Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 15 Ritmo en el grafito
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16: Capítulo 15: Ritmo en el grafito 16: Capítulo 15: Ritmo en el grafito Los meses siguientes no fueron fáciles, pero ya no estaba solo en el fondo del pozo.
Leo, Santi y Miki se convirtieron en mi guardia personal contra la soledad.
Al principio, me costaba creerles, pero verlos rechazar las invitaciones de Ken solo por quedarse conmigo en la biblioteca, me hizo entender que ellos también estaban cansados de ser sombras.
Poco a poco, el lápiz dejó de sentirse como madera astillada.
Con su apoyo, volví a trazar.
Ya no dibujaba para impresionar, ni para que Ken me diera una palmada en la espalda.
Dibujaba porque, cuando el grafito tocaba el papel, el mundo se callaba.
Recuperé la pasión de aquel niño, pero con la fuerza de alguien que ha sobrevivido a la tormenta.
El tiempo voló.
A mediados de segundo año de bachillerato, la escuela anunció algo increíble: un convenio con una universidad de élite para un diplomado de telecomunicaciones.
Era nuestra oportunidad de salir de esas cuatro paredes.
Ahora, me encuentro en el autobús escolar.
El motor vibra bajo mis pies mientras avanzamos por la carretera.
Leo, Santi y Miki van unos asientos más adelante, riendo y peleando por quién lleva mejores bocadillos; los asientos son demasiado pequeños para ir los cuatro juntos, así que me tocó el lugar junto a la ventana.
Me puse los auriculares y dejé que el mundo exterior se desvaneciera.
Mientras el paisaje cambiaba de edificios grises a colinas verdes, descubrí algo nuevo.
La música empezó a dictar mis trazos.
Descubrí que amaba el ritmo tanto como el color; cada nota de la canción que escuchaba se transformaba en una línea en mi cuaderno.
Ya no solo dibujaba robots; dibujaba el sonido, la libertad y el viento que golpeaba el cristal.
Por primera vez en mucho tiempo, Ken y Hana, que iban sentados varias filas más atrás, no eran el centro de mi universo.
Mi universo era esa canción, mi cuaderno y el camino hacia un lugar donde nadie me conocía como “el chico de Ken”.
El viaje en autobús seguía su curso.
En un momento, al girar la cabeza para estirarme, mis ojos se toparon con una escena que meses atrás me habría destrozado el alma.
En la parte trasera, Ken y Hana se besaban.
Era una imagen diseñada para marcar territorio, para que todos vieran que Ken seguía siendo el dueño de la joya de la corona.
Sentí una punzada, pero no era dolor.
Era una mezcla de extrañeza y, sorprendentemente, asco.
Ver a Hana entregarse tan ciegamente a alguien que yo sabía que era un vacío absoluto me revolvió el estómago.
Aparté la vista, subí el volumen de mi música y volví a mi dibujo.
Ella ya no era mi musa; era solo un recordatorio de lo que sucede cuando dejas que otros pinten tu destino.
Al llegar a las instalaciones de la universidad, durante el primer descanso, me aparté para caminar cerca de unos jardines modernos.
Pero la paz no duró mucho.
—¡Arata!
—La voz de Hana me detuvo.
Venía hacia mí con el ceño fruncido, cruzada de brazos.
—Hola, Hana —respondí con una calma que pareció molestarle aún más.
—¿”Hola”?
¿Eso es todo?
—reclamó, alzando la voz—.
Llevas meses ignorándome, Arata.
Te has vuelto un chico apartado, callado y, francamente, aburrido.
Ya ni siquiera intentas ser parte del grupo, ni siquiera intentas hablar conmigo.
¿Qué te pasa?
En ese instante, en lo más profundo de mi mente, escuché un crujido.
Aquella vieja fotografía mental que guardaba de nosotros dos sonriendo de niños, esa imagen que yo protegía como un tesoro, se agrietó y explotó en mil pedazos.
La luz que ella emitía para mí se apagó.
—¿Me llamas aburrido?
—solté una risa seca, fría, que la hizo retroceder un paso—.
Me llamas aburrido porque ya no soy el títere que Ken quería, ni el espectador que aplaudía tu supuesta felicidad.
—Arata, no hables así de Ken, él…
—¡Cállate!
—la interrumpí, y mi voz sonó con una fuerza que no sabía que tenía—.
Eres una estúpida, Hana.
Buscas desesperadamente seguridad en alguien como Ken, un tipo que cambia de novia cada vez que se aburre, alguien cuya “confianza” es tan falsa como su sonrisa.
Me reclamas a mí por cambiar, mientras yo luchaba contra la depresión y trataba de recoger los pedazos de mi vida que ustedes dos ayudaron a romper.
Hana me miró en shock.
Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas, pero yo no me detuve.
—He tenido que reconstruirme desde cero, solo con la ayuda de la gente que tú ahora desprecias.
Así que no vengas a decirme quién soy o quién debería ser.
Tú elegiste tu lado, Hana.
Ahora quédate en él.
La dejé ahí, temblando y sollozando en medio del jardín.
No sentí victoria, solo alivio.
Caminé hacia donde Leo, Santi y Miki me esperaban con una sonrisa.
Al llegar con ellos, el aire se sintió más puro.
—¿Todo bien, Kaze?
—preguntó Leo, pasándome un brazo por los hombros.
—Mejor que nunca —respondí, y por primera vez en años, no era una mentira.
💌 Mensaje del Autor Arata finalmente le ha dicho sus verdades a Hana.
El lazo con el pasado se ha roto para siempre.
👋💔
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