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Anudada por los tres licántropos locos - Capítulo 14

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  3. Capítulo 14 - 14 ¿Su doppelganger
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14: ¿Su doppelganger?

14: ¿Su doppelganger?

~Grace~
~Siete días después
No voy a negar que las cosas por fin están empezando a encajar.

Mis parientes son increíblemente amables y, con sus indicaciones, consigo encontrar a Mila.

Contrariamente a lo que le dijeron a mi tía, Mila en realidad trabaja como una Omega en una pensión y bar en las afueras de la manada.

Rara vez está en casa porque trabaja como una mula de carga; considerando el enorme volumen de trabajo, la paga ciertamente no vale la pena.

Pero Mila tiene sus métodos.

Después de una semana agotadora en la sección Omega de Colina, Mila decide que, por una vez, deberíamos ser nosotras las clientas.

—Solo se vive una vez —me dice, con el rostro lleno de convicción—.

El presente es todo lo que tenemos, así que tenemos que vivir ahora.

¿Sinceramente?

La entiendo.

Las Omegas también somos criaturas de la Diosa Luna.

Llevamos una semana entera limpiando los desastres de los díscolos hijos de los Alfas y los Betas; una noche de diversión no hará daño.

Me encanta cómo conectamos, cómo encontramos una química perfecta a pesar de conocernos solo desde hace unos días.

Dice que mi incapacidad para oír o hablar me hace especial.

De los miles que hay en esta manada, me ve como la única que ha sido elegida y protegida de los crueles ruidos del mundo.

No ve una discapacidad.

Cuando llegamos, ataviadas con los atuendos que Mila ha elegido cuidadosamente, todo apesta a cerveza y cigarrillos, y las luces de la discoteca me están dando dolor de cabeza.

—Bueno, a lo que iba, esta noche vamos a hacer una locura —dice Mila—.

Mira a tu alrededor.

Si ves a un Alfa, guapo o no, acércate a él e intenta seducirlo.

Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que nuestros hijos no acaben como nosotras.

—Mila se vuelve hacia mí, con expresión incrédula.

Abre los ojos como platos y esboza una sonrisa pícara y llena de dientes mientras se acerca—.

¿Qué me dices?

Niego con la cabeza.

Ya tengo un futuro marido maravilloso y no me importa en absoluto su posición social.

Puede que sea pobre y necesitado, pero no me trata como si fuera basura.

Sigo sin querer pensar ni hablar de lo que pasó la otra noche con él.

Elijo arrancarme ese recuerdo.

Porque no sé cómo me siento.

Si me gustó cómo me tocó.

Si sentí pena por él.

Si anhelo otro momento como ese…

Solo quiero olvidar.

—¡Ni hablar, Grace!

Mira, tienes que asegurarte de que Leo no vuelva a encontrarte así.

La noticia de que te dejó tirada está por todas partes y necesito que te recuperes a lo grande con alguien a cuyos pies él se arrastraría —insiste Mila—.

Muchos líderes de manada de alto rango paran en Colina cuando viajan.

Podrías tener suerte.

Por favor…, ese gilipollas no puede volver a encontrarte así, ¿eh?

—Y por eso estoy muy interesada en aprender el lenguaje de señas de tus padres.

Te aseguro que no volverá a encontrarse con una Grace indefensa —gesticulo, mis dedos tropezando un poco en las transiciones.

No estoy segura de haber acertado con la sintaxis y, a juzgar por su cara, no estoy segura de que me entienda en absoluto.

Mila suelta una carcajada y me da una palmada juguetona en el hombro, que en realidad me duele.

Me froto la zona mientras ella se sumerge de nuevo en los detalles gráficos de su última conquista sexual.

Es perfecta, sin una sola cicatriz en la piel, y según sus historias, es prácticamente una profesional en la cama.

No son celos lo que me oprime el corazón.

No.

Ni de lejos.

Mi vida es buena.

Estoy viva.

Tengo mucho que agradecer, y no pasa nada por no haber encontrado aún el amor.

Dicen que lo peor que le puede pasar a una Omega es llegar a los veintitrés sin pareja.

Todavía me faltan dos años para ese desastre.

Tengo un trabajo, un marido falso y un techo sobre mi cabeza.

Y, sobre todo, ya he experimentado lo que se siente al ser tocada y al tocar.

Al ser besada y que te miren con avidez.

Hoy me siento mejor que de costumbre, pero nunca me he sentido lo bastante bien como para tener sexo maratoniano como Mila, y mucho menos para irme con un desconocido.

—Solo he venido a divertirme, Mila.

No quiero ningún escándalo antes de mi boda.

—Siento que tengas que casarte con ese hombre tan patético.

Esperemos que no acabe lisiado, pero puedes cambiar tu destino si tienes la suerte de que un Alfa te ponga a cuatro patas aquí.

