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Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capítulo 25 El Latido del Engranaje
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26: Capítulo 25: El Latido del Engranaje 26: Capítulo 25: El Latido del Engranaje Esa noche, cuando llegué a casa con los nudillos heridos y el alma hecha pedazos, no esperaba encontrar luz en la sala.

Mi hermano mayor, Ren, estaba de visita.

Se quedó callado al verme; mis ojos delataban el cansancio y mi ropa gritaba la humillación de la fiesta.

Mi padre y él me sentaron en la mesa.

No hubo gritos, solo una seriedad que me caló los huesos.

Les conté todo: la fiesta, las burlas, el silencio de Sara y mi golpe contra el mural.

—Arata —dijo mi padre, mirándome fijo—, algún día todos vamos a morir.

Tienes que vivir la vida que tú quieras recordar, no la que otros quieran imponerle a tu memoria.

Si no querías ir a esa fiesta, tuviste que decir que no.

No dejes que nadie decida por ti.

Ren asintió, cruzando los brazos.

—Estás joven, Arata.

Tienes que concentrarte en vivir las noches que nunca morirán, esas donde te diviertas de verdad, no donde te humillen por ser tú mismo.

En ese momento, algo dentro de mi cabeza hizo “click”.

Fue como si los engranajes que habían estado oxidados por años finalmente encajaran y empezaran a girar a toda velocidad.

Al día siguiente, el salón de arte estaba en penumbra, solo iluminado por los rayos de sol que filtraban el polvo en suspensión.

Cada vez que mi pincel golpeaba el lienzo, sentía que estaba golpeando la cara de cada idiota en esa fiesta.

No pintaba figuras, pintaba emociones puras.

El rojo no era solo color, era la rabia de mi niñez; el azul no era cielo, era la calma que mis amigos me enseñaron.

Entonces, la puerta crujió.

Era Sara.

Venía con los ojos bajos, caminando con una timidez que no le conocía.

Le di la espalda, ignorándola, pero su presencia llenaba el vacío del salón.

Ella no se rindió.

Se acercó lentamente y, de repente, sentí sus brazos rodeándome con una fuerza desesperada.

Cuando Sara me abrazó por la espalda, el mundo se detuvo.

Sentí su humedad en mi camisa; sus lágrimas eran calientes y atravesaban la tela como si fueran ácido quemándome la piel.

Al girarme a la fuerza, ella pegó su cuerpo contra el mío sin dejar espacio para el aire.

El calor de su piel me quemaba; la presión de su pecho aplastándose con firmeza contra el mío me cortó la respiración, haciéndome consciente de cada curva y de cada milímetro de contacto.

El aroma de su perfume, ese que siempre me recordaba a la clase alta que me despreció, ahora se mezclaba con el olor fuerte y tóxico del aguarrás.

Era una mezcla embriagadora y confusa que me mareaba.

—No quería que pasara eso…

de verdad, lo siento —sollozaba contra mi pecho, hundiendo su rostro en mi camisa mientras sus manos se aferraban a mi espalda como si yo fuera su único anclaje en una tormenta.

Mi mente era un caos absoluto.

Quería que se fuera, quería que se quedara, quería que el tiempo se detuviera para siempre.

Mis engranajes empezaron a girar tan rápido que sentía que el pecho me iba a estallar.

Mi paciencia se agotó, pero no fue una explosión de odio.

Fue algo más primitivo.

La tomé con fuerza del cuello de su camisa, sintiendo la suavidad de su tela contra mis dedos manchados, y la atraje hacia mí con una brusquedad que la hizo soltar un pequeño jadeo.

No fue un roce tímido.

Fue un beso apasionado, cargado de toda la rabia acumulada, el deseo reprimido y la soledad que había estado guardando.

Mis labios se movieron contra los suyos con una urgencia que me hizo arder la cara; fue un choque salado por sus lágrimas, pero dulce por la entrega de ambos.

Por un instante, el salón de arte desapareció, las burlas de la fiesta se borraron y solo existía ese contacto eléctrico que nos consumía.

El silencio que siguió fue más ruidoso que cualquier grito.

Podía escuchar mi propio corazón golpeando mis costillas como un animal enjaulado.

Me solté de golpe, con la respiración entrecortada y la cara roja como el óleo carmesí.

—¡Ya cállate!

—protesté, alejándome a zancadas mientras refunfuñaba insultos al aire para ocultar el temblor de mis manos.

No me di cuenta de que, escondido tras la puerta entreabierta, Leo nos miraba con los ojos como platos y la boca tan abierta que casi tocaba el suelo.

Estaba pálido, en shock total.

Al verme salir, Leo dio media vuelta y salió disparado.

—¡NO PUEDE SER!

—susurró para sí mismo mientras corría.

Se tropezó con un bote de basura, cayó al suelo haciendo un ruido estrepitoso, pero se levantó en un segundo como si tuviera resortes, corriendo hacia el patio donde Miki y Santi lo esperaban, tropezando de nuevo pero sin detenerse.

