todavía; haz que trabaje para ti.”

Elena colgó el teléfono lentamente y miró a Sele. La joven se incorporó en la cama, pasándose una mano por el cabello revuelto.

“¿Qué pasa?” preguntó Sele. “¿Por qué esa cara? ¿Alexander ya es historia?”

“Todavía no.” respondió Elena, acercándose a la cama y sentándose al borde. “Madison no mandó los archivos. Dice que es mejor usarlos para… negociar.”

“¿Negociar?” Sele saltó de la cama, la indignación brillando en sus ojos. “¡Elena, ese tipo nos dejó durmiendo en un coche!… ¡No quiero negociar, quiero verlo en la cárcel!”

“Yo también, Sele.” Elena le tomó las manos, intentando transmitirle la calma que ella misma apenas poseía. “Pero si va a la cárcel ahora, nos arrastra con él. Estaríamos años en juicios… Si lo extorsionamos con lo que encontramos en Brasil, podemos ser libres la semana que viene… Dinero, divorcio y que limpie nuestros nombres… Es la única forma de que tú puedas graduarte sin este escándalo sobre la cabeza.”

Sele apretó los dientes, mirando hacia la ventana sucia del motel. La idea de la justicia poética era tentadora, pero la realidad de su situación era aplastante pues no tenían casi nada.

“¿Y qué encontró exactamente el genio de Eugene?” preguntó Sele después de un momento.

“Encontró que mientras Alexander me decía que trabajaba en Brasil, estaba desviando millones de dólares a una cuenta privada. Y encontró que tiene un amante allá… Un hombre llamado Paulo.”

Sele soltó una carcajada seca, llena de incredulidad.

“¿En serio?… El gran defensor de la moralidad… hace lo mismo que tu pero cien veces peor?”

“Es un cobarde que vive una doble vida mientras castiga a los demás por vivir la suya. Pero esa doble vida es la que nos va a dar la libertad.” Respondió Elena asintiendo.

Se quedaron en silencio en la penumbra de la habitación del motel. Elena sentía el peso de la unidad flash que Madison le entregaría más tarde como si fuera un arma cargada… todos sabían que Alexander no cedería fácilmente; su ego era una fortaleza. Pero también sabía que el miedo al desprecio público y a la pérdida de su fortuna era su único punto débil.

“Entonces… qué sigue, profesora?” preguntó Sele, sentándose de nuevo al lado de Elena y apoyando la cabeza en su hombro.

Elena miró el techo, donde una mancha de humedad dibujaba un mapa caprichoso.

El “Ogro” estaba solo en su casa probablemente bebiendo, Alexander en su mansión y ellas en un motel de mala muerte.

“Sigue el enfrentamiento.” dijo Elena. “Vamos a dejar que Alexander crea que ha ganado durante veinticuatro horas más… Vamos a dejar que se sienta poderoso. Y cuando esté celebrando su victoria… le enseñaremos que su mundo de cristal ya está roto por dentro.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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