Apocalipsis: Rey de los Zombies - Capítulo 332
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Capítulo 332: ¿Simplemente… se fueron?
—¿Cuál es el plan ahora? —preguntó Richard, con un tono bajo pero urgente.
—Obviamente, tenemos que enviar a alguien a investigar para averiguar qué demonios está pasando —respondió Vanessa sin dudar.
—Sí —asintió Richard, que ya pensaba en lo mismo.
Después de todo, Lucas era su sobrino, su propia sangre. El muchacho había desaparecido sin dejar rastro. Como su tío, no podía quedarse de brazos cruzados sin hacer nada.
—Entonces…, ¿seguimos trabajando juntos en esto? —preguntó.
—Por supuesto. No hay problema —aceptó Vanessa de inmediato. Asociarse con Genesis Biotech era un gran logro para ella; no había forma de que lo dejara pasar.
Luego le explicó todo, detalle por detalle. Toda la extraña situación: cómo miles de personas habían desaparecido sin hacer ni un ruido de ambos campus en la Ciudad Mano Negra…
Richard escuchaba, su expresión se ensombrecía con cada palabra. Todo el asunto era increíblemente extraño.
Y sin embargo… algo le resultaba familiar. Como si ya hubiera oído algo así antes.
Genesis Biotech estaba muy bien establecida y tenía acceso a un vasto repositorio de datos clasificados. Sin perder tiempo, Richard empezó a indagar, sacando archivos e incluso abriendo los archivos de los Reyes Zombis.
…
El sol se ocultó bajo el horizonte, proyectando largas sombras sobre la tierra.
El aire se había enfriado y tenía un filo helado. Una ráfaga de viento barrió el suelo yermo, aullando como un fantasma. El polvo se arremolinó, danzó en el aire y luego se dispersó en la distancia.
Ethan y los demás se habían puesto en marcha. Su destino: una zona controlada por zombis. Antes de que el mundo se fuera al infierno, había sido un pueblito tranquilo con menos de 4000 habitantes.
—Ya casi llegamos —dijo Leah, señalando al frente.
—Oh… —murmuró alguien.
Todos levantaron la vista. A lo lejos, una carretera agrietada y cubierta de maleza conducía a la ciudad. Coches abandonados yacían oxidados a los lados, algunos volcados, con enredaderas trepando por sus chasis.
A ambos lados de la carretera había edificios en ruinas —viejas gasolineras y tiendas de conveniencia—, con las paredes surcadas por profundas grietas, medio derrumbados. Fragmentos de cristales rotos brillaban a la luz crepuscular, algunos todavía manchados de sangre seca. La escena era escalofriante.
Unos cuantos zombis deambulaban sin rumbo cerca, con gemidos bajos y guturales. Bajo los últimos rayos de sol, sus sombras se alargaban, delgadas, sobre el suelo.
Más adelante, la ciudad misma estaba envuelta en una espesa niebla negra. Cuanto más se adentraba la vista en la ciudad, más densa se volvía la niebla; la visibilidad era casi nula.
—¿Qué demonios es esa niebla? —preguntó Chris, frunciendo el ceño. Tras sobrevivir medio año en esa pesadilla postapocalíptica, sabía de sobra que no debía fiarse de nada que no pintara bien, y desde luego, esa niebla no pintaba nada bien.
Leah asintió. —Sí, es obra del Rey Zombi. Es una de sus habilidades: puede generar esta Niebla. Le facilita el esconderse.
Chris parpadeó, sorprendido. —¿En serio? ¿Existe algo así?
—Sí —dijo Leah—. Parece aterrador, pero en realidad no es tan fuerte. Probablemente solo sea un clase B+. Si no fuera por la Niebla que le da cobertura, los otros Reyes Zombis ya lo habrían aniquilado.
Chris soltó un suspiro, visiblemente relajado. —Pff. Da igual. Aunque sea peligroso, no estoy preocupado. Ya he formado mi núcleo de cristal, ahora soy un Despertador.
—Entonces, en marcha —dijo Mia—. El sol está a punto de ponerse.
Planeaban colarse en la ciudad antes del anochecer.
Ethan entrecerró los ojos mientras miraba al frente. Cuando tenía su propio territorio, solía enviar patrullas para evitar que los intrusos se colaran.
Ahora las tornas habían cambiado: él era el que se colaba.
Avanzaron hacia la ciudad, alertando a unos pocos zombis de bajo nivel por el camino. Nada serio; Chris y los demás acabaron con ellos con facilidad.
En poco tiempo, llegaron al borde de la Niebla.
Para entonces, el último resquicio de luz solar había desaparecido. La oscuridad se asentó.
