Anudada por los tres licántropos locos - Capítulo 2
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2: Pareja infiel 2: Pareja infiel ~Grace~
—Parece que has visto un fantasma.
—Emily se echa el pelo hacia atrás y se ajusta la bata de color carne para cubrirse el cuerpo.
Vivir para otra persona nunca ha sido fácil.
La muerte es fácil.
Me sonríe con malicia a cada hora del día.
Me saluda cada día en la casa de la Manada.
Me honra con su frío abrazo cada vez que Leo y sus amigos me entierran, o cuando me olvidan en el ático y me matan de hambre durante días.
He considerado morir más veces de las que me gustaría admitir.
Estrangulándome con una cuerda atada al cuello, o consumiendo suficiente acónito…, aunque eso no podría matarme, ya que soy humana.
Antes de que Leo descubriera que yo era su pareja, me encerraba en un ataúd y me enterraba a dos metros bajo tierra solo para ver cuánto tiempo podía sobrevivir un humano.
He intentado meterme en mi ataúd con una navaja para que, cuando Leo y su pandilla de amigos volvieran a comprobar si había superado mi último límite, me encontraran muerta.
Vivir, sin embargo, es la parte difícil.
Elegir no acabar con todo en el último momento.
Sobrevivir cada día, no porque vea un futuro para mí después de esto, sino por la imagen de la familia perfecta que una vez tuve.
Por la imagen de mi hermana, Emily.
Porque creo que a ella nunca le gustaría que dejara solos a nuestros padres para reunirme con ella.
Vivir cada día, luchando contra mis oscuros pensamientos…, eso es más difícil que morir.
Ahora, estoy cara a cara con la única fuente de mi miseria.
La chica que hace que me odie más cada día que me despierto.
La chica por la que vivo y por la que desearía haber muerto en su lugar.
Una oleada de náuseas me recorre.
Estoy demasiado conmocionada para hacer algo más que parpadear.
Inspiro bruscamente, totalmente asombrada, y me pellizco.
Siento el dolor, pero nadie desaparece.
Esto significa que Emily es real y que no estoy soñando.
—¿Emily?
¿Eres…, eres tú de verdad?
—intento forzar las palabras más allá de la sequedad dolorosa de mi garganta, pero mi voz se apaga.
Las lágrimas desdibujan el mundo en un borrón de colores.
Extiendo los brazos y la rodeo como si pudiera evaporarse.
La tensión en mis hombros aumenta y, al poco, ella se desenreda de mi abrazo y me empuja al suelo.
Su comportamiento me deja totalmente perpleja.
La confusión me da un respiro, y aprovecho el momento para recuperar el aliento.
Las mejillas de Emily están fruncidas como si hubiera probado un limón agrio.
—¡No pongas tu sucio cuerpo sobre mí, Omega!
Sí, estoy viva.
Un grito de alivio se escapa de mis labios, pero fuerzo las comisuras de mi boca hacia arriba en una sonrisa temblorosa.
Debería odiarme.
Es mejor eso a que esté muerta.
He extrañado tanto a mi hermana que, aunque esto sea un sueño, desearía no despertar.
Mi vida y nuestra familia podrían volver a ser perfectas.
Se agacha hasta donde estoy sentada, aprieta el puño en mi pelo y me echa la cabeza hacia atrás.
—¿No me hagas quedar como la mala aquí, hermanita.
Si lo piensas, sí que me mataste.
¿Cómo vas a decirles a todos que Emily nunca murió, eh?
¿Entiendes ahora la situación?
Luego se levanta y vuelve junto a Leo.
Mi mirada se desvía hacia Leo.
Permanece anclado a su lado mientras ella enrosca una mano de uñas cuidadas alrededor de su pecho, con una sonrisa que se vuelve afilada y maliciosa.
Si Emily nunca ha estado muerta, significa que mi ejecución no se llevará a cabo.
No tendría sentido morir por un crimen que nunca ocurrió.
—Fingir que me importabas estos últimos tres años ha sido el trabajo más duro de toda mi vida.
Es muy fácil odiarte, pero tenía que asegurarme de que no pensaras en escapar o en suicidarte hasta que pagaras por tu crimen —dice Leo.
Necesito la seguridad de que estará conmigo y no en mi contra.
Así que me levanto y lo miro a los ojos.
Es imposible que haya estado fingiendo todos estos años.
De repente, sus labios se estrellan contra los míos.
El movimiento me pilla completamente por sorpresa.
Mis ojos se abren de par en par.
Lo sabía.
Leo me ama…, pero ¿por qué elige a mi hermana en lugar de a mí?
¿O es simplemente la lujuria del vínculo?
Lo aparto ligeramente y parece que por fin vuelve en sí.
Retrocede, con el rostro contraído por un asco repentino y violento.
—¡Joder!
¡A la mierda este inútil vínculo de pareja!
¡A la mierda la Diosa Luna por burlarse tanto de mí!
Sinceramente, no la soporto más.
—Empieza a limpiarse la boca repetidamente, con la apariencia de que preferiría salirse de su propia piel antes que volver a tocarme.
Me quedo ahí, paralizada, diciéndome a mí misma que solo está abrumado.
Después de todo, tengo un aspecto asqueroso.
Me tapo la nariz y la boca con las manos, exhalando una rápida bocanada de aire para comprobar si me huele el aliento, pero juro que no.
—Siento asco por ti, por eso tuve que aceptarla después de que me contara cada cosa brutal que le hiciste.
Actúas como si fueras una pobrecita, pero eres una malvada y retorcida cabrona.
Y, por favor, no te hagas la ilusión de que te amaba.
Tenía que mantenerte aquí hasta hoy; no podía dejar que escaparas.
Afortunadamente, mi novia vio exactamente lo que pasó con tu hermana hace años y testificará en presencia de la Manada —dice Leo.
He sido una perdedora patética por haberme dejado engañar por él.
De todos modos, no me culpo.
Me faltaba afecto y no pude evitar saborear lo poco que me ofreció solo para engañarme.
Siento que mi cerebro es un caos al recordar la mirada atormentada de mi madre durante su funeral y las odiosas palabras de mi padre retumbando en mi cabeza: «Deberías haber muerto tú en su lugar.
¿Qué beneficio nos aporta una niña humana?».
El corazón me ruge.
Los ojos me escuecen.
Los labios me tiemblan.
El calor me sube por el cuello hasta las mejillas, y me llevo una mano al pecho, sintiendo como si me lo estuvieran desgarrando en pedazos.
Examino el rostro de Emily para asegurarme de que no me he encontrado con la persona equivocada, pero ese pequeño lunar bajo su nariz sigue ahí.
Lanza una patada hacia mi cara.
—Lárgate, perra.
Aún no hemos terminado.
¿Nadie te enseñó que no debes mirar a los adultos haciendo cosas de adultos?
Soy un año mayor que tú, pequeña zorra egoísta…
Por un momento, la duda se apodera de mi corazón.
Miro a Emily sin decir nada, y ella simplemente resopla como respuesta.
—¿Qué?
¿Vas a regañarme ahora?
Por favor, hermanita, no te comportes como una zorra loca, ¿quieres?
Ahora estás a mi merced.
Contengo mis propias lágrimas.
Endurezco mi corazón y abro la boca para maldecirla: «¡Te vas a arrepentir de esto, zorra desagradecida!».
Pero, como de costumbre, la voz se me ahoga.
Me doy la vuelta y camino con la cabeza alta hacia la puerta principal.
Puedo sentir los ojos de esos cabrones clavados en mi espalda, probablemente esperando a que me caiga y rompa a llorar.
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