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Ansiando al atractivo prometido de mi madre - Capítulo 29

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  3. Capítulo 29 - 29 CAPÍTULO 29 Paparazzi
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29: CAPÍTULO 29 Paparazzi 29: CAPÍTULO 29 Paparazzi POV de Melissa
Jason se movía entre ellos con la facilidad de alguien nacido para ser el centro de atención.

Esa exasperante sonrisita arrogante se dibujaba en sus labios mientras firmaba autógrafos, posaba para selfis y hacía llorar a las chicas con solo mirarlas.

Sus ojos encontraron los míos en medio del caos.

Y algo cambió en su expresión.

Algo que hizo que un calor recorriera mi cuerpo a pesar de todo.

—¡Chica Guerrera!

—su voz se abrió paso entre el ruido—.

Qué casualidad encontrarte aquí.

Todos los teléfonos en un radio de tres metros giraron hacia mí.

Oh, Dios.

—¿Lo conoces?

—la chica a mi lado prácticamente vibraba de la emoción—.

¿Cómo conoces a Jason?

Me ardía la cara como si fuera a entrar en combustión.

Esto no podía estar pasándome.

Jason llegó hasta nosotras y, de repente, pareció que había menos aire.

Era alto…, más alto de lo que me había dado cuenta anoche…, y la forma en que me miraba hizo que se me erizara la piel con una sensación que no quería sentir en absoluto.

—Mamá.

—Dirigió esa encantadora sonrisa a mi madre—.

Qué agradable sorpresa.

—¡Jason!

Qué coincidencia.

—El rostro de Mamá estaba sonrojado; no sabría decir si por la multitud o por la atención—.

Menuda entrada has hecho.

—Acabo de terminar una reunión aquí cerca, espero no llegar tarde para las compras.

—Sus ojos se deslizaron de nuevo hacia mí.

—Es maravilloso que estés aquí ahora…

—continuó Mamá—.

Ya casi hemos termi…

De repente, se tambaleó.

—¿Mamá?

—la agarré del brazo, sintiendo cómo la alarma se disparaba en mi interior—.

¿Qué te pasa?

—Solo estoy mareada.

Demasiada emoción, creo.

—Se llevó una mano a la frente.

Se había puesto pálida—.

Necesito sentarme.

—Hay una cafetería justo aquí.

—La mano de Jason encontró la parte baja de la espalda de Mamá, estabilizándola con una sorprendente delicadeza—.

Deja que te ayude.

Pero en el momento en que Mamá se apoyó en él, la multitud estalló.

Los flashes de las cámaras se dispararon como luces estroboscópicas.

Los cuerpos se apretujaban, empujando desde todos lados.

Las preguntas volaban como balas.

—¿Quién es la mujer?

—¿Es su madre?

—¿Y la otra chica?

—¡Eh, aquí!

El pánico aleteó en mi pecho.

Demasiada gente.

Están demasiado cerca y hacen mucho ruido.

Y entonces Jason se movió.

Rápido y resuelto.

Un segundo estaba siendo zarandeada por la multitud.

Al siguiente, su cuerpo estaba entre ellos y yo.

Su espalda se apretó contra mí, sólida e inamovible.

Extendió uno de sus brazos hacia atrás, su mano encontró mi cadera y me apretó con fuerza contra la pared de la boutique.

Su otra mano mantenía a Mamá estable.

Me estaba protegiendo de la multitud.

Sus anchos hombros bloqueaban las cámaras.

Su altura significaba que ahora todos esos teléfonos solo podían capturarlo a él.

—¡Todo el mundo atrás!

—su voz transmitía una autoridad natural—.

Dennos espacio.

Ahora.

Dos hombres con trajes oscuros se materializaron de entre la multitud…

guardaespaldas en los que no me había fijado antes.

Formaron una barrera humana, haciendo retroceder a la masa de gente que todavía intentaba acercarse.

Pero Jason no se apartó de mí.

Su espalda permanecía apretada contra la mía.

Podía sentir cada una de sus respiraciones.

Sentir el calor que irradiaba su cuerpo a través de su fina camiseta negra.

Sentir los definidos músculos de su espalda contra mi pecho, mi estómago, mi…

Para.

No pienses en ello.

Mis manos se levantaron automáticamente, apoyándose en sus omóplatos para estabilizarme.

Su piel estaba caliente incluso a través de la tela.

Lo sentí tensarse bajo mi contacto.

—¿Estás bien ahí detrás?

—su voz bajó de tono, como si estuviera destinada solo para mí a pesar del caos que nos rodeaba.

—Estoy bien.

Ya puedes moverte —mi voz salió con más aliento del que quería.

—¿Puedo?

—giró la cabeza ligeramente—.

