Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Ansiando al atractivo prometido de mi madre - Capítulo 19

  1. Inicio
  2. Ansiando al atractivo prometido de mi madre
  3. Capítulo 19 - 19 CAPÍTULO 19 Rechazo y liberación
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

19: CAPÍTULO 19 Rechazo y liberación 19: CAPÍTULO 19 Rechazo y liberación POV de Melissa
«Lamentamos informarle de que su solicitud para el puesto de gerente de relaciones públicas no ha sido aceptada en esta ocasión».

Me quedé mirando el correo en la pantalla de mi portátil.

Luego, solté un quejido tan fuerte que Aria probablemente me oyó tres pisos más abajo.

—¡La quinta vez!

—me lamenté en mi habitación vacía, dejándome caer de espaldas en la cama como una teatrera dramática—.

Quinta.

Puta.

Vez.

Mi móvil vibró con rechazos que ni siquiera había abierto aún:
Brooklyn Nets: Hemos decidido proceder con otros candidatos…

New York FC: Su porfolio es prometedor, sin embargo…

—¿Sin embargo QUÉ?

—agarré la almohada y grité contra ella.

Este era mi sueño, ser Relaciones Públicas y quizá echarle el guante a todas
esas jugosas fotos de eventos deportivos.

Trabajar con equipos profesionales.

Capturar esos momentos perfectos de triunfo y derrota.

Y se me daba bien…, mi porfolio lo demostraba.

Pero, al parecer, no lo suficiente.

Sentí que las lágrimas, ardientes y frustradas, me escocían en los ojos.

Empezó a moquearme la nariz, porque claro que sí.

Yo era el tipo de persona a la que le moquea la nariz cuando llora, lo que solo empeoraba las cosas.

Agarré un pañuelo de papel de mi mesita de noche y me lo metí en la fosa nasal como una especie de solución demente en forma de tapón de pañuelos.

Mi esponjosa diadema rosa…, esa que hacía que pareciera una niña de cinco años preparándose para dormir…, se había torcido en mi cabeza por mi dramática caída.

Vi mi reflejo en la pantalla del móvil.

Con un pañuelo en la nariz y mi diadema rosa esponjosa.

Sudadera ancha con una mancha del café de esta mañana.

Pantalones de pijama con nubecitas.

Tenía un aspecto absolutamente ridículo.

—Esta es mi vida ahora —anuncié a la nada—.

Receptora profesional de rechazos.

Futura señora de los gatos.

Taponadora de nariz con pañuelos.

¿La peor parte?

Podría simplemente pedírselo a Gavin.

La sola idea hizo que me entraran ganas de volver a gritar contra la almohada.

Era el dueño de los Titanes de Nueva York, lo mejor de lo mejor.

Era dueño de OTRAS TRES FRANQUICIAS.

Probablemente tenía todos los contactos que yo necesitaba.

Una palabra suya y tendría un montón de entrevistas.

Pero no podía pedírselo.

Porque todo entre nosotros era raro, incorrecto y complicado.

Pedirle ayuda era como admitir algo que no podía permitirme admitir.

—Estúpido padrastro —mascullé, sacándome el pañuelo de la nariz y tirándolo a la papelera—.

Estúpido, exitoso, bien relacionado e injustamente atractivo padrastro que tiene que ser dueño de la industria exacta en la que quiero trabajar.

Mi portátil seguía abierto en la cama, mostrando aún aquel correo de rechazo.

Me quedé mirándolo un minuto más, dejando que la frustración creciera.

La decepción.

La impotencia de desear algo tanto y no tener control alguno sobre cómo conseguirlo.

Entonces cerré la pestaña del correo.

Y abrí un documento diferente.

El archivo se titulaba «Documento sin título 3» porque no era muy creativa con los nombres de los archivos.

Pero dentro había algo que nunca admitiría a nadie…, ni siquiera a Aria.

Mi proyecto secreto.

Mi placer culpable.

Mi afición completamente bochornosa.

Escribía erótica.

Publicaba con el nombre de usuario «ConfesionesDeMedianoche» en una web de ficción.

Escribía cada vez que me llegaba la inspiración.

¿Y últimamente?

La inspiración me golpeaba con fuerza y frecuencia.

Me desplacé hasta donde lo había dejado la noche anterior:
Sus manos le agarraron la cintura, atrayéndola hacia él con una fuerza apenas contenida.

Ella jadeó, sintiendo cada plano duro de su cuerpo a través de su fino vestido.

—Dime que pare —gruñó él contra su cuello.

—No puedo —susurró ella.

—Deberías.

—Lo sé.

Pero ninguno de los dos se movió.

Ninguno de los dos se apartó.

Lo releí, sintiendo cómo se me acaloraba la cara.

Respiré hondo y empecé a teclear, dejando que la frustración de esos correos de rechazo alimentara algo completamente diferente.

Algo que no podía tener en la vida real, pero que podía crear en la página.

La levantó y la sentó en el escritorio, esparciendo los papeles en los que ella había fingido trabajar.

Era su despacho, su espacio y, definitivamente, sus reglas.

