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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 69

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Capítulo 69: Capítulo 69

***

El aire acondicionado de la habitación del motel soltaba un zumbido asmático que parecía marcar el ritmo de los latidos de Elena.

La pelirrubia estaba sentada a los pies de la cama, con la luz de la mañana filtrándose por las cortinas de poliéster, observaba cómo Sele intentaba sintonizar una radio vieja en la mesita de noche que tenían.

El labio de la joven todavía tenía una leve hinchazón que le daba un aire de vulnerabilidad que hacía que Elena quisiera envolverla en algodón y esconderla del mundo entero.

Sin embargo, ya no había lugar para esconderse… o al menos no uno que le gustara a ninguna de las dos.

“¿No se está tardando mucho?” preguntó Sele, abandonando la radio y girándose hacia Elena mirándola algo intranquila.

“Seguramente esta atrapa en medio del tránsito… tranquila de seguro Madison no tarda en llegar.”

Como si el destino estuviera escuchando, tres golpes secos y rítmicos sonaron en la puerta. Elena se tensó durante un momento no pudiendo imaginar lo peor, pero Sele se puso en pie de inmediato, reconociendo el código que habían acordado por mensaje.

Al abrir. Madison entró asintiéndoles a ambas como saludo cargando un maletín de cuero junto a una bolsa de compras en cada mano.

“Dime que tienes buenas noticias.” dijo Elena, levantándose para recibirla.

Madison solo sonrió y caminó hacia la pequeña mesa redonda que servía de escritorio y abrió su maletín para luego sacar una computadora portátil de última generación y una pequeña unidad flash que brilló bajo la luz fluorescente del baño.

Sele se acercó, sentándose en el borde de la cama, observando la pantalla con una mezcla de fascinación y odio. Elena se colocó detrás de Madison, sintiendo que el frío de la habitación se intensificaba mientras los archivos empezaban a cargarse.

“Hablemos de la Consultoría de Brasil.” comenzó Madison, tecleando con rapidez. “Alexander no solo estaba desviando comisiones de la firma de Chicago… Como ya saben, el idiota estaba utilizando una red de gastos de representación inflados… en dichas cuentas encontró el rastro de doce transferencias de cien mil dólares cada una, realizadas en los últimos dieciocho meses. Todas terminaban en una cuenta puente en las Islas Caimán antes de aterrizar en Sao Paulo.”

“(¿Isla Caimán?)” Elena sintió que el suelo se movía. “(¿el idiota se atrevió a hacer contacto con ese tipo de personas?)”

“Y evasión fiscal a nivel federal.” añadió Madison, abriendo una carpeta llena de escaneos de documentos. “Pero aquí está nuestro que les va a dar la libertad… Mira estas firmas, Day.”

Madison amplió un documento PDF.

El archivo era una autorización de transferencia internacional fechada el 28 de febrero, el día en que Alexander estaba supuestamente en una conferencia en Brasil.

Al pie del documento, aparecía la firma de Elena, impecable, con ese trazo elegante que ella usaba para los contratos importantes.

“Yo nunca firmé eso.” dijo Elena, acercando el rostro a la pantalla. “Estaba en casa ocupada ese día hasta el tope corrigiendo trabajos hasta la madrugada… lo recuerdo porque me queme la mano preparando café… Alexander ni siquiera me pidió que viera y mucho menos firmara papel alguno.”

“Exacto… Eugene analizó los píxeles del trazo. Es una firma digital clonada… Alexander utilizó un programa para superponer tu firma en documentos de lavado de dinero… Si el FBI abre esta carpeta hoy, tú serías la principal sospechosa porque el dinero salía de tu autorización. Él te estaba usando como un paracaídas, Elena… Si algo salía mal, él podría alegar que tú eras la que gestionaba los activos extranjeros mientras él trabajaba.”

Sele soltó una maldición baja, golpeando el colchón con el puño.

“Ese maldito cobarde…” siseó. “Te estaba preparando para ir a la cárcel por él.”

“No solo eso.” continuó Madison, bajando por la lista de archivos. “Encontramos los correos electrónicos personales que intercambió con el tal Paulo… No son correos de negocios. Son reservas de hoteles boutique, recibos de regalos de Cartier y fotos… bueno, fotos que Alexander nunca querría que la junta viera… La hipocresía es absoluta. Él usa una cláusula de moralidad contra ti mientras financia una vida de lujo clandestina con dinero robado de su propia firma y de su propia esposa.”

