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ARS MAGNUS - ELANDRION LA ERA DEL DESPETAR: El último sabio del tiempo - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 — Lo que se esconde en las sombras
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26: Capítulo 26 — Lo que se esconde en las sombras 26: Capítulo 26 — Lo que se esconde en las sombras El vapor azul subía lento, no era humo, era un aliento frío que se pegaba a la piedra como escarcha, subiendo en hebras mansas desde el frasco hecho añicos dentro del agujero, del boquete en el cinturón de vidrio empezó a nacer la cosa, primero una piel pálida sin poros, luego la cabeza: una moneda gruesa con un hueco oscuro en el centro, después los hombros de animal que aprendió a caminar erguido, el vidrio, en el borde, se limó solo a su paso, como si prefiriera apartarse antes que enfrentarlo Varin no esperó órdenes, la cuerda cantó y la flecha salió recta, segura, pero chocó con un aire mal puesto, patinó, perdió filo, y se vino abajo en el vacío del boquete sin hacer ruido —¡Apártate, crío!

—bramó Neus, con un relámpago de fuego ya cuajándose en la palma Vasir no se movió, bajó apenas la mano, tranquilo, como quien calma a un caballo nervioso —Todavía no —dijo—.

El Aliento tarda diez segundos en sujetarle el alma, ahora mismo es inmune a tus hechizos, a sus flechas y a cualquier otra cosa que le tires La palabra llegó antes que el juicio —¿De qué demonios estas hablando?

—empezó Mara —Es un Geotero —respondió Vasir, sin teatralidad—.Un geotero Geotero no muerto para ser exactos.

El eco repitió el nombre por la piedra, como probándolo —¿Geotero?

—repitieron tres voces, casi a coro Neus se quedó pálido como pergamino, era la primera vez que le veían la cara de ese color —Eso es un no muerto de mitos… —susurró—, cuentos de fogata para asustar aprendices, ¿cómo diablos…?

No puede ser un Geotero, debe ser un truco de lengua, niño —¿Y para qué mentiría ahora?

—contestó Vasir, sin apartar la vista del boquete—.

Sería bastante infantil andar buscando excusas a estas alturas.

Algo cambió sin hacer ruido, el vapor azul terminó de latir su cuenta invisible y la criatura cayó al mismo suelo que ellos, la piel perdió ese brillo de vidrio que no recuerda la carne, el peso se le hundió en las rodillas, el aire, por fin, dejó de curvarse delante de sus bordes Fue la señal Vasir salió como soltado por una ballesta, no corrió, deslizó pasos que el viento le empujó desde los tobillos, la versión recortada de la técnica con la que había subido el muro, lo justo para comerse la distancia en un pestañeo, el geotero, sorprendido, quiso retroceder, pero el suelo le traicionó, estacas de piedra rompieron la vitrificación del cinturón y le clavaron los pies en su sitio, el grito que soltó ya no fue de mineral, fue de carne ofendida La cuchilla de agua nació en las yemas de Vasir, nítida, sin espuma, obediente, un gesto bastó, el corte pasó por el cuello como una nota limpia, la visión del geotero cambió de ángulo, alcanzó a ver sus propios pies, no vio más Todo ocurrió en menos de una respiración Los ojos de Neus, de Varin y de media enfermería se desbordaron de sus cuencas, Neus intentó decir “cómo”, pero tropezó con la mitad de la primera sílaba —Quitándoles la regeneración —dijo Vasir, con calma—, y la resistencia al dolor, forzándolos a pisar por completo este plano, cuando dejan de ser vidrio no son más fuertes que un humano, más rápidos, sí… pero ya me entienden Se agachó apenas para medir el cuerpo sin cabeza, más por hábito que por morbo, el silencio pesaba como una cama mojada.

Mara fue la primera en recuperar la voz —Habla, niño —dijo, seca—.

¿Qué demonios es eso?

Vasir no adornó, puso las piezas donde iban, una a una, como quien arma un mecanismo conocido —Nunca nacen solos ni salvajes —empezó—, los fabrican, juntan restos de criaturas de sílice, les meten dentro un fragmento de alma anclado con necromancia y tierra, y los dejan existir en dos estados, uno vítreo, desplazado, medio fuera del mundo, ahí desvían flechas, los hechizos resbalan, cortan cuerdas como manteca y el vidrio se les pule para abrirles paso, el otro, denso, carne-mineral que sí sangra y sí pesa, en ese estado coordinan cavapiedras, trazan anillos dobles, radios hacia el centro, abren y cierran ventanas tácticas, nunca vienen sin otro, los crean de dos en dos, gemelos resonantes, y siempre, siempre, hay un invocador detrás —alzando un poco el fragmento de sílice— mi maestro, un alquimista viejo que estudiaba monstruos, me enseñó a reconocerlos, yo solo… no lo he olvidado Bren tragó saliva, aún con la espada en la mano —Al principio creímos que eran hombres que habían aprendido a adiestrar cavapiedras —dijo, medio para sí, medio para los demás—, luego vimos… esto —No es adiestrar —negó Vasir—, es dirigir como si fueras su pulso.

además cuando llegué, lance un Ojo de mago y vi el dibujo completo, doble anillo cerrando hacia la Sala de los Líderes, radiales que parten todas las salidas, parches vitrificados donde llegaron tarde a sellar, el bastión aún resiste, si el jefe de los Fénix sigue vivo, está ahí Mara asintió una sola vez —Fue su orden —confirmó—, nos abrió una ventana para evacuar heridos y sostuvo el cerco desde dentro, hemos perdido a muchos hombres, demasiados, aun así, un contingente grande sigue atrincherado en el edificio principal Neus miró el boquete, como si el aire pudiera contestarle algo que los números no daban, Varin bajó el arco un dedo, todavía tenso —Si vienen en pares… —murmuró —El hermano existe —confirmó Vasir—, cuando uno cae, el otro siente el tirón, no suele estar lejos o, si lo está, mira a través de él.

Neus apretó los dientes, tragándose varias dudas a la vez —En mi pueblo contaban que un geotero deshacía una columna de lanceros como si fuera trigo —dijo, mostrándose rudo—, esas eran historias para asustar a los jóvenes, jamás pensé ver uno, mucho menos… verlo caer en un minuto La colina, por un instante, pareció escuchar con ellos, como si también entendiera que lo que acababa de ocurrir no era normal, ni justo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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