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Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 5

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  4. Capítulo 5 - 5 Capítulo 4 El costo de pertenecer
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5: Capítulo 4: El costo de pertenecer 5: Capítulo 4: El costo de pertenecer Hay una trampa silenciosa en el éxito.

Cuando dejas de ser el niño del que todos se burlan y te conviertes en alguien que despierta curiosidad, el mundo empieza a abrirte puertas que antes estaban selladas con hierro.

El problema es que, para cruzar algunas de esas puertas, tienes que dejar atrás lo más valioso que tienes.

Después de la feria de ciencias, mi estatus en el octavo grado cambió.

Ya no era “el invisible”; ahora era “el chico que sabía de motores”.

Un grupo de chicos, los que siempre estaban en el centro del patio, los que reían fuerte y decidían quién era popular, empezaron a saludarme por los pasillos.

—Buen trabajo con la máquina, Arata —me dijo un día Leo, el líder del grupo—.

Deberías venir con nosotros en el almuerzo.

Estamos planeando ir por hamburguesas al salir.

Mi corazón dio un vuelco.

Era la invitación que había esperado durante años.

Era la oportunidad de ser, finalmente, “normal”.

El problema tenía nombre y apellido: Taku.

Taku seguía siendo el mismo.

Seguía hablando con su botella de Aqua-kun y seguía prefiriendo observar las nubes que hablar de fútbol.

Para mi nuevo grupo de amigos, Taku era un estorbo, una mancha en la nueva imagen que ellos tenían de mí.

—¿Por qué siempre estás con ese bicho raro?

—me susurró Leo una tarde, mientras Taku nos esperaba a unos metros con su botella en la mano—.

Te hace ver mal, Arata.

Si quieres estar con nosotros, tienes que dejar de juntarte con gente que habla con la basura.

Sentí una punzada de culpa, pero el miedo a volver a la oscuridad de la canaleta, a la soledad del hospital, fue mucho más fuerte.

Empecé a evitarlo.

Si Taku se sentaba a mi lado, yo me levantaba poniendo cualquier excusa.

Si me hablaba, yo respondía con monosílabos, mirando siempre por encima de mi hombro para asegurarme de que Leo y los demás no nos vieran.

El momento de la verdad llegó un viernes por la tarde.

Estábamos en los casilleros cuando Taku se acercó.

Tenía una sonrisa genuina y sostenía su botella azul como siempre.

—¡Arata!

Encontré un motor nuevo en el desguace.

Podríamos intentar…

—Ahora no, Taku —lo interrumpí, sintiendo cómo la mirada de Leo se clavaba en mi nuca.

—Pero es increíble, Arata.

Mira, incluso le puse una etiqueta nueva a Aqua-kun para celebrar…

Leo soltó una carcajada seca.

—¿Aqua-kun?

¿En serio?

Arata, dile a tu amigo que madure o que se busque otra guardería.

Sentí la presión del grupo sobre mí.

Era un abismo.

De un lado, la lealtad al único amigo que me había dado una mano.

Del otro, la aceptación que tanto había soñado.

—Déjame en paz, Taku —dije, y mi propia voz me sonó extraña, fría—.

Ya te lo dije, estoy ocupado con gente real.

Deja de cargar esa estúpida botella, das vergüenza.

El silencio que siguió fue asfixiante.

Vi cómo la sonrisa de Taku se desmoronaba lentamente.

No hubo rabia en su mirada, solo una decepción profunda que me dolió más que cualquier golpe.

Él bajó la vista hacia su botella de agua, la apretó contra su pecho y, sin decir una palabra, se dio la vuelta.

Esa misma tarde, mientras caminaba con Leo y los demás hacia la salida, vi la botella de Aqua-kun tirada en el fondo de un bote de basura.

Estaba abollada, su etiqueta azul rasgada.

Taku se cambió de escuela poco después.

No hubo despedidas.

Se llevó su mundo de mecanismos y nubes a otra parte, dejándome a solas con mis nuevos “amigos”.

Yo reía con ellos, caminaba con ellos y comía con ellos.

Pero cada vez que pasaba por el lugar donde solíamos sentarnos, sentía un vacío que ningún grupo podía llenar.

Había ganado un lugar en la mesa de los populares, pero había perdido mi alma en el proceso.

Había aprendido la lección más amarga de la adolescencia: puedes pertenecer a cualquier lugar si estás dispuesto a traicionar a quien apoyo cuando no eras nadie.

Cerré mi casillero con fuerza.

Ahora era “uno de ellos”.

Pero cuando me miraba en el espejo del baño, solo veía a un extraño con las manos manchadas de una lealtad que ya no existía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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