Añadiré Puntos a Todas las Cosas - Capítulo 55
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55: ¿Tu teléfono produce en masa?
55: ¿Tu teléfono produce en masa?
—¿Dónde está mi teléfono?
¿Adónde se ha ido?
—masculló la chica mientras buscaba en su bolso.
Su Yang se acercó a ella tras localizar a su objetivo.
—¿Hola, te pasa algo?
Para su sorpresa, no le respondió.
En vez de eso, miró a Su Yang con recelo antes de dar un paso atrás, darse la vuelta y seguir buscando en su bolso.
Su Yang era un veterano lidiando con situaciones como esta.
Muchas veces en el pasado, los objetivos desconfiaban de él, así que ya tenía su propia forma de manejarlo.
Normalmente, en situaciones problemáticas como esta, una chica no aceptaría sin más la ayuda de desconocidos, ya que tendría miedo de toparse con gente mala o con segundas intenciones.
Por lo tanto, el plan de Su Yang era dejar claras sus «segundas intenciones».
—Estaba a la vuelta de la esquina y vi que parecías tener problemas.
Si puedo ayudarte en algo, cómprame una taza de té de burbujas o intercambiamos contactos.
¿Qué te parece?
La chica entonces se giró hacia Su Yang.
Dudó un momento y dijo: —¿Puedes prestarme tu teléfono?
Su Yang sacó a Deeny y se la dio.
—Toma.
Dada lo lista que era Deeny, no se delataría.
La chica marcó rápidamente un número después de coger a Deeny.
La llamada se conectó y la chica señaló a un lado, indicándole a Su Yang que quería hablar en privado un momento.
Su Yang hizo un gesto de «OK» con la mano y la chica se apartó.
A cierta distancia, empezó a hablar tapándose la boca con la mano y farfulló por el teléfono.
A juzgar por su lenguaje corporal, estaba agitada y ofendida.
Parecía una persona totalmente distinta a la de antes.
La llamada duró cinco minutos enteros.
La chica soltó un largo suspiro antes de volver junto a Su Yang.
La expresión dulce volvió a su rostro y, esta vez, fue mucho más amable con él.
—Muchas gracias.
—De nada.
La chica le devolvió a Deeny a Su Yang y, en el proceso, pudo ver bien el teléfono y se sorprendió.
—¿Eh?
Tu teléfono es muy bonito.
Es fino y ligero, e incluso tiene una pantalla completa.
Su Yang recuperó a Deeny.
Se la guardó en el bolsillo y sonrió.
—Es un producto de la empresa de un amigo.
La chica mostró un poco de interés.
—¿Se produce en masa?
¿Cuánto cuesta?
Su Yang se encogió de hombros.
—De momento no, así que este es el único que hay.
La chica suspiró.
—Los teléfonos de aquí son cada vez mejores.
He perdido mi teléfono.
Quizá debería dejar Apple de una vez por todas.
Cuando Su Yang oyó lo que dijo, aprovechó la oportunidad y preguntó: —¿Te han robado el teléfono?
Quizá porque Su Yang la había ayudado antes, estaba menos recelosa.
Suspiró y dijo: —Creo que sí.
No me importa perder el teléfono, pero tengo mucha información privada dentro.
Me temo que algo podría salir mal.
No soy de aquí.
Vine a Shanghai por negocios y me voy mañana.
Así que acabo de llamar a mi amiga para pedirle que me bloquee el teléfono mientras tanto.
Su Yang lo pensó un momento.
El sistema aún no le había notificado la finalización de la misión, así que la misión debía de estar lejos de terminar.
«Lo sabía.
Prestarle el teléfono fue demasiado sencillo.
Parece que tengo que ayudarla a recuperar su teléfono».
Con eso en mente, le dijo a la chica: —Espera un momento.
Voy a hacer una llamada a ver qué puedo hacer.
La chica se bajó las gafas de sol.
Un par de ojos vivaces miraron fijamente a Su Yang.
—¿Puedes recuperarlo?
Su par de ojos le resultaban muy familiares, como si Su Yang los hubiera visto sin querer en otro lugar antes.
—No puedo asegurarlo.
Tendré que preguntar primero.
Después de eso, Su Yang imitó la acción de la chica y se apartó.
Llamó al Viejo Sexto Liu.
…
El Viejo Sexto Liu estaba jugando al mahjong en el centro de mahjong.
Con él en la mesa había otros dos tipos conocidos, que eran los gánsteres a los que Su Yang había dado una paliza el otro día.
El más bajo estaba frente al Viejo Sexto Liu.
Cogió una ficha, la ojeó y la descartó.
