Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Arata: El Color de la Resiliencia
  4. Capítulo 25 - 25 Capítulo 24 Colores Contra el Viento
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: Capítulo 24: Colores Contra el Viento 25: Capítulo 24: Colores Contra el Viento La notificación en la pantalla de mi celular brillaba con una promesa: “Concurso Anual de Arte: Identidad y Raíces”.

Sentí un vuelco en el corazón.

Esta era la oportunidad de demostrar que mis trazos no eran solo garabatos para pasar el tiempo, sino mi forma de respirar.

Al llegar a la escuela, me inscribí de inmediato.

Miki, Leo y Santi estaban a mi lado, bloqueando el paso a cualquiera que intentara molestarme.

—¡Eso es, Arata!

—exclamó Leo, dándome una palmada en la espalda—.

Vas a barrer con todos esos cuadros aburridos de bodegones y paisajes.

—Necesitamos que tu pintura sea viral, hermano —añadió Miki, mientras grababa un clip de la hoja de inscripción—.

El arte urbano está de moda, y lo que tú haces tiene alma.

¡Vamos a ganar esto!

—No te preocupes por el material —dijo Santi con su calma habitual—.

Si se te acaba el óleo o necesitas algún soporte especial, nosotros nos encargamos de conseguirlo.

Solo concéntrate en pintar.

Pasé los siguientes días encerrado en el salón de arte.

Mi obra era un reflejo de mi vida: la sombra negra de un niño pequeño en la base, y de su espalda nacían sombras en degradés de colores, representando cada fase de mi dolor y crecimiento, hasta llegar a una sombra blanca inmensa con los brazos abiertos, transmitiendo una paz absoluta.

Varios estudiantes se asomaban a mirar, murmurando con asombro.

Pero en un rincón, Sara observaba con los labios apretados.

Podía ver el miedo en sus ojos; Arata estaba brillando por sí mismo, y eso significaba que ella ya no era el centro de mi mundo.

El día antes de la premiación, dejé el cuadro secándose.

Sin embargo, Ken, consumido por la envidia, logró entrar a escondidas.

Leo lo vio de lejos y corrió a buscarme.

—¡Arata, es Ken!

¡Está en el salón de arte con un solvente!

Corrí como nunca.

Entré justo cuando Ken levantaba una lata de pintura para arruinar mi esfuerzo.

No lo pensé.

Lo tacleé antes de que tocara el lienzo.

Forcejeamos entre caballetes y botes de pintura.

Recibí un golpe en el pómulo, pero le devolví el impacto con la fuerza de alguien que defiende su vida.

—¡No vas a tocarlo!

—le grité, mientras un maestro entraba a separarnos.

Terminamos en la oficina del director.

Ken intentó mentir, pero las manchas de aceite en sus manos y el testimonio de Leo lo hundieron.

El director fue firme: Ken recibió una sanción y la orden de alejarse de mí permanentemente.

Al final, en la competencia, quedé en quinto lugar.

No gané el trofeo de oro, pero mientras veía mi cuadro colgado con la etiqueta de mi nombre, me sentí el hombre más rico del mundo.

Dejé mi pintura en la esquina de mi habitación.

El 5.º lugar no me importaba tanto como el hecho de que el cuadro estaba intacto; Ken no había logrado destruirlo.

Pero mis manos…

mis manos eran otra historia.

Por más que las restregué, el azul cobalto y el carmesí se habían quedado atrapados bajo mis uñas y en los pliegues de mi piel.

Eran mis cicatrices de guerra del salón de arte.

Salí hacia la tienda con la mente en otra parte, pero la voz de Sara me detuvo en seco.

—Arata…

—su voz era inusualmente suave, casi dulce.

Me tomó del brazo y sentí el calor de sus dedos.

—Hay una fiesta hoy.

Mis amigos van a estar ahí y no quiero ir sola.

Por favor, ven conmigo.

Intenté negarme.

Mi mente estaba agotada por la pelea con Ken y la adrenalina del concurso, pero ella insistió con esa mirada dulce dominante.

Terminé aceptando, más por inercia que por ganas.

Al llegar a la fiesta, el lujo me golpeó como un balde de agua fría.

Era un mundo de perfumes caros, risas ensayadas y ropa que costaba más que todo mi material de arte.

Había intentado limpiar mis manos antes de salir, pero el azul y el carmesí se habían aferrado a mis poros como si fueran parte de mi ADN.

Eran las marcas de mi batalla por el 5.º lugar, pero en este salón lleno de luces de cristal y mármol, esas manchas parecían suciedad.

Sara me soltó el brazo casi de inmediato para saludar a su amiga —¿Vieron eso?

—dijo un chico con una camisa que costaba más que mi casa—.

Parece un vagabundo que se coló para robar comida.

Mira sus manos…

qué asco.

Intenté ignorarlos, pero la burla se extendió como un incendio.

A dondequiera que girara la cabeza, encontraba ojos que me juzgaban y labios que se curvaban en muecas de desprecio.

Las risas empezaron a martillar mis oídos.

Sentí una presión asfixiante en el pecho, un nudo en la garganta que me impedía respirar.

Mis ojos ardían; sentí que una lágrima estaba a punto de traicionarme, y apreté los puños para evitar que cayera.

No quería darles ese placer.

No quería ser el espectáculo de su noche.

Sara estaba a unos metros, hablando con su mejor amiga.