—No deberías estar aquí —dijo él, pero sus manos contaban una historia diferente.

Se deslizaron por sus muslos, subiéndole la falda.

Mis dedos volaron por el teclado.

Esto estaba mal.

Muy mal.

Estaba escribiendo literalmente sobre…

No.

No sobre él.

Sobre un personaje de ficción.

Un desconocido.

Alguien que casualmente tenía ojos azul hielo y manos fuertes y una voz que hacía que le temblaran las rodillas.

Una completa coincidencia.

Ella sabía que esto estaba prohibido.

Sabía que habían cruzado límites que no podían desandar.

Pero cuando él la miraba así…

como si fuera lo único que importaba en su mundo cuidadosamente controlado…

no le importaba en absoluto.

—¿Qué es lo que quieres?

—preguntó él con voz ronca.

Ella debería decir que nada.

Debería irse.

Debería recordar todas las razones por las que esto nunca podría suceder.

En lugar de eso, lo atrajo hacia ella.

Escribí durante veinte minutos seguidos, vertiendo todos mis confusos sentimientos en palabras en una pantalla.

El deseo que no podía admitir.

Cuando finalmente paré, tenía tres páginas nuevas.

Era crudo y desordenado y probablemente terrible, pero era mío.

Lo leí una vez, con el corazón desbocado.

Luego, antes de poder dudar de mí misma, lo publiqué.

En cuestión de minutos, empezaron a aparecer comentarios:
User_BookLover: DIOS MÍO, QUÉ TENSIÓN
Lector_BúhoNocturno: ME MUERO.

¿Cuándo van a…?

AdictoAlRomance47: Esto es lo más caliente que he leído en toda la semana
Cerré el portátil rápidamente, con la cara ardiendo.

Estaba a punto de dormirme cuando recibí un mensaje de Aria.

Aria: ¿Cenamos esta noche?

¡¡Tengo que contarte lo del seguimiento de Vincent Kane!!

Yo: Sí, por favor.

Necesito salir de esta casa.

Aria: ¿Todo bien?

Eché un vistazo a mi portátil cerrado.

Volví a mirar el móvil.

Yo: Define «bien».

Aria: ¿Tan mal, eh?

Compraremos vino.

Yo: Que sean dos botellas.

Me levanté, estirándome.

Quizá saldría a correr para despejar la mente.

Unos golpes en la puerta me hicieron dar un respingo.

—¿Melissa?

—era la voz de mamá—.

¿Estás ahí, cariño?

—¡Sí!

¡Un segundo!

Me arranqué la ridícula diadema e intenté alisarme el pelo.

Luego me aseguré de que no me colgara ningún pañuelo de la nariz.

—¡Pasa!

Mamá abrió la puerta, sonriendo.

Luego su expresión cambió a una de preocupación.

—¿Has estado llorando?

—¿Qué?

No, mamá, es solo una pequeña alergia.

—Tienes los ojos rojos.

—Es la temporada de las alergias.

—Estamos en noviembre.

—¿Alergias tardías?

No pareció convencida, pero no insistió.

—Bueno, tengo buenas noticias que podrían animarte.

Gavin ha mencionado que los Titanes necesitan un nuevo Relaciones Públicas en su departamento de medios.

Como te has estado esforzando tanto, he pensado…

Se me encogió el estómago.

—¿Le has pedido que me busque un trabajo?

—¿Qué?

No, cariño.

Lo ha sacado él en el desayuno esta mañana.

Ha dicho que van a contratar a alguien y ha pensado que podría interesarte, dada tu carrera…

—No necesito su ayuda.

—Las palabras salieron más cortantes de lo que pretendía.

Mamá parpadeó.

—No he dicho que la necesites.

Solo he pensado que querrías saber de la oportunidad.

—Pues no quiero.

—Me crucé de brazos—.

Puedo encontrar mis propios trabajos.

—Melissa, no entiendo por qué te pones tan hostil con esto.

Gavin está intentando…

—Ya sé lo que intenta hacer.

Las palabras quedaron flotando en el aire entre nosotras.

La expresión de mamá cambió a algo que no supe descifrar.

Preocupación mezclada con confusión.

—¿Qué significa eso?

El corazón me latía con fuerza.

Había hablado de más.

—Nada.

Es solo que…

quiero conseguir los trabajos por méritos propios.

No por enchufe.

—Eso es admirable, pero hacer contactos es parte de cómo funciona la industria…

—He dicho que no, mamá.

El silencio se extendió entre nosotras.

Incómodo y pesado.

—De acuerdo —dijo finalmente, con voz cautelosa—.

Si es así como te sientes.

Pero la oferta sigue en pie si cambias de opinión.

Se fue, cerrando la puerta suavemente tras de sí.

Me quedé allí, de pie, con el pecho oprimido por la culpa y la frustración.

Me estaba ofreciendo exactamente lo que yo quería.

Pero aceptarlo significaría verlo todos los días.

Trabajar bajo sus órdenes.

Estar cerca de él.

Y ya no podía fiarme de mí misma cuando estaba cerca de él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo