Arata: El Color de la Resiliencia - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Capítulo 6 El brillo de una nueva mentira
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7: Capítulo 6: El brillo de una nueva mentira 7: Capítulo 6: El brillo de una nueva mentira El sol de la tarde se filtraba por las ventanas del aula de arte, y por primera vez en años, me sentía…
¿feliz?
Ken me había “encargado” el diseño de los nuevos logos para el equipo de fútbol, y en lugar de humillarme, me había felicitado por mis ideas.
—Tu ojo para los detalles es útil, Kaze —había dicho con su tono de siempre—.
No lo desperdicies en tonterías.
Me había tomado su comentario como un cumplido.
Mis manos, antes escondidas, ahora se movían con soltura, no solo dibujando, sino también con los pinceles.
La profesora de arte me había animado a experimentar con óleos y a escribir pequeñas historias para acompañar mis ilustraciones.
Era una nueva libertad, una que no había conocido en mis años de amistad con Taku.
Esa tarde, salimos de clase y, en lugar de ir directamente a casa, Leo, Miki, Santi y yo nos fuimos a la cancha de fútbol.
No era la principal, sino una secundaria, donde podíamos jugar sin la presión de los equipos.
Corrimos, reímos, y por un momento, me sentí parte de algo, de verdad.
Leo me dio un pase perfecto y marqué un gol que hizo que Miki gritara de emoción.
—¡Ese es el Arata que quiero ver!
—exclamó Leo, dándome una palmada en la espalda.
Volví a casa, con el sudor en la frente y una sonrisa genuina.
Me sentía ligero.
Abrí la puerta de mi habitación, y la energía me desbordó.
No era la tensión de la escuela, ni la frustración de casa.
Era la euforia de haber encajado.
Lancé mi mochila con fuerza hacia la esquina de mi habitación.
Quería tomar mi cuaderno y pintar, escribir, plasmar la sensación de este día.
La mochila impactó contra la pared con un golpe seco.
Un instante después, escuché un sonido familiar, un clac-clac metálico, seguido de un golpe sordo detrás del viejo armario empotrado.
Me acerqué, confundido.
Detrás del armario, donde nunca había limpiado del todo, vi un objeto polvoriento.
Era el muñeco articulado que subía la montaña con un sistema de poleas, el proyecto que Taku y yo habíamos construido juntos en el garaje, el que él había diseñado para “demostrar que todo era posible si se trabajaba en equipo”.
Lo habíamos terminado cuando la amistad era lo único que importaba.
Estaba roto.
La cuerda de la polea se había desprendido, y el pequeño muñeco, antes lleno de promesas, yacía inerte en el suelo, olvidado detrás del mueble.
Lo recogí.
Mis dedos trazaron las marcas de los años, las partes que habíamos lijado juntos.
Un escalofrío me recorrió.
¿Cuánto tiempo había estado allí?
¿Por qué no lo había tirado?
Miré el muñeco, luego mi cuaderno de bocetos con los logotipos de Ken.
La sonrisa se borró de mi rostro.
La risa en el campo de fútbol se sintió hueca.
Mis amigos me aceptaban.
Ken me daba proyectos.
Dibujaba, pintaba, escribía.
Estaba 1 año de bachillerato, era un “popular”.
Pero en la penumbra de mi habitación, con el muñeco roto en mis manos, no podía evitar preguntarme: ¿cuánto de Arata quedaba en todo eso?
¿Y cuánto de Taku había enterrado para llegar hasta aquí?
Nota del Autor: “El camino de Arata hacia la ‘popularidad’ lo lleva a olvidar.
Ese muñeco con poleas es el recuerdo de una amistad real.
Pregunta para los lectores: ¿Creen que Arata debería dejar atrás el pasado, o este objeto es una señal de que aún puede redimirse con Taku?
¿Es la popularidad de Ken una trampa?
¡Gracias por leer!
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com