ARS MAGNUS - ELANDRION LA ERA DEL DESPETAR: El último sabio del tiempo - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capitulo 2 El niño del principio ecos de un mundo antiguo
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2: Capitulo 2: El niño del principio: ecos de un mundo antiguo 2: Capitulo 2: El niño del principio: ecos de un mundo antiguo Después de formar su núcleo de maná, Vasir se dirige hacia la puerta de aquella habitación en la que había pasado un día entero desde su trasmigración temporal, al abrir la puerta, un olor a polvo antiguo y hierbas secas le golpeó el rostro, la luz apenas se filtraba por las rendijas de unas ventanas tapiadas con madera carcomida, a su alrededor, estanterías desvencijadas se alzaban como esqueletos olvidados, repletas de frascos vacíos, etiquetas ilegibles y pergaminos amarillentos por el tiempo, todo esto indicaba que aquel lugar, alguna vez una tienda alquímica en auge, llevaba décadas abandonado, en aquel momento estaba casi vacía, lo poco que había en algunos estantes, eran algunos ingredientes alquímicos de bajo nivel, los ingredientes que encontró eran mediocres incluso para un aprendiz: raíces marchitas de aethra, un pequeño frasco de sal de lume con apenas unas gotas cristalizadas y un trozo de cuarzo sin refinar, “con esto, un estudiante de primer año apenas podría preparar un calmante para la fiebre”, pensó con ironía, sin embargo, decidió guardarlo todo; incluso los materiales más pobres podían ser valiosos para alguien que conocía el verdadero poder de la alquimia.
Al salir, caminó unas cuantas cuadras sin rumbo fijo, su mente aún no estaba muy clara, en eso cuando intentaba hacerse a la idea de dónde estaba, un hombre anciano se le acercó gritando a sus espaldas.
-Joven Drakmag, joven Drakmag, lo estuve buscando desde el día de ayer, me imaginé que estaba en este lugar- Vasir se dio la vuelta con el ceño fruncido, entonces en ese instante en que sus ojos se encontraron con los del anciano, un torrente de imágenes desconocidas -rostros, voces, fragmentos de recuerdos que no le pertenecían- irrumpieron en su mente como una ola, eran memorias ajenas…
pero al mismo tiempo, eran suyas.
-Viejo Jhon…
-susurró, sorprendido de escuchar el nombre escapar de sus labios sin haberlo pensado.
Frente a el un hombre delgado de unos 70 años con el cuerpo encorvado, de unos 160 cm, el cabello blanco una barba a medio crecer y un traje de mayordomo negro algo andrajoso lo miraba preocupado.
-Joven Drakmag, pensé que vendría por aquí a la tienda de su padre, aunque hay muy poco que ver en ese lugar, desde la partida del señor, su tío lo está buscando, me ha pedido que lo lleve a casa es un asunto de urgencia.
-Esta bien, entonces vamos Vasir no tenía idea de quién era ese “tío” del que hablaba, ni por qué su presencia era tan urgente, sin embargo, comprendió que cada palabra que escuchaba era una pieza más del rompecabezas, si quería entender en qué lugar -y en qué tiempo- se encontraba, debía seguirle el juego a aquel hombre, así que por ahora, ser Drakmag era su mejor disfraz.
Caminaron por una amplia avenida.
El sol de la mañana caía sobre calles extrañamente mundanas, y Vasir no pudo evitar fruncir el ceño.
Ninguno de los transeúntes portaba túnicas, bastones ni colgantes rúnicos, en su tiempo, incluso el aprendiz más mediocre caminaba con la arrogancia de quien podía incendiar un bosque con un chasquido y aquí, el poder parecía esconderse tras puertas cerradas.
-Qué extraño…
-pensó para sí mismo- Si los magos ya no dominan el paisaje, ¿quién sostiene la estructura del mundo?
¿Acaso…
el conocimiento aún no ha florecido?
-Viejo Jhon, ¿por qué qué no hay ningún mago por aquí?
pregunto Vasir El viejo Jhon se voltea y lo mira algo desconcertado.
