ARS MAGNUS - ELANDRION LA ERA DEL DESPETAR: El último sabio del tiempo - Capítulo 5
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- Capítulo 5 - 5 Capítulo 5 Un Eco de Necesidad
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5: Capítulo 5: Un Eco de Necesidad 5: Capítulo 5: Un Eco de Necesidad Intrigado por aquel grito que había desgarrado el silencio nocturno, Vasir aceleró el paso, abriéndose camino por las calles estrechas de Vel’saar.
Sus botas golpeaban las piedras húmedas mientras el eco del alarido lo guiaba como una brújula.
Al girar en una esquina, la escena se desplegó ante sus ojos: un joven, no mayor de dieciséis años, forcejeaba en un callejón con dos hombres armados que intentaban arrebatarle una pequeña bolsa de cuero.
El muchacho tenía el rostro cubierto de sudor y miedo, pero lo que captó la atención de Vasir fue el broche que llevaba en el pecho: un disco de cobre pulido con un círculo vacío y una diminuta rama grabada en el centro.
-Preparador de Hierbas, subnivel dos del Aprendiz de Mortero…
-dedujo al instante.
Un alquimista de primer nivel, apenas en el segundo peldaño del camino, capaz solo de triturar, macerar y combinar ingredientes simples.
Además del broche, Vasir notó la sutil vibración de maná en el cuerpo del joven.
Núcleo recién formado…
primer nivel, igual que yo en este cuerpo, pensó.
Los dos asaltantes no eran cultivadores ni magos, solo matones comunes atraídos por la promesa de vender ingredientes alquímicos en el mercado negro.
-¡Dámela, mocoso!
-gruñó uno de ellos, tirando de la bolsa.
-¡Suéltala!
¡Es mía!
-gritó el joven con desesperación.
Vasir, buscó el método más eficiente para acabar con ese asunto, sus ojos se fijaron en un charco formado por la lluvia reciente.
Con un simple gesto de sus dedos, el agua comenzó a moverse, extendiéndose bajo los pies de los atacantes.
Luego, una ligera alteración de densidad transformó el suelo en lodo inestable.
-¿Qué demonios…?
-alcanzó a decir uno antes de que sus piernas se hundieran hasta los tobillos.
Los dos hombres perdieron el equilibrio al instante, intentando mantenerse en pie sin éxito.
Vasir sonrió con calma y alzó su mano derecha.
Con un sutil movimiento de muñeca, comprimió el aire a su alrededor y generó pequeños vórtices giratorios sobre las manos de los asaltantes.
Las armas, arrancadas por la fuerza de la presión, salieron disparadas hacia el cielo.
-¡¿Qué está pasando?!
-gritó uno de ellos al otro, mientras ambos resbalaban una y otra vez intentando levantarse.
Fué todo lo que el joven necesitó.
Aprovechando la oportunidad, soltó un grito ahogado, arrancó su bolsa de las manos de los ladrones y salió corriendo calle abajo sin mirar atrás.
Vasir lo siguió a distancia, ambos malhechores, observaban sin comprender como su presa huía de aquel sitio Cuando el chico estuvo lo bastante lejos del lugar, se detuvo jadeante bajo el tenue resplandor de un farol.
Temblando, abrió la bolsa que abrazaba con fuerza.
Vasir, oculto en la penumbra de una esquina, observó el contenido con un simple vistazo.
Había raíces de salvia, polvo de cuarzo amarillo, savia de trepadora solar y fragmentos de corteza cristalina: todos ingredientes comunes, usados en la creación de pociones medicinales.
Su mente clasificó las fórmulas casi al instante: Infusión de Aliento Vital , Tónico de Purificación Interna, Elixir de Estabilización Orgánica, y Sangre de la Hoja Eterna, Vasir entrecerró los ojos.
– fórmulas en potencia…
y solo una al alcance de las manos de ese alquimista.
-murmuro El muchacho abrazó de nuevo su bolsa con alivio, sin saber que una sombra lo observaba desde la distancia.
– Abuela, al fin podré curarte-dijo el joven en voz baja, recorrió un par de calles ingreso a una pequeña vivienda, sin ventanas, una puerta maltrecha daba la bienvenida a la vivienda.
Guiado en parte por su curiosidad y otra por el desconcierto de aquel joven, capaz en defender aquellos pocos ingredientes de un par de marrones, a costa incluso de su propia seguridad, Vasir lo siguió sin ser visto.
Concentraba el maná en la planta de sus zapatos haciendo que estos se deslizaran por el camino sin generar ruido, era algo muy simple para Vasir, pero si algún mago de esta época viera aquello, su cabeza explotaría del shock.
Se paró en frente de la casa, por unos minutos contemplando aquel lugar, cuando estuvo a punto de darse la vuelta para irse de aquel lugar, un olor familiar golpeó sus fosas nasales, eran raíces de salvia siendo machacadas en un mortero, no había duda, las cejas de Vasir se fruncieron, sabía que pociones se podían crear con esos ingredientes y es más sabia cual era la única opción que podía crear este muchacho de acuerdo a su rango en alquimia, pero…
las raíces de de salvia eran parte del elixir de estabilización orgánica, estaba fuera de toda lógica, era como tirar los ingredientes a la basura en manos de ese chico, era imposible para el crear dicha poción.
Vasir llamo a la puerta con vehemencia.
En ese momento el joven grito desde adentro.
-¿Quién es?-con voz algo temblorosa.
¿Como responder?, era un extraño tocando en casa de alguien que no conocía, por el solo hecho de salir de una duda.
-Elixir de estabilización orgánica-, dijo Vasir con voz firme, no se escucharon sonidos del interior durante unos momentos, y después, alguien se acercó corriendo hacia la puerta y la abrió de golpe.
