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ARANOR - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Un extraño en apuros
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16: Un extraño en apuros 16: Un extraño en apuros Los rayos del sol penetraron a través de las ramas de los árboles, alcanzando directamente a Gabriel, quien emergió de su sueño con un sobresalto, creyendo haberse quedado dormido y que llegaría tarde al trabajo.

El humano se encontraba recostado en la suave hierba, a unos diez metros de la orilla del río.

Al incorporarse, se tomó un momento para orientarse y asimilar la realidad de su libertad recién descubierta: ya no estaba sujeto a horarios ni a la presión de las obligaciones laborales.

Una sonrisa iluminó su rostro al comprender que aquel día sería completamente suyo, sin la necesidad de rendir cuentas a nadie más que a sí mismo.

Se puso de pie, estirando su cuerpo con el regocijo de quien se encuentra en completo control de su tiempo.

Decidió refrescarse en las cristalinas aguas del río, que, aunque heladas, lo revitalizaron de inmediato.

Mientras se secaba el rostro con la tela de su camisa, unos gritos llegaron desde aguas arriba, rompiendo la tranquilidad del momento.

Gabriel alzó la vista, intrigado por la fuente de aquel alboroto, preguntándose qué podría estar sucediendo más allá de la curva del río.

Con el corazón latiendo con fuerza, Gabriel se apartó rápidamente de la orilla del río, buscando refugio entre la densa maleza que bordeaba la ribera.

Los gritos, cargados de desesperación y miedo, resonaban cada vez más cerca, aunque llegaban de forma entrecortada, como si fueran llevados por el viento.

Aunque no comprendía el lenguaje de aquellos gritos, Gabriel percibió la angustia que transmitían.

Al asomarse entre los arbustos, su mirada se encontró con una escena desconcertante: un niño parecía estar siendo arrastrado por las aguas del río.

La pequeña figura luchaba por mantenerse a flote en medio de las corrientes, incapaz de liberarse de su peligroso destino.

Más atrás vio la cómica imagen de un asno aterrorizado, con sus cuatro patas bien abiertas, tratando de mantener el equilibrio sobre una improvisada balsa.

No dudó un instante y se arrojó al agua.

Era profunda pero tranquila, aunque a unos veinte metros más adelante se observaban algunos rápidos que podían lastimar al infortunado que parecía desmayado, pues ya no gritaba.

Gabriel lo tomó de sus ropas y logró sacarlo a tiempo del curso de la embarcación que se les venía encima.

Lo llevó a hasta la orilla y observó la balsa chocar contra las piedras.

Se apenó por el pobre animal aterrorizado, que rodó y cayó al río.

Por suerte el golpe no fue tan brusco como Gabriel supuso que podría ser.

El asno pudo trepar por sus propios medios a la margen derecha y sin ningún rasguño más que en su propio orgullo.

Después centró su atención en la pequeña persona que había salvado y que en un principio confundió con un niño.

Semejaba más bien a un adulto, pero de dimensiones más reducidas, no como un enano, que es más corpulento, sino más bien como una persona en proporciones acordes, en un tamaño inferior.

Solo sus orejas eran diferentes a las de un humano, eran puntiagudas al igual que las orejas de don Anselmo.

El mediano, que Gabriel pronto pudo identificar como tal por haber leído literatura sobre ellos, estaba inconsciente producto de la hipotermia.

Recordó sus enseñanzas de primeros auxilios, pero no tenía mantas para envolverlo ni fósforos como para encender una fogata.

Le sacó algunas de sus prendas mojadas y le masajeó el cuerpo helado.

Por fortuna, el Sol ya calentaba con fuerza y ayudó a Gabriel en su cometido de hacer circular la sangre del mediano con normalidad.

Bringo recobró el conocimiento.

No se asustó al ver al extraño, solo le llamó la atención.

Estaba acostumbrado a ver exploradores en Iclys, pero no en aquella zona.

—¡Gracias por salvarme!

¡Me llamo Bringo Valverde!

—dijo tiritando de frío.

Gabriel lo miró extrañado, no entendía una sola palabra de lo que le decía Bringo.

El mediano quedó a la espera de una respuesta.

Pudo comprender que el muchacho no entendía ni medio.

Era insólito, pues los problemas idiomáticos habían sido superados hace mucho.

Todos los seres tenían la capacidad de comprender cualquier lenguaje.

Era algo innato, y dicha capacidad se mejoraba con los años.

Pensó, entonces, que el muchacho tendría alguna dificultad para aplicar este conocimiento y esperó a que este hablase.

—Perdón, pero no entiendo ni una palabra —dijo Gabriel.