-joven Drakmag, como piensa usted que ver un mago por nuestra ciudad caminando tan sutilmente fuera algo normal, los magos están todos en la escuela de la Torre de la Estrella iluminada, sé que usted pensaba poder entrar a la escuela, cuando el señor…
su padre, estaba con vida, él…
era un gran maestro de pociones, y tenía mucha fe puesta en usted, pero ahora por como están las cosas en la familia, -da un gran suspiro- no se desanime aunque este año el tiempo ya casi esta allí para entrar aún le quedara el año próximo.
“Vasir se quedó helado.
¿Había escuchado bien?
La Torre de la Estrella Iluminada…
un nombre que no debía existir, al menos no en su recuerdo.
Aquella torre había sido mencionada solo en los textos más antiguos, envuelta en leyendas.
Si ese lugar realmente existía, entonces estaba mucho más lejos de su tiempo de lo que jamás habría imaginado.
No podía estar seguro aún, pero algo en su interior le decía que el mundo frente a él pertenecía a una era perdida, una de la que apenas quedaban ecos en las historias de los sabios.” Vasir, erudito en casi todas las ramas del arte arcano, había leído incontables textos sobre la historia antigua de la magia, si la Torre de la Estrella Iluminada seguía en pie, significaba que su viaje lo había llevado al menos treinta mil años al pasado, solo había una forma de confirmarlo, y eso era reunir información, y claro que lo haría…
después de enfrentar al supuesto “tío” de Drakmag.
Caminaron un par de kilómetros hasta llegar a una gran casona antigua, a pesar de su gran tamaño, la pintura descolorida y las grietas en los muros hablaban de días de gloria ya lejanos.
-Joven Drakmag, su tío está en el salón principal, lo ha estado esperando desde hace medio día, usted sabe que no es bueno hacerlo esperar- dijo el anciano con tono preocupado.
Vasir detuvo sus pasos un instante frente a la puerta, su mente trabajaba a toda velocidad, no sabía quién era aquel hombre ni qué esperaba de él, pero lo que sí sabía era que no podía permitirse revelar nada, “Si sospecha que no soy quien cree…
¿Todo podría terminar antes de empezar?
-Está bien, Jhon…
-dijo, ocultando su inquietud bajo un tono neutral- iré a verlo ahora.
Sin pensarlo siguió caminando, mientras lo hacía pequeñas imágenes se revolvían en su mente, al parecer esta era su casa, mejor dicho la de Drakmag, cuando Vasir entra al salón principal, la escena que lo recibe es muy distinta a lo que esperaba, aquel lugar aún conservaba un vestigio de grandeza pasada: paredes cubiertas con tapices viejos con símbolos arcanos, estanterías repletas de pergaminos cubiertos de polvo, y una gran chimenea de piedra encendida, cuyo fuego proyecta sombras danzantes sobre el suelo de mármol desgastado, en frente a la chimenea está su tío, un hombre de unos 45 años, con cabello castaño con algunas canas, barba corta y ojos grises que denotan cansancio, pero también una cierta dignidad.
Lleva puesta una túnica celeste con finos hilos de plata que descienden en dos líneas desde el cuello hasta el dobladillo es el símbolo de un Portador de la Llama de nivel 1: “Chispa”, el grado más bajo de los magos canalizadores, pero aún respetable entre la población común, eran magos capaces de lanzar hechizos de manera ágil y rápida en combate, a diferencia de los magos con el núcleo de maná recién formado que necesitaban mucho tiempo para concentrarse en el elemento que querían manejar, la diferencia en un combate era como el cielo y la tierra entre ambos.
-Así que por fin decidiste aparecerte -dijo el hombre con voz grave, sin mirarlo directamente.
Vasir sostuvo su mirada en silencio.
Aquel hombre no lo sabía, pero el “niño torpe” que esperaba ya no existía, tras milenios de conocimiento y poder comprimidos en un cuerpo joven, el destino había comenzado a cambiar.
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