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Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 Capítulo 23 Sabores y Dilemas
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24: Capítulo 23: Sabores y Dilemas 24: Capítulo 23: Sabores y Dilemas El aire acondicionado del centro comercial era un respiro necesario después del calor sofocante de la calle.

Caminar con Leo, Santi y Miki se sentía extrañamente natural, como si el vacío que dejaron mis juguetes de la infancia finalmente se estuviera llenando con voces reales.

—¡Yo ya lo tengo todo planeado!

—exclamó Leo, gesticulando con entusiasmo mientras esquivábamos a la gente—.

En cuanto empiecen las vacaciones, me largo al mar.

Mi abuelo tiene una casa justo a la orilla de la playa y me voy a quedar una semana entera surfeando y sin ver un solo libro.

—Qué envidia —rio Miki, mientras ajustaba el ángulo de su teléfono—.

Yo tengo que ir al nuevo parque de diversiones que abrieron.

Mi meta es grabar contenido suficiente para ganar seguidores; si no aprovecho las vacaciones para subir números, siento que pierdo el tiempo.

Santi, siempre más aterrizado, se encogió de hombros con una sonrisa tranquila.

—A mí me toca ayudar a mi papá en el taller.

Dice que si aprendo a desarmar un motor este verano, me dejará usar el coche los fines de semana.

Es un trato justo.

Los tres se detuvieron y me miraron expectantes.

—¿Y tú, Arata?

¿Cuál es el plan del artista?

—preguntó Leo.

Me lo quedé pensando un segundo, rascándome la nuca.

—No lo sé realmente…

—admití—.

Supongo que me quedaré en casa dibujando.

Tengo varias ideas que quiero terminar.

Hubo un silencio breve.

Los tres me miraron con una seriedad fingida que me puso un poco nervioso.

—Arata, hermano…

te queremos —dijo Miki con un suspiro dramático—.

Pero a veces eres demasiado aburrido.

Tienes que salir, que te pegue el sol, ¡haz algo loco por una vez!

No me molesté.

Al contrario, solté una pequeña risa.

Estaba de acuerdo con ellos; mi zona de confort siempre había sido mi habitación, pero estar allí con ellos ya era un avance.

Pasamos la tarde recorriendo tiendas de videojuegos y entramos a una de esas tiendas de souvenirs llenas de cosas innecesarias: llaveros que brillan en la oscuridad, tazas con formas extrañas y pósters de bandas que ninguno escuchaba.

Era divertido simplemente estar ahí, siendo chicos normales.

A la hora de cenar, llegamos a la zona de comida.

Miki nos arrastró a un puesto de comida típica.

—Mi papá me dijo que tenemos que probar las pupusas de aquí, dice que son las mejores —comentó mientras pedíamos una orden de revueltas y de frijol con queso.

Cuando llegaron, calientes y con el queso saliéndose por los bordes, los tres las probaron con curiosidad.

La expresión de sus rostros lo dijo todo.

—¡Santo cielo!

—exclamó Santi con la boca a medio llenar—.

El papá de Miki es un genio.

Esto es de otro mundo.

Entre bocado y bocado, la conversación derivó hacia lo inevitable: las chicas.

Leo empezó a contar, entre sonrojos, que estaba interesado en una chica de nuestro grado.

No tuvo que decir el nombre; todos sabíamos de quién hablaba.

—¡Ya cállense!

—gritó Leo, rojo como un tomate cuando empezamos a bromear—.

¡No es tan obvio!

Miki confesó que hablaba con una chica que conoció en una red social de fotografía, y Santi nos sorprendió diciendo que una chica que trabajaba en la mecánica frente al taller de su padre parecía estar interesada en él.

—Bueno, bueno…

—Leo se limpió las manos y me señaló con el dedo—.

Ahora te toca, Arata.

¿Qué hay de…?

Iba a empezar a hablar, a decirles que no tenía a nadie en mente, pero Miki me interrumpió de inmediato.

—¡Ah, no!

¡Ni lo intentes!

—rio Miki—.

Ya sabemos que entre tú y Sara hay algo.

Es obvio, la chica no te quita el ojo de encima y siempre está pegada a ti.

Sentí que la cara me ardía.

Me molesté un poco, no por el comentario, sino por la insistencia.

—Ella no es mi novia —dije con firmeza, aunque mi tono me traicionó al sonar un poco nervioso.

—Solo es cuestión de tiempo, Arata —añadió Santi dándome una palmadita en la espalda—.

Pronto será oficial, ya verás.

No puedes escapar de eso.

Al volver a casa, el ambiente estaba tranquilo.

Mis padres me saludaron con una normalidad que agradecí.

Cenamos juntos y, por primera vez, no sentí miedo de que una pelea estallara en cualquier momento.

Al terminar, subí a mi habitación y encendí el televisor.

Puse algunos videos de fondo para llenar el silencio, pero mi mente estaba en otra parte.

“¿De verdad vale la pena Sara?”, me pregunté, mirando el techo.

Recordaba su abrazo de la tarde, su apoyo en el mural…

pero también recordaba su mirada posesiva.

Estaba confundido.

Mientras tanto, en la habitación de al lado, Sara no estaba viendo televisión.

Estaba sentada en su escritorio, rodeada de papeles y lápices.

Intentaba, con mucha dificultad, imitar mi estilo de dibujo.

Sus trazos eran toscos, no tenían la fluidez de los míos, pero se esforzaba.

Finalmente, suspiró y tomó la hoja donde había intentado retratar mi rostro.

No era perfecto, pero ella lo miró con una ternura casi dolorosa.

Sara pegó el dibujo a su pecho y lo abrazó con fuerza, cerrando los ojos como si, a través de ese papel, pudiera sentirme cerca de ella.

💌 Nota de KazeStudio: La vida de Arata empieza a llenarse de colores nuevos: la amistad, las risas y el sabor de unas buenas pupusas.

Pero mientras él duda, otros se aferran a su imagen con una intensidad que todavía no comprende.

¡Gracias a los 1.7k lectores!

¿Creen que Arata debería darle una oportunidad real a Sara o debería mantener su distancia?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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