Pongo los ojos en blanco.

No entiende la más mínima importancia de tener una sola pareja.

De todos modos, no la culpo.

La vida ha sido tan injusta con ella que tiene que tener múltiples parejas por dinero.

—¿Lo has visto?

¡Ahora mismo vuelvo!

—Mila me endosa su vaso de alcohol en las manos y sale corriendo.

Ni siquiera pude ver a quién había señalado.

Dejo rápidamente el alcohol en la barra más cercana mientras sonrío con torpeza, fingiendo que esta es mi idea de pasarlo bien.

Superdivertido.

Si pudiera sustituir todo el alcohol por algo menos fuerte, mis sentidos podrían relajarse y quizá me divertiría de verdad.

Resoplo para mis adentros y miro a mi alrededor.

Puedo hacerlo.

Quiero estar aquí.

Por suerte, no conozco a nadie, lo que significa que ellos no me conocen a mí.

No saben que en los últimos dos años mi agotamiento no ha hecho más que empeorar.

No saben que soy humana y que no puedo oír ni el más mínimo sonido de la música.

Ven a una mujer rubia con pecas, pómulos altos y una cara bonita, y suponen que lo único que me «agota» es decidir qué invitación aceptar primero.

Un rubor florece en mis mejillas.

Ya hace calor aquí dentro, así que levanto la mano y me aparto el pelo del cuello.

Es entonces cuando algo me llama la atención.

Una descarga de adrenalina hace que se me acelere el corazón y siento un tirón en las entrañas.

Una figura oscura avanza lentamente entre la multitud, una cabeza por encima del resto.

Casi todos, aparte de mí, están borrachos o en camino de estarlo.

Todo el mundo actúa de forma alocada y tonta, pero incluso con todas las distracciones, todos se detienen un momento para mirar.

Ignora a todo el mundo, con la mirada fija al frente mientras se abre paso entre la densa multitud.

Todos los ojos de la sala lo siguen.

Pero me está mirando a mí.

Ocupa mucho espacio.

Es alto, de más de metro ochenta, y ancho.

Tiene el pelo castaño y largo, lo que resalta la dura estructura de su rostro.

Líneas afiladas, con forma de diamante, una mandíbula marcada.

Una cicatriz le atraviesa la ceja derecha y se adentra en su mejilla.

Los tatuajes trepan desde debajo de su cuello, pintándole la nuca.

—¿Quién coño es ese?

¿Lo conoces?

—gesticula Mila con emoción en los ojos.

Niego con la cabeza.

Pero no voy a negar que se parece muchísimo a Sucre.

Pero tiene el pelo castaño en lugar de negro, lo que no descarta del todo la posibilidad de que sea Sucre.

Ese hombre está loco.

Le dije que llegaría tarde esta noche, pero debe de haber encontrado el modo de llegar hasta mí.

¡No bromeaba cuando dijo que siempre me encontraría!

Me da miedo apartar los ojos de él.

Es como si se moviera más rápido cuando no lo miro.

Se parece notablemente a Sucre, pero luego los tatuajes y las cicatrices…

Sucre no podría haberse hecho eso en solo unas horas.

¿Los tatuajes?

Totalmente posible, ¿pero las cicatrices?

Mm, mm.

Sigue caminando.

Cada vez más cerca, y ni siquiera a treinta centímetros se detiene.

Tengo que echarme hacia atrás, y entonces él está ahí, invadiendo mi espacio personal.

Me atrapa contra la barra, con las manos apoyadas a cada lado de mí, su enorme cuerpo eclipsando el mío.

El calor irradia de él; su pecho, macizo y firme, es un muro de ladrillo.

Una electricidad recorre como fuegos artificiales mi piel sensible ante su invasión, disparándose por todas partes donde su cuerpo toca el mío.

Entonces se inclina y me huele.

Igual que hace Sucre.

¿Hay algo en mi olor que los vuelve locos?

Siento su aliento en mi cuello.

Me hace cosquillas, la piel de gallina se me eriza en la piel desnuda, y estoy paralizada.

¿Por qué coño me está oliendo?

—Hum, ¿puedo ayudarte en algo?

—me armo de valor para preguntar, esperando que pueda oír mis pensamientos.

Más tarde, me avergonzaré de lo sonrosadas que tengo las mejillas y de lo estúpida que parezco por no retorcerle los brazos, pero por ahora, me retuerzo para salir de su espacio.

—¿Qué eres?

¿Humana?

—gruñe, inclinándose tanto que nuestros labios casi se rozan.

Su voz es grave y profunda, como si arrastrara gravilla.

Oír su voz, sentir las vibraciones golpeándome, me asegura de nuevo que no es Sucre, pero ¿quién demonios es?

¿Su doble?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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