La niebla negra envolvía la ciudad como un sudario fúnebre. Incluso con la visión mejorada de un Despertador, era difícil ver más allá de unos pocos metros.
Las calles en ruinas a su alrededor se difuminaban en las sombras. Aquí y allá, vislumbraban zombis que se movían a la deriva entre la penumbra.
Y desde algún lugar en las profundidades de la oscuridad, resonaba el ocasional gruñido o rugido gutural: agudo, furioso y demasiado cercano.
—Este lugar da un mal rollo increíble —masculló Chris, aferrando con fuerza su tachi mientras sus ojos escrutaban la calle empapada de niebla.
Leah asintió levemente. —Tranquilo. Solo lo parece. Estaremos bien mientras encontremos un lugar donde ocultarnos.
—Sí, pero he de admitir que es un escondite cojonudo —replicó Chris, aún tenso.
Esta niebla negra no solo afectaba a la visibilidad, también alteraba la percepción mental. Incluso los Despertadores de tipo psíquico veían sus sentidos embotados en ella.
La mirada de Ethan barrió los alrededores y un pensamiento lo asaltó. La habilidad de la Niebla…, claro, no era ofensiva, pero tenía un gran valor táctico. ¿Si alguien como Laura o Pequeña Sombra, ambas maestras del sigilo, tuvieran este tipo de cobertura? Serían imparables. Solo el factor sorpresa aumentaría su eficacia en combate una barbaridad.
¡Raaagh…!
Un repentino gruñido cortó el silencio. Unos cuantos zombis, que antes deambulaban sin rumbo por la niebla, habían captado su olor. Impulsados por el puro instinto de devorar carne, salieron disparados de la niebla.
—Nos encargamos —dijo Chris, avanzando con los demás. Sus machetes de aleación de titanio relucieron cuando se lanzaron al ataque. Unos cuantos tajos rápidos y los zombis cayeron. Pan comido.
Eran solo no muertos de bajo nivel. Incluso un luchador recién despertado con un Núcleo Neural podría acabar con ellos.
Pero entonces, de las profundidades de la oscuridad, llegó un sonido diferente: un sonido de arañazos y raspaduras. Como garras arrastrándose sobre el hormigón y el ladrillo.
—Zombis de élite —dijo Mia con calma, sin siquiera necesitar mirar. Sus instintos se lo decían todo.
Todos se tensaron, entrecerrando los ojos para escrutar la niebla. A través de la bruma, apenas podían distinguir varias figuras aferradas a la pared de un edificio alto.
Se movían con una gracia espeluznante, trepando por la pared como arañas.
Sus ojos brillantes atravesaron la niebla, fijos directamente en el grupo.
—Sí…, los de élite van a ser un fastidio —masculló alguien.
Nadie se atrevió a bajar la guardia. No tenían ni idea de cuántos había ahí fuera. Si esto se convertía en una horda en toda regla, les esperaba una lucha brutal.
Pero entonces… ocurrió algo extraño.
Los zombis de élite no atacaron.
En lugar de eso, en el momento en que vieron a los humanos, se quedaron paralizados… y luego retrocedieron.
En segundos, desaparecieron en la niebla negra, escabulléndose como sombras.
—Eh…, ¿qué?
Todos parpadearon, atónitos.
—¿Se han… ido sin más?
—¿Qué demonios ha sido eso? ¿Una especie de trampa?
—Ni idea…
Ethan, sin embargo, podía sentirlo. Los zombis no estaban tramando nada. Simplemente… estaban asustados.
Se habían rajado, sin más.
—Da igual —dijo, restándole importancia—. Busquemos un lugar donde refugiarnos esta noche.
—Sí, este sitio parece bueno.
Los demás estuvieron de acuerdo. El cielo estaba negro como la boca de un lobo y, tras un largo día de viaje y tensión, todos estaban en las últimas.
Encontraron una vieja biblioteca cerca. Sorprendentemente, estaba libre de zombis y relativamente limpia.
Despejaron un espacio, apilaron algunos libros para usarlos como camas improvisadas y, la verdad, no estaba nada mal.
—Este sitio no está tan mal. Está un poco oscuro, pero nos apañaremos —dijo Chris, tratando de levantar la moral.
Mia asintió. —Podría ser peor. No es que estemos en un complejo de la Legión de la Mano Negra con todas las comodidades.
Pero justo cuando terminó de hablar, un fuerte golpe sordo resonó desde fuera, como si algo pesado acabara de caer al suelo.
Todos se pusieron en alerta al instante, girándose hacia el sonido.
Entonces lo vieron: Ethan, de pie tranquilamente, agitando la mano mientras varios objetos empezaban a materializarse de la nada.
