Anudada por los tres licántropos locos - Capítulo 8
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8: Tengo que escapar 8: Tengo que escapar ~Grace~
La desesperación me impulsa a ponerme en pie.
Necesito escapar de este lugar.
Espero hasta que el sonido de sus pesados refunfuños se desvanece en la distancia antes de atreverme a moverme.
Mis pulmones todavía arden con cada respiración, pero me obligo a erguirme.
De ninguna manera me quedaré aquí como un perro leal esperando a su amo.
Exploro la habitación con la mirada y mis ojos se posan en un pesado atizador de hierro.
Es un arma patética contra la bestia, pero es mejor que mis manos vacías.
Meto algunas de sus camisas en una pequeña mochila; prácticamente me quedarán como batas, pero servirán para cubrirme.
Por lo escasamente amueblada que se ve la casa, es obvio que la alquiló hace poco.
Tras una búsqueda frenética en sus cajones, encuentro dos relojes de oro y algunos billetes.
Tomo un poco de pan duro y galletas de la despensa y luego me escabullo por la puerta.
Como mínimo, tengo que salir de este bosque, y luego decidiré mi próximo plan.
No tengo nada conmigo, excepto lo que recogí y la pura determinación de no ser la esclava sexual de una bestia.
Tengo toda mi vida por delante y, sinceramente, es mejor que deje la manada.
Lejos de él y de los problemas de mi manada.
Para hacer qué, no lo sé, pero tengo mucho que caminar y mucho tiempo para pensarlo.
Me dirijo lentamente en la dirección opuesta a la que se ha ido el guerrero.
El dolor me atraviesa con cada paso.
Todo me duele y tengo que moverme tan despacio que sé que tardaré horas más de lo que debería.
Cojeo, incapaz de apoyar mucho peso en un lado de mi cuerpo.
Mis heridas tampoco han sanado por completo, y la pelea de antes las ha agravado más.
Cada paso me acerca más al colapso y me doy cuenta de que no he comido ni bebido nada en días.
O al menos, no que yo recuerde.
Como en señal de protesta, mi estómago ruge.
¿Qué hice en mi vida pasada para ser tan desafortunada?
Todo lo que quiero es un lugar al que pertenecer, con gente que se preocupe por mí.
Un lugar donde no viva con miedo al odio o a la próxima paliza que pueda recibir.
No hay otras casas cerca, ni siquiera en la lejanía.
Simplemente estoy cojeando en medio de un bosque, intentando no desplomarme.
Una flecha pasa volando sobre mi cabeza y me quedo helada, con el corazón acelerado mientras miro a mi alrededor con los ojos como platos.
Dos lobos surgen del bosque, como si salieran de la nada.
Levanto las manos, intentando mostrar que no soy un enemigo, pero saltan sobre mí al unísono, derribándome.
Me rodean, gruñendo y chasqueando los dientes para asegurarse de que no intente huir.
Entonces, uno de ellos se transforma en Leo.
—No grites —susurra, colocándome una mano sobre la boca.
De todos modos, no iba a hacerlo.
No cuando estoy huyendo de Sucre.
Mi asentimiento parece aliviarlo, porque me suelta y se sienta en el suelo frente a mí.
El pelo negro de Leo está desordenado y tiene los ojos hinchados y con ojeras, como si no hubiera dormido en toda la noche.
—Así que le pregunté a tu madre tu nombre.
Dijo que tu padre planeaba llamarte Grace.
Grace Cooper…
es un nombre bonito, debo decir.
Tanto tiempo le ha llevado averiguar mi nombre.
Nadie me ha llamado por mi nombre en mis veintiún años de existencia.
Mi padre, que me adoraba tanto, solía llamarme su calabacita, pero después de que cumplí siete años y del incidente que condujo a la muerte de Emily…
su falsa muerte, solo se han referido a mí como «bruta» o con un «oye» aquellos que intentaban ser amables conmigo.
—He venido a salvarte de ese monstruo.
He oído hace poco que escapó de su prisión y no estás a salvo con ese hombre —dice, extendiendo la mano hacia la mía.
Retrocedo de un respingo y mis dedos buscan a tientas una rama caída para usarla como arma.
No debería subestimarme, porque lo golpearé y lo mataré si tan solo se atreve a ponerme encima sus sucios dedos.
Los hombros de Leo se hunden y se pasa una mano por el pelo, mirando el sol brillante y luego a mí.
—Estoy preocupado por ti, Grace.
¡Cielos!
Ni siquiera quiero imaginar cómo se propasó contigo.
Una risa áspera se me escapa de los labios antes de que pueda detenerla.
—Lo digo en serio, Grace.
Me importas.
Pero no hay futuro como Luna con una no cambiadora.
Sé que crees que elegí a Natalie en lugar de a ti, pero no es lo que piensas.
Natalie…
Así que ese es el nuevo nombre de Emily.
Parpadeo rápidamente, luchando contra el ardor de las lágrimas, y me tambaleo para ponerme de pie.
Leo también se levanta y me sujeta los hombros con una desesperación que llega con toda una vida de retraso.
—Te extraño, Grace —dice, con la voz quebrada—.
No sé qué sería de mi vida si te pasara algo.
Me burlo.
«¿Que me extrañas?
Me sentenciaste a morir en la horca.
Me trataste como a un puto animal, Leo.
¿Y ahora que he logrado sobrevivir, me extrañas?».
Pero bueno, él no puede oírme.
Su pena se desvanece, reemplazada por una tensión familiar y rígida mientras aprieta la mandíbula.
Vuelve a intentar alcanzarme.
Esta vez, no me aparto.
Está usando el vínculo de pareja para su propio beneficio.
Cuando sus dedos rozan mi piel, unas chispas recorren mi brazo, una cruel traición de mis propios sentidos.
Me odio a mí misma por la forma en que mi cuerpo todavía lo reconoce.
—Es que…
todo está muy silencioso sin ti, Grace —susurra.
Por un instante, dejo que la mentira se asiente.
Imagino un mundo en el que él simplemente estaba bajo un hechizo, donde Emily era un veneno y no alguien a quien eligió por encima de mí.
Intento encontrar al hombre que una vez amé.
Pero entonces recuerdo la sonrisa cruel y triunfante de Emily.
Recuerdo la indiferencia de Leo.
Los ojos de Leo se oscurecen.
Se acerca y su pulgar traza la curva de mi mejilla.
Odio la forma en que me inclino hacia él.
Como un puto mal hábito que no puedo romper.
—Te deseo —susurra contra mi piel.
Estoy tentada.
Sería tan fácil dejar de luchar.
Dejar que me bese y fingir que todo esto nunca ocurrió.
Lo odio.
Dios, cómo lo odio.
Pero también lo extraño.
Porque una vez fue mi todo.
—Vuelve conmigo —susurra contra mi oreja, con su aliento cálido y repugnante—.
Te haré mi primera concubina.
Te daré una nueva identidad.
Nadie se enterará de lo nuestro.
Ni siquiera Natalie.
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