—Gracias por salvarme, te decía.

Me llamo Bringo Valverde —respondió Bringo acomodando su lenguaje al empleado por Gabriel.

—Un gusto en conocerte, Bringo.

Gabriel es mi nombre.

—¿Gabriel?

Es un nombre raro para un explorador.

¿Qué andas haciendo por estos lugares?

Solo he visto ratones y mariposas en mis otros viajes, pero jamás un explorador.

—Digamos que me encuentro un poco desorientado.

Estoy viajando hacia Iclys y no sé si voy muy bien encaminado a mi destino.

—No sería cortés de mi parte seguir preguntando por qué un explorador no conoce Iclys, la capital de los caminantes, ni por qué tienes un acento y un idioma tan extraño para hablar, ni por qué no puedes entender mi lenguaje, ya que todos tenemos la capacidad de comprendernos.

Solo quiero agradecerte que me hayas salvado la vida y eso para mí es suficiente.

Aunque si quieres contarme… —dijo Bringo, curioso.

—Soy nuevo en esto de la exploración.

En cuanto a mi idioma y mi acento… —hizo una pausa para meditar qué respuesta debería darle a Bringo para luego completar—.

Vengo de tierras muy lejanas, y hay cosas que todavía no aprendo.

A propósito, ¿tú venías en una balsa con un asno?

—dijo Gabriel, cambiando el eje de la conversación.

—¡Rodolfo!

¿¡Le pasó algo a mi asno!?

—Bringo se puso de pie.

—Está bien, al menos eso creo.

La balsa chocó río abajo contra unas piedras, y el asno salió dando patadas y resoplidos, pero creo que se marchó por donde vino.

Se fue trotando río arriba.

—Se fue a Colina Verde.

Ya conoce el camino.

Por suerte está bien, aunque me he quedado sin bestia de carga.

Mis ropas son un desastre; y supongo que mi carro se ha destruido.

—Estimo que sí.

—¡Maldita sea!

Yo y mis estúpidas ideas.

Justo hoy se me tenía que ocurrir.

Ya no puedo volver atrás.

Jamás llegaré a horario a la cita.

Todo esto me ha deprimido mucho —dijo Bringo bajando la vista con aire de tristeza para luego rematar sonriendo—.

¿Tienes algo para comer?

—Solo estas frutas… —¿¡Frutas!?

¿Llamas “fruta” a los zongs?

¡Son asquerosos!

¡Tú sí que eres extraño!

Ahora todo se me complica.

Sin Rodolfo y sin comida sin dudas no podré llegar a tiempo a mi compromiso.

Al menos veré si puedo rescatar algo del carro.

Bringo cruzó el río con la ayuda de Gabriel.

El carro se había estrellado en la margen opuesta, y gran parte de su carga se hallaba desparramada en esa orilla.

—¡Todo echado a perder!

—dijo Bringo, apenado—.

Ni dulces, ni la comida que había preparado para este viaje y, lo que es peor, mis ropas nuevas arruinadas.

—¿Es muy importante esa cita de la que hablas?

—¿Qué si es importante?

¡Importantísima!

Se trata de conocer a mis futuros suegros, y son muy distinguidos dentro de la comunidad mediana.

—¿Tienen mucho dinero?

—¡Muchísimo!

Pero a mí lo único que me interesa es la hermosa Lina.

Ya tengo ganado su corazón, ahora me falta convencer a sus padres, quienes quieren a alguien de su “altura” y no a un Valverde loco y pobre como yo.

Fíjate que aceptaron a regañadientes recibirme, pues Lina insistió.

Es mi única oportunidad de convencerlos de que su hija será feliz conmigo.

—No te preocupes.

Todo saldrá bien —dijo Gabriel apoyando una mano sobre el hombro de Bringo.

—Gracias por tu aliento, pero voy a necesitar un poco de suerte.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES DorianDrake Este capítulo marca el primer encuentro real entre Gabriel y el mundo que comienza a desplegarse ante él.

Quise que ese contacto no fuera grandilocuente ni épico desde el inicio, sino humano, casi cotidiano: un rescate, una conversación, un problema sencillo pero cargado de emoción.

Bringo aparece aquí como algo más que un acompañante circunstancial.

En su torpeza, su humor y su vulnerabilidad hay una puerta de entrada a Etheria, a sus costumbres y a sus contradicciones.

A veces, los grandes viajes no comienzan con profecías, sino con pequeños actos de bondad y decisiones tomadas sin pensar demasiado.

Gracias por acompañarme en este tramo del camino.

Nos leemos en el próximo capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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