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ARS MAGNUS - ELANDRION LA ERA DEL DESPETAR: El último sabio del tiempo - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 Nociones de alquimia
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9: Capítulo 9: Nociones de alquimia 9: Capítulo 9: Nociones de alquimia El Frasco Reluciente volvió a respirar.

Durante la mañana, Jhon iba y venía con cuadrillas de carpinteros, vidrieros y un par de herreros.

Cambiaron vigas, enderezaron estantes, lavaron paredes con agua de cal y aceite de cítricos.

Afuera, una lona nueva con el emblema antiguo —el mortero alado de la Casa Corvenant— volvió a colgar sobre la puerta.

Vasir, en cambio, trabajaba en silencio en el corazón del local.

Primero el techo.

Dibujó una runa circular de enlace “σ-λ” usando tinta de quelato férreo con polvo de cuarzo micromolido (los escribas de esta era, lo llamarían “tinta gris de estabilidad”).

Estructuró el trazo como si fuera una red de enlaces covalentes: anillos concéntricos por “valencia”, nodos de plata líquida como “orbitales”, y, en el centro, un glifo de absorción elemental.

—Absorción y refuerzo —murmuró—.

Hasta Mago Grado III (Tejedordel Viento), Nivel II (TejedorJoven ) será suficiente.

Para lo físico…

quinientos kilos por impacto.

Después el suelo.

Un círculo de canalización con tinta de sal de cobre templada en savia de trepadora solar; en los radios, micro-runas de aceleración: “∂-κ” (gradiente de flujo) y “ψ-γ” (densidad de maná).

—Solo respuesta a mi firma y a la de los míos —selló con un toque de su maná—.

Aumento de afinación y potencia para quien la active.

Los glifos, prohibidos en esta época, ni tocarlos…

a menos que hicieran falta.

No hoy.

Para el mediodía ya estaban montados el alambique de sello fino, las serpentinas nuevas y el astil de cristal.

Vasir llamó a Kelvin.

El joven llegó con el cabello revuelto y los ojos encendidos.

—Si trabajas aquí —dijo Vasir, señalando los hornillos—, aprendes aquí.

Pasaron cuatro días comprimidos en uno.

Vasir le mostró secuencias de mezcla por frecuencia, destilación a fase estable y anclajes rúnicos de baja amplitud.

Kelvin, sudando, repitió, falló, corrigió, y al fin alcanzó pociones un 50% más eficaces que el estándar de la ciudad.

Donde la época veía límites, él empezaba a ver fisuras.

—Tu “maestro” —pensó Kelvin, mirando a Vasir— debe ser un alquimista de Grado V un Maestrode Catalizadores…

al menos.

Y este chico es su sombra.

La reinauguración fue al quinto día, con el suelo recién encerado y el techo aún perfumado a resina.

Los vecinos se amontonaron por curiosidad; los comerciantes a oler precios; los aprendices a husmear secretos.

Jhon, impecable, daba la bienvenida.

Vasir observaba desde un lado del mostrador.

Kelvin, pálido y firme, ocupó el puesto de alquimista.

No tardaron.

Tres figuras con túnicas ribeteadas en Mithril lunar empujaron la puerta con aire de dueño.

eran de La Buena Receta.

En el dedo índice un anillo de Mithril con una piedra menor incrustada, eran encantadores de grado 3; en el pecho broches de Mithril verde, con un frasco pequeño grabado, todos alquimistas de Grado 3 con sonrisas cortadas, eran alquimistas certificados del gremio, que trabajaban para la buena receta.

—Venimos a desear suerte —dijo el mayor, sin que la palabra sonara a bendición—.

Dicen que atendéis con…

un Aprendiz de Mortero.

Las risas reptaron por la sala.

Kelvin apretó la mandíbula.

—Una demostración —propuso otro—.

Nuestra Poción de Salud Superior.

Y la suya.

¿Qué les parece si comparamos?

El destino, como si esperara su entrada, empujó la puerta de nuevo.

Cinco aventureros con chaquetas de cuero y correas de caza: Los Dientes del Alba.

Al frente, un hombre alto, barba partida y mirada cansada.

Rogan Veldar.

