Anudada por los tres licántropos locos - Capítulo 52
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Capítulo 52: Almuerzo con mis hermanos y mi pareja
~Lucian~
La comisura de mis labios se contrae con el fantasma de una sonrisa cuando sus ojos se clavan en los míos. Sus pestañas están oscurecidas, contrastando con el azul brillante de su mirada. Suaves ondas plateadas y rubias caen sobre sus hombros y su rostro, y tengo el repentino e irritante impulso de apartarle los mechones de los ojos, aunque solo sea para poder verlos mejor. Para ver los ojos que han cautivado y casi devuelto la cordura a mis hermanos.
—No…, espera. ¿Eres Lucian, como en Lucian Winchester? —expresó por señas, con una suave sonrisa que contrastaba totalmente con la agudeza de su mirada.
Ser incapaz de hablar solo significa que no fue el coqueteo lo que se los ganó, pero sus manos crean las señas más hermosas y es guapa. Muy guapa.
—Sí. Sé que no esperabas que volviera tan pronto, pero tu hermana Freye dijo que me necesitabas —le respondo por señas. Aprendí el lenguaje de señas hace años, de mi segunda novia, y por mucho que les rogué a mis hermanos, los Altos Alfas, no permitieron que se introdujera en la manada, diciendo que es una clara señal de debilidad.
Debes saber lo sorprendido que me quedé al verlos romper las reglas por esta preciosa humana.
Nuestras miradas se dirigen bruscamente a las grandes puertas cuando se abren con un quejido, y mi atención se centra ahora en los dos ancianos y las dos miembras del consejo a cargo del Rito de Selección.
Rafe los sigue, con un aire de severidad casual. Sus ojos se abren un poco y se fruncen de nuevo al verme. No le dije a nadie que había vuelto, y Freye me trajo aquí directamente, diciendo que conocería a la esposa de mis hermanos. Que es la única razón por la que estoy en medio de los candidatos de este año.
Su mirada se encuentra de nuevo con la mía mientras lo saludo con un gesto casual antes de desviarla hacia Grace. La mirada que ambos comparten deja claro que algo va mal en su relación.
Pero el hermanito mayor no tendría por qué preocuparse en lo que respecta a conservar a las mujeres. Yo le daría una clase magistral personalizada.
Toma asiento en la cabecera, frente a Cherry.
—Bienvenidos a las decimoséptimas Pruebas de Selección —brama Rafe a lo largo de la mesa.
—Es un honor ser elegido —continúa—. Un honor para vuestro reino, vuestra familia y vosotros mismos. No a todos los que solicitaron ser miembros de la manada se les dio la oportunidad. Algunos más se os unirán, pero por ahora os sugiero que uséis vuestro tiempo sabiamente para prepararos para las Pruebas. Nunca se sabe lo que os pueden lanzar. —Sus ojos se posan en Grace, en silencio.
—Os insto a que uséis el tiempo que os queda antes de la primera Prueba, así como cada semana entre las siguientes, para entrenar.
Y a observar cómo entrenan vuestros oponentes.
Casi puedo ver las palabras no dichas en sus ojos. Saber cómo luchan tus competidores, aprender a leer sus movimientos y maniobras, podría ser la diferencia entre la vida y la muerte. Se las he oído decir muchas veces a mis novias, que la mayoría de las veces acaban muertas o huyendo antes de la última prueba.
—Basta de hablar de las Pruebas. ¡A comer! —dice Cherry con entusiasmo.
Y con eso, comienza la procesión de sirvientes, todos llevando a la mesa bandejas humeantes. Decenas de platos repletos de comida se colocan ante nosotros. Lubina a la plancha y montones de espárragos asados son servidos en los platos. La propia Kate saca una bandeja de higos glaseados con miel y la coloca delante de Grace y de mí. Le guiño un ojo rápidamente mientras se aleja, y ella me responde poniendo los ojos en blanco antes de salir apresuradamente de la sala.
Rafe se va después. Nunca ha sido del tipo social: siempre mantiene una cara severa y una expresión contenida con la excusa de que tiene una manada que gobernar.
Cherry y yo hablamos de manera informal mientras nos pasamos las bandejas de comida, ahuyentando a los sirvientes cuando se ofrecen a servirnos. Estoy en medio de amontonar lubina en mi plato cuando mis ojos se topan con Grace, sentada rígidamente frente a mí. Tiene la mandíbula apretada como si se esforzara al máximo por no dejarla caer. Curioso, bajo la mirada y me doy cuenta de que está considerablemente asombrada y no puede evitar mirar en silencio la cantidad de comida que han puesto ante nosotros.
Mi mirada se desliza de nuevo hacia ella, demasiado ocupada parpadeando como para molestarse en comer. Solo puedo imaginar lo que le está pasando por la cabeza. Mientras observo la ira enmascarada que crece en su rostro, algo me dice que preferiría pasar hambre esta noche.
Y eso no puede ser.
Así que pincho un trozo de lubina con mi tenedor, me estiro por encima de la mesa y lo dejo caer en su plato.
Sus ojos se clavan en los míos, con el rostro a medio camino entre la molestia y la conmoción.
—Deberías comer. ¿Prefieres chuletas de cordero? —pregunto con naturalidad y, como no responde, se las amontono en el plato de todos modos—. Bueno, supongo que ya lo averiguaré.
Me inclino sobre la mesa, añadiendo arroz salvaje a la creciente pila de comida en su plato mientras le murmuro: —¿Vas a hacer que te dé de comer con cuchara también, o puedes encargarte de alimentarte tú misma? —Tras ello, le sonrío de una manera que, sin duda, hará que quiera tirarme la comida. Sus ojos arden como llamas azules, prácticamente reprendiéndome con la mirada.
—No, Lucian. ¿Qué estás haciendo? —exclama Cherry desde su sitio—. Ella no come alimentos sólidos. Su cuerpo no los acepta.
Ella inmediatamente coge su tenedor y se mete un poco de lubina y arroz salvaje en la boca, con la mirada clavada en mí, masticando meticulosamente y cogiendo otro bocado.
—O quizá come alimentos sólidos sin problemas, ¿verdad, mi Cherry?
Cherry parece muy sorprendida.
Me reclino en mi silla, sonriendo con suficiencia. Ella puede ver en mis ojos que, de hecho, le daría de comer con la cuchara si no empezara a comer, y no hay ni una puta posibilidad de que vaya a permitir que eso ocurra.
Le importa un bledo que la recompensen por encontrar a mi hermano forzándola a participar en unas Pruebas que podrían matarla.
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