Elena se alejó de la mesa, caminando hacia la ventana. Miró a través de la rendija de la cortina el estacionamiento vacío del motel.

Durante cinco años había vivido con un hombre que no solo no la amaba del todo, sino que la consideraba una herramienta, un escudo humano para sus ambiciones y sus vicios.

“¿Por qué no lo mandamos a la policía ahora mismo?” preguntó Sele, levantándose y mirando a Madison con urgencia. “¡Húndelo! ¡Que se pudra en una celda!”

Madison suspiró, ya esperando la reacción de la pelinegra, por lo que solo la miro de reojo mientras la pelirrubia respondía.

“Porque si lo mandamos ahora, Sele, perdemos el control.” explicó Elena. “Alexander conoce a los mejores abogados gracias a sus conexiones… Si hay una investigación federal, mis cuentas personales se congelarían por años. El escándalo de nuestra relación maestra estudiante sería lo de menos; me vería envuelta en un proceso de fraude que me destruiría profesionalmente mucho antes de que se probara mi inocencia… Estaríamos atadas a él durante una década de juicios como mínimo.”

Sele frunció el ceño, cruzando los brazos sobre su pecho.

“¿Entonces qué? ¿Le dejamos irse de rositas?”

“No.” intervino Madison, cerrando la computadora. “Le damos una opción… Elena tiene ahora algo que Alexander valora más que su propia vida: su estatus. Si esto sale a la luz, Alexander no solo pierde el trabajo; pierde su libertad, su nombre y la posibilidad de volver a trabajar en finanzas en su vida… No vamos a ir a la policía… todavía… primero vamos a hacerle una pequeña extorción a su oficina.”

Elena se giró, y en sus ojos azules ya no había rastro de la mujer asustada que había huido de la mansión.

“Madison tiene razón.” dijo Elena. “Aunque extorsión es una palabra fea… negociación bajo presión… suena mucho mejor… Tenemos los archivos de Brasil… Tenemos las pruebas de que él falsificó mi firma… Tenemos las fotos de Paulo… Si Alexander quiere conservar su libertad, así como su imagen, va a tener que comprarla.”

“¿Y qué le vamos a pedir?” preguntó Sele, empezando a captar la magnitud del plan.

“Libertad.” respondió Elena, acercándose a la mesa y tomando la unidad flash entre sus dedos. “Un divorcio exprés donde él admita la culpa por diferencias irreconciliables sin mencionar a Sele ni la cláusula de moralidad… Una compensación económica justa… Y lo más importante: una carta firmada por él a la junta escolar retirando todas las acusaciones y admitiendo que las fotos fueron editadas en un intento de manipulación en medio de un divorcio difícil.”

“¿Estás segura de esto, Day?” preguntó Sele en un susurro. “Una vez que le enseñemos esto, no habrá vuelta atrás… Él sabrá que ya no le tienes miedo y podría reaccionar a eso.”

“Esa es la idea, Sele… Alexander siempre ha ganado porque me ha hecho sentir pequeña… Pero ahora?… ahora yo soy la que lo hará sentirse así.”

“Necesitamos preparar el documento.” dijo Elena mirando a Madison. “Quiero copias físicas… Quiero que cuando nos sentemos frente a él, pueda tocar las pruebas de su propia caída.”

“Eugene ya se te adelanto… esta preparando un documento impreso ahora mismo.” Madison se rio entre dientes. “incluso agrego las facturas cruzadas con sus itinerarios de vuelo… Es un caso cerrado.”

Sele se acercó a Elena y le puso una mano en el hombro.

“¿Y después de que lo tengamos de rodillas?” preguntó Sele.

“Después… nos iremos.” dijo Elena, mirando a Sele con una ternura que contrastaba con su tono anterior. “Nos iremos a un lugar donde nadie sepa quién somos… Empezaremos de cero, Sele… Tú con tu música y yo… yo buscaré otra forma de enseñar o invertiré una parte de lo que obtengamos.”

Sele sonrió, y por primera vez en días, la sonrisa fue completa, iluminando su rostro a pesar de los moratones que ya desaparecían.

“Me gusta ese plan, Day… Pero antes de irnos… quiero verle la cara cuando le digas que tú también tienes fotos.”

Elena soltó una risa corta y decidida.

“Madison, quédate con Sele.” Ordenó tomando su celular. “Tengo que reunirme con mi abogado… Si Alexander tiene un detective, querrá saber dónde estoy… Que me vea entrando en un despacho legal. Que crea que estoy preparando una defensa débil… mientras nosotros preparamos el final.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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