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Amor Juvenil (R-18) - Capítulo 8

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8: Capítulo 8 8: Capítulo 8 “Te he imaginado así tantas veces que ahora que te tengo, me parece que voy a despertarme en cualquier momento.” susurró Sele, su voz vibrando contra el pecho de Elena.

“Entonces deja de titubear y has tus fantasías realidad.” jadeó Elena, sintiendo el aire frío de la habitación golpear su piel desnuda antes de que el calor de Sele la cubriera de nuevo.

“No me dejes pensar, Sele… si pienso, me detendré… si me detengo, me romperé.” La pelinegra se incorporó, quedando de rodillas sobre el colchón.

Sus labios se encontraron con una ferocidad renovada, y bajó sus manos para abrir las piernas de Elena con una determinación implacable.

“Voy a hacerte olvidar hasta tu propio nombre.” prometió Sele contra su boca.

“Solo vas a saber decir el mío.” Sele bajó por su cuerpo, besando su vientre, mordiendo suavemente la piel de sus muslos internos hasta que Elena estaba temblando de anticipación.

Cuando Sele finalmente usó su boca para devorarla, la pelirrubia soltó un grito que se perdió en las sábanas.

La lengua de la Eleonor era experta, moviéndose con un ritmo que buscaba precisamente lo que la Day necesitaba.

“¡Oh, Dios!

¡Sele!” Elena hundió los dedos en el cabello de la chica, tirando con fuerza tratando de acercarla más.

“¡Más…

ahí, justo ahí!” “Mírame, Elena” ordenó Sele, separándose un segundo, sus labios brillando por la humedad.

“Quiero que veas quién te está haciendo esto… que no es tu marido, sino nadie más que yo.” Sele sonrió, una expresión depredadora, y se posicionó entre las piernas de Elena.

La dureza de la pelinegra presionó contra la entrada de la pelirrubia, un contacto que hizo que ambas jadearan.

“Por última vez… ¿estás lista para esto?” preguntó Sele, su voz era un susurro ronco.

“Una vez que entre, Elena, no habrá vuelta atrás.

Ya no seré solo tu alumna.

Sino que seré la mujer que te destrozó para volver a armarte.” “Hazlo.” suplicó Elena, rodeando la cintura de Sele con sus piernas y tirando de ella hacia abajo.

“Destrózame de una vez.” Sele se hundió en ella con un movimiento firme y fluido.

El gemido que escapó de los labios de Elena fue algo primitivo, una mezcla de alivio y un placer tan intenso que bordeaba el dolor.

“Mierda, Elena…

estás tan estrecha…

tan caliente.” gruñó Sele, enterrando el rostro en el hueco del cuello de la profesora.

“Me vas a volver loca.” “No te detengas” jadeó Elena, moviendo sus caderas al ritmo de las embestidas de Sele.

“Sigue…

más profundo…

Sele, por favor…” Sele comenzó a moverse con un ritmo pausado pero implacable, cada embestida sacudiendo el cuerpo de Elena contra el colchón.

El sonido de sus cuerpos chocando, el roce de la piel sudada y los suspiros entrecortados llenaron la habitación.

Sele no dejaba de hablar, de susurrarle obscenidades y promesas de adoración al oído, manteniendo a Elena en un estado de éxtasis constante.

“¿Sientes eso?” preguntó Sele, acelerando el ritmo.

“¿Sientes cómo te reclamo?

Eres mía, Elena Eis….

ni Alexander, ni nadie te ha tenido así.” “Solo tú…” Elena cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás, con las venas del cuello marcadas.

“¡Solo tú!

Me estás quemando, Sele…

¡Me quemo!” “Entonces arde conmigo.” respondió Sele, sujetando las manos de Elena contra la almohada, entrelazando sus dedos con fuerza.

El placer comenzó a subir en oleadas, cada movimiento de Sele parecía ser calculado, golpeando el punto exacto que hacía ver estrellas a la mayor en el límite de su visión.

“Sele, voy a…

voy a llegar.” advirtió Elena, con la voz rota por los espasmos que ya empezaban a recorrer sus muslos.

“No te guardes nada.” le ordenó Sele, aumentando la velocidad, su propia respiración volviéndose errática.

“Dame todo, quiero sentir cómo te vienes para mí.

¡Dámelo todo, Elena!” Elena soltó un grito que desgarró la noche cuando el orgasmo la alcanzó en una explosión de colores detrás de sus párpados, una sacudida que la dejó sin aire.

Sus músculos se contrajeron alrededor de Sele, aprisionándola, mientras la mencionada soltó un gruñido gutural antes de seguirla al abismo.

Mientras esta se hundió una última vez, con una fuerza que hizo que la cama se desplazara unos centímetros, y se quedó allí, vibrando contra Elena mientras ambas se perdían en el clímax.

El silencio que siguió fue denso, interrumpido solo por sus respiraciones agitadas.

Sele se dejó caer sobre Elena, mientras la ultima la rodeó con sus brazos, acariciando su espalda sudada, sintiendo los latidos del corazón contra su propio pecho.

“Dime que no estás arrepentida.” susurró Sele después de un rato, sin levantar la cabeza.

Elena rio y besó la coronilla de la chica, aspirando su aroma, una mezcla de su propio perfume caro, sudor y algo puramente instintivo.

“¿Cómo podría arrepentirme de sentirme viva por primera vez en meses?” respondió Elena con suavidad.

“Gracias, Sele… Gracias por recordarme quién soy debajo de todos estos títulos y vestidos caros.” Sele se incorporó un poco, apoyando los codos a los lados de la cabeza de Elena.

Sus ojos negros estaban llenos de una intensidad que hizo que Elena temblara de nuevo.

“Esto no ha sido solo por una noche, Elena.

Lo sabes, ¿verdad?” Sele acarició el labio inferior de la profesora con el pulgar.

“Ahora que he probado el paraíso, no voy a dejar que me echen de él sin pelear con todo lo que tengo.” “Alexander volverá en tres días.” murmuró Elena en voz baja como si eso convirtiera esa verdad en una mentira.

“Que vuelva.” replicó Sele con una frialdad que asustaría a cualquiera que no la conociera.

“Él tiene tu nombre en papel y tu casa… mientras yo tengo tu cuerpo, tu placer y, a partir de esta noche, tengo tu lealtad… él ya perdió, aunque todavía no lo sepa.” Sele se inclinó y la besó de nuevo, un beso que ya no era de hambre, sino de posesión.

Elena respondió con la misma entrega, sabiendo que acababa de cruzar una línea de la que no había retorno.

El vacío que la había atormentado fue sustituido por el fuego que Sele había encendido en sus entrañas.

“No me dejes sola esta noche.” pidió Elena contra sus labios.

“Nunca.” prometió Sele, volviendo a bajar sus manos para despertar de nuevo el deseo de Elena.

“Todavía queda mucha noche por delante, profesora… Y yo apenas estoy empezando contigo.” Sele volvió a moverse, y Elena se entregó de nuevo al caos, olvidando el mundo exterior, olvidando las consecuencias y, sobre todo, olvidando el nombre del hombre que solía llamar esposo.

En esa cama, solo existía Sele y la gloriosa destrucción que traía a su paso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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