Al abrir la puerta el joven lo observó con el ceño fruncido, aún con la respiración agitada por el sobresalto.
Tenía las manos teñidas de verde oscuro por la salvia recién triturada.
-¿Cómo sabes sobre el Elixir de Estabilización Orgánica?
-preguntó desconfiado-.
Esa receta no está en ningún manual básico…
ni siquiera en los textos del gremio local.
-por qué lo se, es cosa mía -respondió Vasir con calma-.
También sé que no puedes lograrlo.
El chico apretó la mandíbula.
-No necesito que un desconocido me diga lo que puedo o no puedo hacer -replicó con un tono más firme de lo que esperaba de sí mismo.
-¿No puedes o no quieres admitirlo?
-replicó Vasir, ladeando la cabeza-.
Es una fórmula avanzada, fuera del alcance de un Preparador de Hierbas, subnivel dos.
“Ni siquiera un Destilador Verde de nivel tres -capaz de controlar reacciones básicas y separar componentes alquímicos- podría completarla sin ayuda.” El silencio que siguió fue pesado.
El joven alquimista bajó la vista al suelo y, tras unos segundos, suspiró.
-Me llamo Kelvin -dijo finalmente-.
Y sí…
lo sé.
No tengo el nivel necesario.
Mi maestro solía decirlo todo el tiempo.
“Ni el talento ni la mente para la alquimia están en ti”, me repetía.
-¿Tu maestro?
-preguntó Vasir, cruzándose de brazos.
-Elisius.
Un alquimista de tercer grado, Destilador Verde.
Tenía una tienda aquí en Vel’saar…
hasta que decidió que yo no valía su tiempo y se marchó a Kael’mar hace dos años.
Desde entonces intento seguir sus notas por mi cuenta.
Vasir lo observó en silencio.
No era raro en esa época: maestros que abandonaban a sus aprendices al menor signo de debilidad.
Era la brutalidad del mundo protoarcano en su estado más puro.
-a todo ésto…
¿quién eres y como llegaste aquí?- preguntó Kelvin.
-Mi nombre es Drakmag Corvenant, vivo también en esta ciudad, te vi hace poco correr de unos matones, quería ver si estabas bien, pero al llegar no pude evitar oler los ingredientes-dijo Vasir.
-“Supo que poción se prepararía, solo con el olor de un ingrediente…
eso es imposible”-pensó Kelvin, para sí mismo.
-Entonces eres Drakmag Corvenant…
espera…
Corvenant ese era el nombre de la familia del alquimista dueño de la tienda de alquimia “El frasco reluciente”.
-Si, ese era mi padre-respondió Vasir.
– ya veo- respondió Kelvin y continuó hablando, como si una presa rota dentro de él no pudiera detener el torrente: -Mi abuela enfermó hace meses.
Los curanderos no pudieron hacer nada.
Las pociones comunes no funcionan, y los sanadores dicen que su cuerpo no resistirá otro ciclo.
-Sus manos temblaban-.
El Elixir de Estabilización Orgánica es lo único que podría detener el avance de la enfermedad.
Lo sé…
no tengo el nivel, pero no tengo otra opción.
Hoy fui al mercado del pueblo vecino para conseguir los ingredientes.
Eso llamó la atención de esos tipos, si me los hubieran robado…
-tragó saliva- no habría otra oportunidad.
Hubo un largo silencio.
Vasir, que había cruzado eras y visto morir a imperios enteros, se sorprendió por lo que sentía.
Admiración…
y algo parecido al respeto, por las acciones de aquel muchacho.
-Intentas fabricar un elixir cuya preparación requiere conocimientos de fusión catalítica, secuencias alquímicas de nivel cuatro y control de temperatura al grado exacto -dijo con voz baja-.
Y sin embargo, lo haces sabiendo que el fracaso podría matar a tu abuela más rápido.
-…Sí -respondió Kelvin sin apartar la mirada-.
Si hay una mínima posibilidad…
lo intentaré.
Vasir guardó silencio por unos segundos.
Luego, dio un paso al interior de la casa sin pedir permiso.
-Muéstrame a tu abuela -dijo con un tono firme.
-¿Qué?
-Kelvin retrocedió un paso.
-Dije que me la muestres.
-Su mirada se clavó en la del muchacho-.
Tal vez no puedas preparar el elixir…
pero yo sí.
Kelvin se quedó inmóvil.
Había algo en el modo de comportarse en que aquel chico de apariencia infantil, que lo desconcertaba, ¿era como él hablaba?, o ¿algo en la autoridad que emanaba de el sin esfuerzo?, aquello lo descolocó por completo, era un niño, pero el sentía que había algo más.
-Está bien…
-murmuró finalmente, asintiendo con cautela-.
Pero si intentas hacerle daño…
-Tendrás que detenerme tú mismo -interrumpió Vasir con una media sonrisa.
Kelvin lo guió por un pasillo angosto hasta una habitación iluminada por una única vela.
En el interior, sobre una cama baja, una anciana respiraba con dificultad.
Su piel pálida y el leve temblor de sus manos hablaban de un cuerpo debilitado por la enfermedad.
Vasir se acercó lentamente, cerrando los ojos para sentir el flujo vital que emanaba de ella.
El diagnóstico fue casi inmediato.
-Desgaste del ciclo interno…
disfunción orgánica avanzada -susurró-.
Esto no es una simple enfermedad…
es una desarmonía en la matriz vital.
Y el elixir…
sí, podría estabilizarla.
Si es que se prepara bien.
-¿Puedes hacerlo?
-preguntó Kelvin con esperanza y miedo a la vez.
-Puedo hacerlo con los ojos cerrados -respondió Vasir con calma-
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