La chica la tomó del brazo y me señaló con un gesto de repugnancia.

—Sara, en serio, ese tipo se ve patético —dijo su amiga, sin bajar la voz—.

Me daría lástima la chica que tuviera que estar con alguien así.

Es un perdedor completo, ¿qué hace aquí?

Sara se tensó.

Vi cómo sus ojos recorrieron mi figura solitaria y luego regresaron a su amiga.

Por un segundo, el silencio fue eterno.

—Él no es patético —soltó Sara de repente, con una voz cargada de una furia que nunca le había escuchado.

Sus ojos brillaron con molestia—.

No tienes ni idea de lo que ese “perdedor” es capaz de crear.

Sara se dio la vuelta para buscarme, decidida a sacarme de ahí o a defenderme frente a todos, pero ya era tarde.

Yo ya no podía soportar ni un segundo más el peso de esas risas.

Me abrí paso entre la multitud, ignorando los empujones y los comentarios venenosos, y salí de la casa casi corriendo.

El aire frío de la noche me golpeó la cara, pero no detuve mi paso.

Caminé rápido, con la espalda encorvada y el corazón latiendo desbocado.

Sara llegó a la salida apenas unos segundos después.

Me vio a lo lejos, una silueta que se alejaba bajo las luces de la calle, caminando como si intentara huir de su propia sombra.

Ella quiso gritar mi nombre, pero la voz se le quedó atrapada en la garganta.

—Para mí no eres raro ni patético, Arata…

—susurró ella para sí misma, con los ojos empañados.

Pero yo ya estaba demasiado lejos para escucharla.

Mientras me alejaba, el mundo empezó a dar vueltas.

Un mareo repentino me golpeó la base del cráneo, el mismo lugar donde recibí aquel golpe en la cabeza.

De repente, el sonido de la fiesta fue reemplazado por destellos de recuerdos que me azotaban como látigos: las risas de los niños en el parque, las veces que me llamaron “raro”, la soledad asfixiante…

todo volvió en una marea negra.

Me tambaleé, sintiendo que el suelo se inclinaba.

Mi respiración se volvió errática y un sudor helado me recorrió la espalda.

La presión en mi pecho explotó y, sin ver hacia dónde iba, estrellé mi puño contra la pared que tenía al lado con toda la rabia acumulada.

—¡Maldición!

—rugí, sintiendo el crujido de mis nudillos contra el cemento.

El dolor físico me obligó a abrir los ojos.

Al levantar la mirada, me quedé paralizado.

No era una pared cualquiera.

Mi puño había impactado justo al lado del rostro pintado de Chande.

Estaba frente al mural de los Ángeles Olvidados.

Toda la furia se evaporó en un segundo, reemplazada por un silencio sepulcral.

Extendí mi mano temblorosa y toqué el rostro de mis amigos.

El frío de la pintura se sintió como una caricia de consuelo.

Era como si ellos me hubieran estado esperando en esa calle oscura para decirme que no estaba solo.

Me quedé ahí, jadeando, con la frente apoyada en el muro.

Siempre me pasaba lo mismo; siempre permitía que sus voces fueran más fuertes que la mía.

Pero ver a Chande y Kasaka ahí, sonriéndome desde el arte, me dio una claridad absoluta.

—No dejaré que vuelvan a burlarse de mí —sentencié entre dientes.

Aparté la mano del mural y vi mis nudillos raspados; la sangre se mezclaba con el azul y el carmesí de la pintura.

Era una imagen cruda: el artista y el guerrero, manchados por la misma esencia sobre el altar de sus muertos.

Suspiré profundamente, dejando que la paz del mural calmara mi pulso.

—Voy a ser un artista —dije, mirando mis manos heridas con una determinación inquebrantable—.

Le guste al mundo o no.

📢 COMUNICADO ESPECIAL: Una Nueva Etapa para KazeStudio ¡Hola a todos, queridos lectores!

Hoy escribo estas palabras con el corazón lleno de gratitud.

Recientemente alcanzamos las 2.2k vistas y ver cómo esta historia crece día con día es algo que me motiva profundamente.

Saber que hay personas allá afuera conectando con el viaje de Arata, con la memoria de Chande y Kasaka es mi mayor recompensa.

Quería compartir con ustedes algunas novedades importantes: 1.Capítulos más largos y profundos: Como habrán notado, estoy esforzándome por darles capítulos con más peso emocional, más detalles y una narrativa más extensa (de 800 a 900 palabras).

Quiero que cada vez que lean un nuevo episodio, sientan que realmente valió la pena la espera.

2.Nueva etapa personal: Acabo de dar un paso muy importante en mi vida: he entrado a la universidad.

Como imaginarán, esto significa que mi tiempo libre se ha reducido considerablemente debido a las clases y las responsabilidades académicas.

3.Ritmo de actualización: Aunque no podré publicar con la misma frecuencia de antes, no voy a abandonar la historia.

Escribir es mi pasión y el compromiso con ustedes sigue firme.

Aprovecharé cada momento de descanso y mi tiempo libre para seguir dándole vida al mundo de Arata.

Gracias por la paciencia, por cada vista y por acompañarme en este proceso de crecimiento tanto dentro como fuera de la novela.

¡Seguimos adelante, porque el arte y la voluntad nunca mueren!

Con gratitud, KazeStudio 🎨✨

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo