Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 9 Grietas en la porcelana
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10: Capítulo 9: Grietas en la porcelana 10: Capítulo 9: Grietas en la porcelana El lunes por la mañana, la entrada de la escuela estaba llena de murmullos, pero mis ojos buscaron automáticamente un rincón específico cerca de los grandes cerezos.
Allí estaba ella, Hana, ajustándose la mochila.
Me acerqué, intentando que mi ropa nueva y mi postura firme ocultaran los nervios que solo ella lograba provocarme.
—Hana —dije, tratando de sonar casual.
Ella se giró y me dedicó una sonrisa pequeña, una que no era de admiración por mi estatus, sino de pura nostalgia.
—Vaya, Arata.
Veo que hoy también has llegado rodeado de tu…
grupo—dijo ella, señalando con la mirada a Leo y Santi que me esperaban más adelante—.
Parece que ser el protegido de Ken te sienta bien.
—Bueno, las cosas han cambiado —respondí, intentando sonar importante—.
Todo el mundo habla de mi nuevo estilo.
Es lo que se necesita para destacar aquí.
Hana soltó una risita suave y negó con la cabeza mientras empezábamos a caminar juntos hacia la entrada.
—Es un estilo impresionante, no lo niego.
Pero, ¿sabes?
Casi no te reconozco dibujando esas fieras agresivas.
¿Recuerdas cuando éramos niños y pasábamos las tardes en el parque?
Mientras todos los demás corrían, tú te quedabas sentado bajo un árbol con tu cuaderno, dándole vida a esos robots y guerreros con alas…
como aquel que hiciste una vez, el que tenía una armadura brillante.
Todos te decían que eras raro, pero tú siempre sonreías y seguías dibujando.
Me quedé en silencio.
El recuerdo me golpeó con la fuerza de un rayo.
Me vi a mí mismo, pequeño y feliz, sin necesidad de aprobación ajena, simplemente creando mundos en papel.
Hana tenía razón; mi “yo” de verdad no necesitaba ser agresivo para ser fuerte.
—Ese dibujo…
—susurré—.
El guerrero de las alas de plata.
Me tomó días terminarlo.
Hana ensanchó su sonrisa antes de llegar a su salón.
—Exacto.
¿Sabes, Arata?
A pesar de esa fachada de tipo duro que intentas llevar hoy, me alegra ver que sigues siendo igual de raro.
Es lo único que me queda del Arata que conocí de pequeño.
No dejes que se pierda.
Se alejó despidiéndose con la mano, y en ese instante, sentí cómo mi armadura de popularidad se resquebrajaba por completo.
La seguridad que Ken me había dado se sentía ahora como una jaula de cristal.
Pasé el resto del día en clases como un fantasma.
Al sonar el timbre de salida, Leo, Miki y Santi me llamaron para ir a la zona de juegos, pero puse una excusa rápida y me fui directo a casa.
No podía soportar un minuto más fingiendo que sus bromas me importaban.
Al llegar, me encerré en mi habitación.
Fui directo al fondo del armario y saqué una caja que no había abierto en años.
Debajo de unos libros viejos, estaba: mi cuaderno de dibujo antiguo.
Empecé a pasar las páginas.
Vi los trazos torpes de un niño, los colores brillantes, las caricaturas y, finalmente, el robot con alas que Hana mencionó.
Me pregunté qué estaba haciendo con mi vida.
¿En qué momento cambié los sueños de un guerrero alado por los gritos de un león furioso solo para complacer a alguien como Ken?
Me tumbé en la cama, con el cuaderno abierto sobre el pecho.
Me sentía como un vaso roto.
Un vaso roto todavía conserva su forma por fuera; parece funcional y hasta elegante si no te fijas bien.
Pero está lleno de grietas.
Puedes llenarlo de popularidad, de ropa nueva o de halagos, pero todo el sentido de tu vida se escapa por las fisuras invisibles.
Estaba en la cima, pero por dentro, el agua se me estaba acabando.
Nota del Autor: “Hana ha confrontado a Arata con su pasado más puro.
Al verse en esos dibujos de niño, Arata se da cuenta de que su éxito actual tiene un precio demasiado alto.
Pregunta para los lectores: ¿Creen que Arata tendrá el valor de llevar su cuaderno antiguo a la escuela o esconderá su ‘rareza’ para que Ken no lo humille?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com