Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 20 La Danza de la Sombra y el Primer Rubor
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21: Capítulo 20: La Danza de la Sombra y el Primer Rubor 21: Capítulo 20: La Danza de la Sombra y el Primer Rubor La oscuridad de la noche se sentía más densa que de costumbre.
Una vez más, el sueño me eludía.
Mi mente era un torbellino de la sonrisa de Sara, sus palabras, y la inquietante cercanía de su casa.
Me levanté de la cama, arrastrando mis pies hasta la ventana, buscando alguna distracción en el vacío exterior.
Pero no encontré calma.
La ventana de Sara, justo enfrente de la mía, estaba abierta, y ella estaba allí, asomada, casi como si supiera que yo saldría.
Mi corazón dio un brinco descontrolado.
Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.
—¿Qué…
qué demonios haces despierta?
—articulé, la voz temblorosa por la sorpresa y el miedo.
Ella sonrió en la penumbra, una sonrisa que no revelaba nada más que su propia satisfacción.
—Solo admiraba la noche.
Es relajante.
¿Tú también lo haces?
—Yo…
no, solo…
no podía dormir —tartamudeé, sintiéndome vulnerable bajo su mirada.
—Entiendo.
A veces, la mente se acelera, ¿verdad?
Pensando en todo lo que pasó, en lo que pasará…
en ciertas personas.
Su tono era ambiguo, pero su mirada estaba fija en mí.
Sentí que no podía seguir con esa conversación tan extraña y tensa.
—Mira, Sara, no estoy de humor ahora mismo —dije, cerrando las persianas con un tirón brusco, como intentando cerrar la conversación y la conexión visual.
Escuché su risa suave, casi un suspiro, antes de que su voz llegara a través del cristal.
—No importa, Arata.
No importa cuánto te resistas.
Vas a ser mío.
La frase resonó en mi cabeza mientras intentaba conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, me vestí a toda prisa, decidido a salir antes de la hora habitual, antes de que el sol iluminara lo suficiente como para que Sara apareciera.
Mi plan era llegar a la escuela temprano, evitar cualquier encuentro, pero el destino tenía otros planes.
Justo cuando abría mi puerta, la suya se abrió también.
—¡Qué casualidad, Arata!
—exclamó ella con su sonrisa habitual, pero esta vez, sin pedir permiso, tomó mi brazo y comenzó a caminar conmigo—.
Parece que el universo quiere que compartamos el camino.
El contacto de su mano sobre mi antebrazo me sobresaltó.
Sentí la piel de gallina.
Mi mente gritaba “¡aléjate!”, pero mi cuerpo se había paralizado.
Estaba más asustado y perturbado que nunca.
Ella hablaba sin parar de cosas triviales: el clima, una nueva cafetería, la tarea de matemáticas.
Yo solo asentía, incapaz de formular una frase coherente, consciente de cada mirada furtiva que nos daban los vecinos al vernos caminar juntos.
Al llegar a la escuela ,aproveché la primera oportunidad.
—Necesito ir al salón de arte, tengo un boceto pendiente —dije, soltando mi brazo de su agarre con una excusa improvisada.
Me dirigí al salón, buscando refugio en mis dibujos.
Como había planeado, saqué mis materiales y empecé a trazar, canalizando toda esa ansiedad en el papel.
Estaba dibujando una figura rodeada de sombras que se estiraban y la envolvían, pero esa figura luchaba por mantener un solo punto de luz, una chispa de color.
En ese momento, la puerta se abrió sin un golpe.
Sara entró y, sin decir una palabra, se sentó en la silla junto a mí.
No pidió permiso.
Simplemente se sentó y observó mi dibujo en silencio.
Su presencia era abrumadora, pero yo, agotado por la constante batalla, dejé que se quedara.
No tenía fuerzas para rechazarla de nuevo.
La vi sonreír de reojo, una sonrisa de victoria silenciosa, sabiendo que yo me estaba cansando de la resistencia.
Durante el recreo, me encontré caminando con ella.
Extrañamente, la sensación de Sara ya no era tan perturbadora como antes.
Era…
diferente.
Hablaba con una confianza que no había visto en otras chicas, sin preocuparse por la opinión ajena.
Escuchaba sus historias, algunas de ellas sorprendentemente interesantes, y me di cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, alguien me estaba prestando atención, incluso si era una atención tan extraña.
Después de clases, mientras me preparaba para irme, la vi de reojo, esperando cerca de la salida.
Otros chicos, algunos del círculo de Ken, se acercaron a coquetearle, lanzándole piropos baratos y insultando me para quedar bien.
Sara los miró con una expresión seria y molesta.
Con unas pocas palabras, más afiladas que un cuchillo, los apartó y los humilló, dejándolos con la cola entre las patas.
Ver cómo los despedazaba verbalmente, cómo me defendía de un modo tan indirecto pero tan efectivo, hizo que un rubor subiera levemente a mis mejillas.
Era la primera vez que alguien me defendía así, con tanta fiereza.
Durante todo el camino a casa, hablamos sin las interrupciones forzadas de la mañana.
Me contó sobre sus propias frustraciones con la gente superficial, y yo, sorprendentemente, me encontré compartiendo algunas de mis inseguridades.
Al llegar a mi puerta, ella me sonrió, una sonrisa más genuina que la de la noche.
—Adiós, Arata.
Te veo mañana.
Entré a casa, comí con mi familia, subí a mi habitación y me senté en la cama.
Pero ya no me sentía tan incómodo.
La inquietud persistía, sí, pero se había mezclado con una curiosidad extraña.
Sara seguía siendo un misterio, una pincelada oscura en mi vida, pero por primera vez, no quería que desapareciera del todo.
💌 Nota de KazeStudio: ¡La dinámica entre Arata y Sara se complica!
De la perturbación al rubor, ¿qué significa esta conexión inesperada para nuestro artista?
¿Sara es realmente un peligro o una aliada con métodos poco convencionales?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com