¿Seguro que quieres que lo haga?

—Sí —siseé, demasiado consciente de cómo mi cuerpo encajaba contra el suyo, de la perfección con que su altura se alineaba con la mía—.

La gente está mirando, estás montando una escena.

—El objetivo es mantenerte fuera de sus cámaras.

—Su pulgar se movió en un pequeño círculo sobre el hueso de mi cadera.

Deliberado.

Posesivo—.

¿O preferirías salir en todas las redes sociales mañana?

Tenía razón.

Una razón frustrante y exasperante.

—Bien —concedí—.

Pero estás disfrutando esto demasiado.

Más que oírla, sentí su risa.

Retumbó en su pecho, vibrando contra mí.

—Quizá.

—Jason.

—La voz de Mamá cortó cualquier momento que estuviera ocurriendo—.

Creo que necesito sentarme.

Pronto.

—Por supuesto.

—Pero aun así no se movió.

En cambio, giró más la cabeza y entonces pude ver el verde intenso de sus ojos—.

Mis guardias abrirán paso.

Mantente cerca de mí.

No me sueltes.

Antes de que pudiera procesar lo que quería decir, su mano se deslizó desde mi cadera hasta mi muñeca.

Sus dedos la rodearon…

firmes, posesivos…

y tiró de mí hacia adelante mientras se movía.

Los guardaespaldas abrieron un camino entre la multitud.

Jason mantuvo a Mamá a un lado y a mí al otro.

Pero la forma en que su mano sujetaba mi muñeca se sentía como si estuviera reclamándome como suya.

No.

No pienses así.

Llegamos a la entrada de la cafetería.

Los guardaespaldas sujetaron la puerta.

Jason hizo pasar a Mamá primero y luego a mí.

En el momento en que entramos, el ruido cesó.

La cafetería estaba benditamente tranquila, solo unos pocos clientes que levantaron la vista con curiosidad.

Jason finalmente soltó mi muñeca.

Todavía podía sentir la marca de sus dedos.

Mamá se dejó caer en la silla más cercana con un suspiro de alivio.

—Gracias, Jason.

Eso ha sido…

abrumador.

—No hay problema.

—Hizo un gesto a uno de sus guardias, que inmediatamente fue a por agua—.

Deberías beber algo.

Probablemente estás deshidratada.

—Lo has manejado muy bien —dijo Mamá, sonriéndole con genuina calidez—.

Mantener a Melissa fuera de las cámaras así.

Muy considerado.

—No podía dejar que a la Chica Guerrera la acosaran por mi culpa.

—Pero cuando sus ojos se encontraron con los míos, había algo en ellos que me revolvió el estómago—.

Ahora es de la familia.

Tengo que cuidar de mi familia.

Esa palabra otra vez.

Familia.

Excepto que su forma de mirarme no era nada fraternal.

El guardaespaldas volvió con agua.

Mamá bebió agradecida mientras Jason permanecía allí, con las manos en los bolsillos, pareciendo completamente tranquilo a pesar del caos del que acabábamos de escapar.

—Debería volver —dijo después de un momento—.

El coche está bloqueando el tráfico.

La policía probablemente esté en camino, un guardaespaldas se quedará fuera hasta que lleguen a casa sanas y salvas.

—Por supuesto.

Gracias de nuevo.

—Mamá le apretó la mano—.

¿Nos vemos en casa para cenar?

—No me lo perdería por nada.

—Sus ojos se encontraron con los míos una vez más—.

Adiós, Chica Guerrera.

Intenta no meterte en líos.

—Mira quién fue a hablar.

Él sonrió.

Esa sonrisa exasperante y devastadora que probablemente funcionaba con todas las chicas que conocía.

—Buen punto.

Y entonces se fue, con sus guardaespaldas siguiéndole.

A través de la ventana de la cafetería, lo vi deslizarse de nuevo en ese elegante coche de carreras.

Vi a la multitud agolparse una vez más antes de que arrancara, con el motor rugiendo.

Y me esforcé mucho por no pensar en cómo había sentido su mano en mi cadera.

—Es muy protector contigo —dijo Mamá en voz baja.

Me giré y la encontré observándome con una mirada que lo decía todo.

—Solo estaba siendo educado.

—Mmm…

—dio un sorbo a su agua—.

Si tú lo dices.

—Mamá…

—No estoy diciendo nada.

—Pero su sonrisa sugería lo contrario—.

Solo que es agradable.

Tener a Jason aquí.

Tener una familia.

¿No crees?

—Claro —mentí—.

Es agradable.

Pero todavía me ardía la muñeca donde él la había sujetado.

Y tenía la sensación de que Jason iba a ser mucho más complicado de lo que jamás había imaginado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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