ARANOR - Capítulo 13
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13: La fundación de Colina Verde 13: La fundación de Colina Verde Mucho antes de que existiera un valle conocido como Colina Verde, antes de que sus praderas se cubrieran de vida y sus colinas fueran hogar de una comunidad próspera, hubo un pueblo llamado Dobitown.
En aquellos tiempos remotos, Dobitown era un vergel de prosperidad y felicidad, la mayor y más importante comunidad de medianos de todo Eridian.
Sus campos fértiles, ríos generosos y calles animadas lo convertían en un lugar donde la vida florecía sin esfuerzo aparente.
Allí vivía Darby de la Colina Valverde, hijo de Vardy Valverde y Sonia de la Colina, un mediano apacible y trabajador que desde joven se había dedicado con ahínco a la labor de la tierra, siguiendo los pasos de su padre en la granja familiar.
Darby encarnaba el espíritu sereno y perseverante que caracterizaba a su pueblo.
Junto a su esposa Dorita, formó una familia sencilla y unida, aferrada a la tierra que había sustentado a generaciones enteras.
Sin embargo, el destino de Dobitown estaba lejos de ser eterno.
Con el paso de los años, los cambios climáticos provocados por Aldirk alteraron de manera irreversible el equilibrio de la región.
Los desiertos comenzaron a extenderse más allá de sus límites naturales, devorando vastas extensiones de tierras fértiles.
Los verdes prados se transformaron en yermos desolados, integrándose al creciente desierto de Gori, un páramo inhóspito poblado por alimañas y criaturas desconocidas que sembraban el terror entre quienes se aventuraban en sus dominios.
La sequía se convirtió en un devorador implacable.
Los campos se marchitaron, los ríos se secaron y las calles de Dobitown, antes colmadas de vida, quedaron sumidas en un silencio ominoso.
A pesar de ello, la mayoría de los medianos se aferró a su hogar con obstinada determinación, reacios a abandonar la tierra donde habían nacido.
Darby, sin embargo, sentía cada día con mayor peso la carga del deber.
Con su esposa, sus dos hijos pequeños, sus padres y los padres de Dorita a su cargo, veía cómo las escasas riquezas acumuladas se desvanecían lentamente.
A sus treinta y cuatro años comprendió que permanecer en Dobitown significaba condenar a los suyos a una muerte segura, ya fuera por hambre, sed o enfermedad.
Convocó entonces a su familia y, entre lágrimas y protestas, anunció su decisión de partir en busca de nuevas tierras.
Prometió regresar por ellos una vez hallado un lugar donde pudieran rehacer sus vidas.
Su padre, Vardy, temió por la seguridad de su único hijo, pero Darby estaba resuelto.
Sabía que no había otra opción.
Partió al amanecer, montado en dos mulas cargadas con lo poco que les quedaba, guiado únicamente por su instinto y por la esperanza de un futuro mejor.
Pasaron dos años y medio desde su partida.
En Dobitown, muchos lo dieron por muerto, algunos apenas un mes después de haberlo visto desaparecer en el horizonte.
Pero Darby regresó.
Fue recibido con asombro por los pocos habitantes que aún resistían entre las ruinas del antiguo pueblo.
Allí supo de la muerte de su padre, una herida profunda para la que no había tiempo de duelo.
La situación exigía acción inmediata.
Reunió a los sobrevivientes y les ofreció una última esperanza: seguirlo hacia un nuevo hogar.
Algunos eligieron quedarse, incapaces de abandonar lo poco que aún conservaban, pero la gran mayoría decidió acompañarlo, reconociendo en Darby a un líder forjado en la adversidad.
El viaje fue largo y penoso.
Muchos medianos sucumbieron en la travesía, especialmente ancianos y enfermos que no resistieron las inclemencias del camino.
Pero quienes perseveraron finalmente llegaron a un valle protegido por montañas imponentes, un lugar que Darby había bautizado inicialmente con su nombre completo, en un gesto de orgullo y ambición por dejar su huella en la historia.
Con el tiempo, y a medida que la comunidad creció, decidió acortar aquel nombre.
Así nació Colina Verde, un nombre que reflejaba la exuberante vegetación de las colinas circundantes y la fertilidad de la tierra que los había acogido.
Colina Verde se alzaba al norte del vasto continente de Eridian, anclada entre las montañas azules que delineaban el perímetro del Bosque Tranquilo.
El valle gozaba de un microclima único, perpetuamente templado, donde suaves brisas recorrían las praderas y el sol derramaba su luz con generosidad a lo largo de todo el año.
En el corazón del valle descansaba el gran lago Blanco, alimentado por los deshielos de las montañas.
Sus aguas cristalinas reflejaban el cielo como un espejo líquido, convirtiéndose en un oasis de serenidad rodeado de exuberante vegetación.
Los medianos erigieron sus hogares con la madera noble de los bosques cercanos, integrando su arquitectura con la naturaleza.
Esta práctica, sin embargo, no estuvo exenta de conflictos, especialmente con los scrillch, criaturas del bosque que veían con desagrado la utilización de los árboles de su hábitat.
Con el paso de los años, Colina Verde prosperó.
Darby y Dorita tuvieron cinco hijos, que crecieron entre sus calles serpenteantes y casas de madera.
Sin oposición alguna, Darby fue reconocido como gobernador del pueblo, un líder amado y respetado que guió a su gente durante décadas.
Vivió hasta los ciento cuatro años, y Dorita lo siguió poco después, alcanzando los ciento seis.
En honor a su legado, los habitantes erigieron una estatua de cinco metros de altura en la plaza del pueblo, recordatorio eterno de los sacrificios y valores de quienes habían salvado a su gente de la extinción.
Como tributo adicional, muchos niños nacidos en Colina Verde fueron bautizados con nombres que incluían la palabra “verde”, una tradición tan honorable como problemática, pues con el tiempo más de la mitad de la población compartía los mismos nombres, causando no pocos dolores de cabeza a los encargados de los registros.
A pesar del paso de los siglos, aún permanecían descendientes directos de la línea de Darby entre los medianos de Colina Verde.
Entre ellos se encontraban Bringo y Bongo Valverde, quienes llevaban con orgullo el legado de su ilustre ancestro.
Y hoy, más de ochocientos años después, el Sol sigue ascendiendo con timidez sobre los nevados picos que rodean el valle de Colina Verde, bañando con su luz dorada a una comunidad que, nacida del sacrificio y la esperanza, perdura como símbolo de resistencia y determinación.
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