Un generador de manivela. Condensadores. Transformadores. Incluso algunas lámparas de tipo industrial.
—Estas cosas son del complejo de la Ciudad Mano Negra —dijo con naturalidad.
…
—Maldición…
Todos se quedaron mirando, con los ojos bien abiertos y asombrados. Parecía que si Ethan se quedaba en Ciudad Mano Negra unos días más, podría llevarse todo el maldito lugar con él.
Poco después, gracias a sus ajetreadas manos, la biblioteca —silenciosa durante más de medio año— por fin volvió a iluminarse.
El resplandor hizo retroceder la oscuridad, trayendo consigo una sensación de seguridad, e incluso un toque de calidez.
En la solitaria y oscura ciudad, este era el único lugar con una luz encendida.
Bajo esa luz, se sentaron a cenar. Gracias a los suministros que habían saqueado del complejo, la comida fue sorprendentemente abundante.
Ethan, mientras tanto, sacó un núcleo de cristal de grado S y se lo metió directamente en la boca. Una intensa oleada de energía fluyó por sus extremidades, extendiendo calor y poder a cada rincón de su cuerpo.
Luego sacó la tableta del Mapa Estelar. Bajo el brillo del Cristal Radiante, absorbía energía aún más rápido.
Mia echó un vistazo, claramente intrigada.
Sean, siempre curioso, se acercó directamente y le dio un repaso a la tableta con su mirada aguda y analítica.
—Ethan, ¿qué es esta cosa? Se ve genial.
—Ni idea. Cayó del cielo —respondió Ethan con indiferencia.
La tableta del Mapa Estelar era demasiado misteriosa; sus secretos eran imposibles de adivinar.
—¿Así que me estás diciendo que literalmente la recogiste de la calle? —inquirió Mia, inclinándose para examinarla. Rápidamente se dio cuenta de que dos de los bordes de la tableta eran irregulares y desiguales.
—Esta cosa no parece completa.
—Sí, probablemente sea solo una pieza de un todo. Ni idea de dónde acabó el resto —explicó Ethan.
—Oh… —Mia pareció pensativa.
—Quizás cuando volvamos, pueda contactar con los refugios principales, a ver si alguien ha visto algo como esto. Si es así, tal vez tenga suerte y también encuentre una pieza.
—Suena bien —asintió Ethan. Los refugios humanos estaban esparcidos por todo el mundo, especialmente en las ciudades más grandes. Con una red tan amplia, las posibilidades de encontrar más piezas eran definitivamente mayores.
Chris, que había estado escuchando cerca, intervino: —¿Y qué pasa si consigues juntarlo todo?
—Ni idea. Supongo que lo descubriremos algún día —dijo Ethan.
Ahora todos sentían curiosidad. La tableta tenía un innegable aire de misterio.
Sean lanzó una teoría: —¿Y si invoca a una especie de megajefe?
—¿Qué es esto, un videojuego? —Chris puso los ojos en blanco—. ¿De dónde se supone que va a salir ese «jefe»?
Sean se encogió de hombros. —¿Entonces qué crees que hace?
—Si tuviera que adivinar… quizá sea un mapa del tesoro. Mira esas marcas que tiene —dijo Chris, señalando las líneas grabadas.
Y así, los tres se pusieron a lanzar teorías e ideas. La oscura noche transcurrió, minuto a minuto.
…
En otra parte de la pequeña ciudad…
En un sótano completamente oscuro.
Aquí, la niebla negra era más densa.
Una horda de zombis se había reunido en la niebla, y sus ojos viciosos y brillantes parpadeaban, apareciendo y desapareciendo de la vista.
—Jefe, unos humanos acaban de entrar en nuestro territorio.
—¿Mmm?
Un Rey Zombi se movió, claramente molesto. La niebla se arremolinaba a su alrededor; él era el gobernante de esta zona, y su nombre era simplemente «Niebla».
—Increíble. Puedo soportar que otros zombis me incordien, ¿pero ahora los humanos creen que pueden simplemente pasearse por aquí? ¿Cuántos son?
—Parecían unos cuarenta, Jefe. ¿Qué debemos hacer? —informó uno de sus subordinados de élite.
Niebla pensó por un momento. —Vamos a… no salir todavía.
—Eh… —Los zombis de alrededor parecieron confundidos, pero, sinceramente, esto era bastante normal en su jefe.
Niebla, después de todo, solo era de rango B+. Y no estaba precisamente hecho para el combate. Al principio del apocalipsis, eso era suficiente para dominar una región.