—¡Pollito![1]
Después de eso, dijo: —Hermano Seis, ¿por qué tienes el ojo izquierdo morado otra vez?
El Viejo Sexto Liu cogió una ficha, la ojeó y suspiró.
—Ni lo menciones.
Hace dos días perdí el Siwan de mi mujer.
Busqué a esa cosita durante toda la noche y lo encontré, pero aun así mi mujer me dio una paliza.
El gánster gordo que estaba al lado del Viejo Sexto Liu rio por lo bajo.
—Hermano Seis, tu mujer es muy guapa.
¿De verdad te pega?
No me lo creo.
El Viejo Sexto Liu se rio con impotencia.
—No la has visto enfadada.
Puede partir una mesa de mármol por la mitad de un puñetazo fácilmente.
El gánster gordo se estremeció.
—Hermano Seis, suena a que estás exagerando.
El Viejo Sexto Liu hizo un puchero.
—¿Exagerando?
¿Qué voy a exagerar?
Una vez la vi derrotar a cinco hombres ella sola en el club de artes marciales.
En menos de un minuto, los cinco estaban noqueados.
Si no fuera porque temo que me mate si le menciono el divorcio, hace tiempo que me habría divorciado de ella.
Los cuatro hombres estaban sentados alrededor de la mesa de mahjong, charlando sobre lo fiera que era la mujer del Viejo Sexto Liu.
Fue entonces cuando sonó el teléfono del Viejo Sexto Liu.
El Viejo Sexto Liu lo cogió y vio el número de Su Yang.
Su cara se ensombreció de inmediato.
«¡Este mocoso es mi perdición!
Por fin me he recuperado de la paliza de una semana, pero cuando vino a que le recargara el teléfono, ¡perdí al perro y mi mujer volvió a darme una paliza!».
El Viejo Sexto Liu estaba alterado y quiso rechazar la llamada.
Entonces, el gánster gordo a su lado echó un vistazo al identificador de llamadas.
Se aclaró la garganta y le recordó al Viejo Sexto Liu: —Hermano Seis, este mocoso es de mal agüero.
Si no le contestas, ¿y si viene a buscarte en persona?
«Cierto… ¿cómo he podido olvidarlo?
Este mocoso…».
Con eso en mente, el Viejo Sexto Liu contestó al teléfono a regañadientes.
—Hola, Hermano Seis, ¿estás libre para hablar?
—la voz de Su Yang llegó desde el otro lado del teléfono.
El Viejo Sexto Liu gruñó como respuesta.
—¿Has comido?
—Sí.
—Genial.
Tengo que preguntarte algo.
¿Conoces al jefe de los carteristas de la Avenida Luz Estelar?
Al Viejo Sexto Liu le empezó a crispar el ojo.
—¿Por qué quieres saberlo?
—Oh, no es nada, a una amiga le han robado el teléfono, así que planeaba tener una charla con el jefe —dijo Su Yang con indiferencia.
El Viejo Sexto Liu se quedó en silencio un momento antes de decir: —No conozco a ninguno.
—Hermano Seis, ¿cómo puedes ser así?
No estás siendo lo bastante generoso.
Solo quiero conocer a nuevos amigos.
Vamos, preséntamelo.
Si no lo haces, iré a hablar contigo en persona.
Las venas empezaron a marcarse en la frente del Viejo Sexto Liu.
«¡Este mocoso me está jodidamente amenazando!
¡Es una amenaza descarada!».
El Viejo Sexto Liu soltó la respuesta apretando los dientes: —¡Su Yang!
¡Te lo advierto!
¡Esta es una sociedad regida por la ley!
¡No creas que puedes estar por encima de la ley solo porque sabes pelear!
Su Yang se rio entre dientes.
—Hermano Seis, mírate.
¿De qué hablas?
Soy un estudiante de triple virtud: hablo bien, hago el bien y pienso bien.
¿Por qué iba a pelear?
Pelear es ilegal, pero robar también.
El Viejo Sexto Liu gruñó con frialdad: —Si es ilegal, ¡ve y pon una denuncia!
¡A ver si la policía puede ayudarte a encontrar tus cosas!
—Hermano Seis, ¿crees que puedo apuñalarte 20 veces y que la policía ni siquiera sabrá que he sido yo?
El Viejo Sexto Liu apretó los dientes con fuerza.
No se lo creía, pero aun así tenía miedo.
«Este pequeño cabrón es un gánster de verdad.
Podría apuñalarme de verdad…».
El Viejo Sexto Liu respiró hondo y pesadamente.
—Dime qué lleva puesto tu amiga hoy.
—¡Gracias, Hermano Seis!
[1] «Pollito» es la jerga para la ficha de mahjong «1 de bambú».
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