Mientras caminaba por el pasillo, me detuve frente al espejo del baño.

Vi la mancha en mi camisa.

Era la silueta perfecta de sus manos y su pecho, marcada en pintura fresca.

Parecía que Sara me había sellado, o quizás, que yo finalmente aceptaba llevar conmigo una sombra que ya no me causaba miedo, sino una extraña fuerza.

Al final de las clases, vi a Sara cerca de la salida.

Ella estaba nerviosa, jugando con sus dedos.

Desvié la mirada, sintiendo el calor subir a mis mejillas, pero entonces recordé las palabras de mi padre: “Vive la vida que quieras recordar”.

Ya no iba a ser el chico que se escondía en los rincones.

En lugar de alejarme, cuando estuve a su lado, fui yo quien extendió la mano y atrapó la suya con firmeza.

Sus dedos encajaron perfectamente con los míos.

El sonrojo en mi cara no se fue, pero mi paso era seguro.

Bajo el sol de la tarde, caminamos juntos frente a todos, dejando que el mundo viera que Arata ya no caminaba solo.

Caminamos unos metros en un silencio que, por primera vez, no era incómodo.

Era un silencio lleno de cosas que aún no sabíamos cómo decir, pero que ya no necesitábamos ocultar.

De pronto, llegamos a nuestras casas y nos quedamos viendo hacia el horizonte.

Sara se detuvo y soltó mi mano, pero solo para rodear mi cuello y obligarme a mirarla.

El sol se estaba ocultando, tiñendo el cielo de un naranja encendido y un violeta profundo, los mismos colores que yo había intentado atrapar tantas veces en mis lienzos.

Pero ninguna pintura era tan hermosa como el brillo en los ojos de Sara en ese momento.

—Gracias, Arata…

—susurró, y esta vez no había rastro de tristeza, solo una chispa de algo nuevo—.

Por ser más valiente que todos ellos juntos.

Ya no había dudas.

Ya no había voces del pasado gritándome que era raro o patético.

Mis manos, aún manchadas de pintura y con los nudillos raspados, rodearon su cintura con una seguridad que me sorprendió a mí mismo.

La atraje hacia mí, y esta vez no hubo brusquedad, ni necesidad de callar su llanto.

Nuestros labios se encontraron de nuevo bajo el resplandor del atardecer.

Fue un beso lento, profundo, donde el sabor de la pintura y el aroma de su perfume se fundieron en un solo sentimiento.

Sentí el latido de su corazón contra mi pecho, rítmico y veloz, como si sus engranajes y los míos finalmente estuvieran girando en la misma dirección.

En ese instante, frente al mundo que anoche me despreció, entendí lo que mi padre y Ren quisieron decir.

Esta era una de esas noches que nunca morirían.

No era un sueño, no era un dibujo; era mi realidad.

Nos separamos lentamente, con las frentes aún unidas.

Sara sonrió, una sonrisa que parecía iluminar más que el mismo sol.

Mientras la veía alejarse hacia su casa, me miré las manos.

Estaban manchadas de óleo y sangre, pero por primera vez, no sentí ganas de lavarlas.

Ese era el precio de ser yo mismo.

Y estaba dispuesto a pagarlo todos los días de mi vida.

📢 COMUNICADO OFICIAL: Fin de la Parte 1 – El Despertar de Arata ¡Hola a todos!

Aquí KazeStudio.

Hoy cerramos un ciclo.

Con el Capítulo 25 llegamos oficialmente al final de la Parte 1 de esta historia.

Arata ha pasado de ser una sombra a tomar sus propias decisiones, a defender su arte y a encontrar una luz en Sara.

Ha sido un viaje increíble de #DÉBILAFUERTE y no podría estar más agradecido por las 2.4k vistas que nos han traído hasta aquí.

¿Qué sigue ahora?

Un breve descanso: Necesito refrescar mi mente para que la Parte 2 (o Temporada 2) sea aún más épica, con más drama, más arte y nuevos desafíos para Arata.

Nueva Historia en camino: ¡No se asusten!

El descanso de Arata no significa que dejaré de escribir.

Aprovecharé este tiempo para lanzar una nueva historia que tengo en mente.

Quiero experimentar con nuevas ideas mientras recargo energías.

La Universidad y Arata: Aunque mis estudios me exigen mucho tiempo y estaré enfocado en el nuevo proyecto, Arata VOLVERÁ.

Su historia no ha terminado, esto es solo una pausa necesaria para volver con una nueva temporada llena de calidad.

Gracias por no soltarme la mano en este camino.

Estén atentos a mi perfil para el estreno de la nueva historia y para las noticias sobre el regreso de Arata.

Como dice el padre de Arata: “Vivan la vida que quieran recordar”.

¡Nos vemos muy pronto en la nueva temporada!

Con cariño y determinación, KazeStudio 🎨🔥

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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