Pero ahora, medio año después del fin del mundo, los humanos habían evolucionado rápido. Hoy en día, hasta un superviviente cualquiera podría ser B+; diablos, los rangos A ya ni siquiera eran raros.
Así que Niebla tenía que depender de sus habilidades de sigilo, escondiéndose constantemente, sobreviviendo a duras penas en las grietas del mundo.
—Ustedes, vayan a vigilar a esos humanos. En el momento en que se vayan, vuelvan e infórmenme.
—Entendido, sin problema. —El zombi de élite subordinado se dio la vuelta y salió.
Niebla añadió una última advertencia: —¡Tengan cuidado. No dejen que los vean!
—Oh, por supuesto. Entendido —asintió el zombi rápidamente.
Un puñado de zombis de élite se deslizó fuera del sótano, con movimientos ágiles e inquietantemente gráciles mientras saltaban y trepaban por los edificios, dirigiéndose directamente hacia la ubicación de Ethan.
No tardaron en llegar a la zona cercana a la biblioteca. Sus brillantes ojos depredadores escanearon el edificio y, para su sorpresa, vieron luces encendidas en el interior.
—¿En serio? ¿Tan audaces?
—No es broma. Los humanos de verdad encendieron las luces…
—Vamos, echemos un vistazo.
—…
Habían visto a muchos humanos antes, pero era la primera vez que alguno se atrevía a iluminar un lugar como este.
…
Era tarde. Mia y los demás ya se habían quedado dormidos, agotados, con una respiración suave y constante. Sean tenía un libro de cocina abierto y puesto sobre la cara como una manta. La portada mostraba una foto brillante de un pollo asado.
Incluso en sueños, Sean relamía los labios como si estuviera soñando con un festín.
Ethan estaba cerca, con los ojos agudos y alerta, todavía absorbiendo energía, todavía evolucionando.
Pero entonces… oyó algo. Un leve susurro en el exterior. Sus sentidos se agudizaron al instante. Podía sentirlos: varios zombis de élite, merodeando por los alrededores.
Estaban rodeando la zona, sin acercarse demasiado, pero tampoco se iban.
De repente, Ethan giró la cabeza hacia una ventana. A través del cristal, vio un rostro grotesco asomándose por la esquina.
La piel del zombi era pálida y tensa, con las venas abultadas y manchada de sangre seca. Sus ojos brillaban con una luz viciosa, y su expresión era pura malicia.
Para una persona normal, ver esa cara en la ventana —especialmente considerando que estaban en un segundo piso— habría sido suficiente para provocarle un ataque de pánico en toda regla.
Pero Ethan no se inmutó. Le devolvió la mirada, sin parpadear.
Eso, al parecer, fue suficiente para asustar al zombi. Retiró la cabeza bruscamente como si lo hubieran pillado haciendo algo que no debía, y luego huyó despavorido. En su prisa, chocó contra algo, provocando un fuerte estruendo que resonó en la noche.
—… Vaya. —Ethan enarcó una ceja y se tocó la cara instintivamente—. ¿Tan aterradora es mi cara?
—¿Quién anda ahí? —se removió Mia, somnolienta pero alerta. En el apocalipsis, nadie dormía demasiado profundo.
—No es nada —dijo Ethan con calma—. Vuelvan a dormir. Voy a comprobar una cosa fuera.
—Está bien. —Mia confiaba en él. Volvió a tumbarse y se durmió de nuevo en segundos.
…
Fuera de la biblioteca, cerca de la esquina del muro…
La zona seguía envuelta en un fino velo de niebla negra, que hacía que la luz de la luna parpadeara y se desvaneciera como una vela moribunda.
Unos pocos zombis de élite se habían reagrupado allí.
—Parece que esos humanos no van a ninguna parte esta noche.
—Sí, probablemente se irán por la mañana.
—Por cierto… creo que uno de ellos me ha visto hace un momento —dijo de repente uno de los zombis.
Los demás se volvieron para mirarlo.
—No es para tanto. Los humanos no suelen moverse de noche. No van a salir a buscarnos.
—Exacto. ¿Qué clase de humano estaría lo bastante loco como para perseguir zombis en la oscuridad?
Sonaban confiados; claramente, se habían encontrado con suficientes humanos como para saber que la mayoría de ellos iban a lo seguro. Nadie en su sano juicio se pondría a cazar zombis por la noche.
—Incluso si salen, ¿y qué? Toda esta zona está cubierta de niebla. No podrán encontrarnos —añadió otro zombi.
Pero justo cuando las palabras salían de su boca, algo se movió en la niebla detrás de ellos.
Una sombra empezó a formarse: tenue al principio, luego más oscura, más sólida… más real.
…
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