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Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 19 Velocidad Sabores y una Sombra en la Puerta
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20: Capítulo 19: Velocidad, Sabores y una Sombra en la Puerta 20: Capítulo 19: Velocidad, Sabores y una Sombra en la Puerta El domingo amaneció con un cielo despejado, de esos que parecen invitar a olvidar cualquier rencor.

Tras un desayuno tranquilo en familia, el sonido rugiente de un motor interrumpió la paz de la calle.

Era mi hermano mayor, Ren.

Él ya no vivía con nosotros; tenía su propia vida con su esposa en otra parte de la ciudad, por lo que su visita era un evento especial.

—¡Arata!

—exclamó quitándose el casco con una sonrisa—.

Tengo que hacer unas compras en el centro comercial.

¿Te animas a acompañarme en la moto?

Casi nunca veía a mi hermano debido a su trabajo, así que acepté de inmediato.

Al subirme a la parte trasera y asegurar mi casco, el mundo cambió.

Cuando arrancamos, sentí una libertad que ninguna otra cosa me había dado.

A través de la visera, la carretera se convertía en una cinta gris que devorábamos a toda velocidad.

Los lugares pasaban como manchas de color a nuestro lado y el viento golpeaba mi cuerpo, llevándose consigo los restos de la tensión de la semana.

Por un momento, no era el chico golpeado ni el artista incomprendido; era solo alguien fluyendo con el camino.

Al llegar al centro comercial y caminar hacia el supermercado, el ambiente se volvió más relajado.

Ren, con esa intuición que solo tienen los hermanos mayores, notó que algo había cambiado en mí.

—Has estado muy callado, Arata.

Y ese golpe en el labio no se hizo solo —dijo mientras tomaba un carrito de compras.

Me tomó un momento, pero finalmente solté todo.

Le conté sobre la traición de Hana, el acoso constante de Ken, cómo rompieron mi corazón y la pelea final en la universidad.

Ren escuchó en silencio, asintiendo de vez en cuando.

Cuando terminé, puso una mano pesada y protectora sobre mi hombro.

—Arata, a veces crecer duele más que cualquier golpe —me dijo con voz firme pero comprensiva—.

Me alegra que te hayas defendido, pero me alegra más que no te hayas convertido en un abusador como ellos.

Eres mejor que eso.

No dejes que su oscuridad apague tu luz.

Sus palabras me hicieron sentir un peso menos en el pecho.

Seguimos recorriendo pasillos y, al pasar por la sección de tecnología, vimos a un grupo de chicas de mi edad riendo y charlando.

Ren me dio un codazo juguetón.

—Anda, Arata.

Ve a hablarles.

Te ves bien hoy, seguro les agradas.

Me tensé de inmediato.

Sacudí la cabeza con fuerza.

Mis experiencias pasadas con Hana y la traición de Emi habían dejado una cicatriz invisible pero profunda.

La sola idea de acercarme a alguien nuevo me producía un vacío en el estómago.

—No puedo, Ren.

Todavía no.

Necesito tiempo para confiar de nuevo —respondí en voz baja.

Él lo entendió y no me presionó, simplemente seguimos nuestro camino.

Pasamos el resto de la tarde recorriendo diferentes tiendas.

Entramos a una tienda de ropa donde Ren me ayudó a elegir una chaqueta nueva que, según él, me hacía ver “menos como un niño y más como un artista”.

Luego, fuimos a una tienda de suministros de oficina donde compramos algunas libretas para mis próximos bocetos.

Para cerrar el día, decidimos ir a un restaurante de comida mexicana que ren recomendaba mucho.

Al entrar, el aroma a especias, chiles y carne asada inundó mis sentidos.

Pedimos una orden generosa de tacos al pastor y unas enchiladas con salsa verde.

Al probar el primer bocado, mis ojos se abrieron de par en par.

La explosión de sabores, el toque picante perfecto y la textura de las tortillas recién hechas eran increíbles.

Por un momento, olvidé todo mi drama personal mientras disfrutaba de la comida.

Realmente, esa “pincelada de color” que buscaba en la vida también podía encontrarse en un buen plato de comida compartida con alguien querido.

El regreso a casa fue igual de emocionante.

Ren me dejó en la entrada, se despidió con un abrazo y arrancó su moto de regreso a su hogar.

Me quedé un momento allí, disfrutando del silencio de la noche, hasta que una figura emergió de las sombras de la casa vecina.

Era Sara.

—Vuelves tarde, Arata —dijo ella, acercándose con pasos lentos y rítmicos.

Llevaba un vestido ligero y esa misma sonrisa inquietante del supermercado—.

Te ves muy bien con esa chaqueta nueva.

Realmente resalta tu mirada.

Traté de ignorar el escalofrío que me recorrió la nuca.

—Sara, ya te dije que no me interesa hablar contigo.

No sé qué buscas, pero no quiero nada —respondí, caminando hacia mi puerta.

Ella soltó una risa suave, casi un ronroneo, y se interpuso en mi camino por un segundo.

Su perfume era dulce, casi empalagoso.

—No seas tan duro.

Emi tenía razón, eres todo un reto —susurró, acercando su rostro al mío—.

Pero me encantan los retos.

La aparté con cuidado y me dirigí a mi entrada, pero me detuve en seco al ver que ella sacaba sus llaves y abría la puerta de la casa contigua a la mía.

Ella vivía justo al lado.

Antes de entrar, se giró y me lanzó una mirada que me heló la sangre.

—Siempre te veo, Arata.

Te ves muy bien siempre que sales a la tienda o cuando te quedas dibujando en la ventana —dijo con un tono que no era amable, sino posesivo—.

Nos vemos mañana…

vecino.

Cuando cerró su puerta, sentí que los pelos se ponían de punta.

La sensación de ser observado, de ser el objetivo de alguien que parecía saber demasiado sobre mí, me hizo entrar a casa a toda prisa.

La paz que había construido con mi hermano se había esfumado, reemplazada por una inquietante incertidumbre.

💌 Nota de KazeStudio: ¡Qué día tan movido para Arata!

De la libertad en la moto de su hermano a la comida mexicana deliciosa…

para terminar con un descubrimiento aterrador.

¿Sara es solo una admiradora intensa o hay algo mucho más oscuro detrás de su obsesión?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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