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Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 12

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12: Capítulo 11: Madera Astillada 12: Capítulo 11: Madera Astillada Pasó una semana desde que recibí la noticia de Hana y Ken.

Siete días en los que algo dentro de mí simplemente se apagó.

Dejé de usar la ropa de marca que Ken me sugería, dejé de caminar con la barbilla en alto y, sobre todo, dejé de buscar la aprobación de los demás.

El resultado fue inmediato y cruel.

Leo, Miki y Santi, quienes juraban ser mis “hermanos”, empezaron a caminar un paso por detrás, luego a dos, hasta que finalmente dejaron de acercarse.

Los vi desde lejos en la cafetería; me miraban con una mezcla de lástima y terror.

No era que me odiaran, es que tenían miedo.

Miedo de que mi “caída” fuera contagiosa, miedo de que, al juntarse conmigo, ellos también se volvieran raros.

Al final, ellos eran justo como yo: cáscaras vacías que preferían vivir una mentira brillante que una verdad solitaria.

Ahora volvía a estar solo, pero esta vez el silencio se sentía mucho más pesado.

Durante el recreo, busqué el rincón más alejado del patio.

Saqué un cuaderno nuevo; el antiguo, el de los robots alados, se había quedado en casa porque sentía que no era digno de tocarlo aún.

Intenté dibujar.

Moví el lápiz sobre el papel buscando esa chispa, esa emoción que Hana decía que yo tenía.

Pero no había nada.

Mis trazos eran rígidos, sin gracia, sombras muertas de lo que alguna vez fueron mis personajes.

Mi mano temblaba.

De repente, a lo lejos, los vi.

Hana y Ken estaban bajo el mismo cerezo donde ella y yo solíamos hablar.

Él la rodeaba con el brazo, con esa pose de dueño que tanto conocía, y ella…

ella se veía protegida.

Un fuego de impotencia y rabia me recorrió el brazo.

Sin darme cuenta, apreté el puño con tanta fuerza que escuché un crujido seco.

El lápiz se había partido en dos.

Me quedé mirando los trozos de madera y grafito en mi mano.

La punta estaba destrozada y la madera astillada mostraba el interior frágil que el barniz ocultaba.

Fue entonces cuando lo entendí.

Yo era exactamente como ese lápiz.

Había fingido ser algo duro, algo resistente, algo “cool” para encajar en el estuche de Ken.

Me presioné tanto a mí mismo para trazar líneas que no eran mías, para pintar una historia de éxito que odiaba, que terminé rompiéndome.

El barniz de “chico popular” se había caído, y lo que quedaba debajo eran solo astillas y un núcleo que ya no servía para dibujar.

Estaba roto, y lo peor es que ya no tenía a nadie que me sacara punta de nuevo.

Nota del Autor: “Arata ha regresado a la soledad, pero ahora es una soledad consciente.

Al romper el lápiz, se da cuenta de que su identidad está tan dañada como su herramienta de dibujo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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