En una camilla improvisada, un compañero vendado del torso a la cadera.

—Tuvimos un mal encuentro con un Tigre Acechador, —informó Rogan—.

Le salvamos la vida a la exploradora, pero Darik…

sus heridas no cierran.

La Buena Receta se relamió.

Destaparon una botella roja opaca.

Olor fuerte, densidad gruesa; Kelvin reconoció el patrón: curación estándar con catalizador de calor.

Darik bebió.

El líquido hizo su trabajo: la mayoría de los cortes se cerraron; pero las heridas más profundas no se encogieron y siguieron con un sangrado lento bajo la venda.

—Milagrosa, ¿verdad?

—alardeó el de la túnica de Mithril.

El público rompió en exclamaciones.

Vasir parpadeó, genuinamente desconcertado.

“¿Esto es lo mejor de la ciudad?”.

Miró a Kelvin.

El joven le devolvió la mirada…

y tragó saliva.

Confiaba en Drakmag, pero las pociones que había preparado no se estaban ofreciendo, solo las hechas por el mismo un aprendiz de mortero, sudando y preocupado miro las botellas que fabrico en el mostrador.

—Ahora tú —exigió la Buena Receta, gozando—.

Si es que tienes algo “mejor”.

Kelvin miró a Vasir.

Este estaba impávido, una sensación de seguridad recorrió su cuerpo, al verlo, el niño lo miró y asintió una sola vez.

Entonces Kelvin sacó una botella rojo claro, casi luminosa.

Los de la Buena Receta estallaron en carcajadas.

—¡Demasiado clara!

—bufó uno—.

Cero concentración.

Manual básico, página uno, rieron todos en grupo, — ja, ja, ja…

hasta un tonto sabe eso —.

Rogan frunció el ceño.

—No malgastes tu tónico, muchacho —dijo con cansancio—.

Estas heridas no ceden sin un sanador de oficio.

—Confíe —pidió Kelvin, y él mismo llevó el frasco a los labios de Darik.

El silencio cayó como un paño húmedo.

El aventurero bebió a regañadientes.

Primero, nada.

Luego, un pulso.

Las venas a la altura del cuello encendieron un brillo tenue; el pecho de Darik se arqueó, expulsando un hilo de sangre oscura; las heridas difíciles empezaron a cerrarse con un susurro de tejido nuevo, limpio, sin cicatriz.

Las vendas se aflojaron solas; la respiración se volvió ancha, redonda.

Darik abrió los ojos.

—¿Qué…

demonios…?

—susurró, llevándose la mano al costado liso donde antes había un tajo.

El estallido fue inmediato.

—¡Imposible!

—¡Eso es falsificación!

—¡Hechicería!

—Poción —corrigió Vasir, con calma de filo—.

Solo…

bien hecha.

Los de la Buena Receta enmudecieron un latido, y luego gritaron.

El mayor arrebató la botella vacía, la olió, la agitó al sol, buscó sedimentos, no encontró nada.

—¡Trampa!

—vociferó—.

¡Le diste otra cosa!

¡Eso es un hechizo!

Rogan se irguió, interponiéndose.

—Bebió ante mis ojos —dijo, con la voz grave de quien ha visto demasiadas muertes—.

Se volvió a Kelvin—.

¿Cuánto por seis más?

La sala estalló otra vez, esta vez con risas, vítores, manos alzadas.

—¡Para mi hija!

—gritó un herrero.

—¡Para la guardia!

—pidió alguien al fondo.

—¡Para mi madre!

Los rostros de la Buena Receta se deshicieron.

Uno intentó recuperar terreno: —No tenéis una licencia de maestro atendiendo.

Esto es una infracción gremial.

Cerraremos el local.

Vasir levantó la vista hacia el techo.

La runa “σ-λ” palpitó apenas —un recordatorio de que allí mandaban otras reglas.

—Estamos en regla —dijo—mostrando un permiso del gremio de alquimistas.

Y además la ciudad decide con el cuerpo, no con el sello.

Si deseáis competir, traigan su mejor receta.

Aquí ganan los frascos.

El público aplaudió.

Los de la Buena Receta recogieron los restos de su dignidad y se marcharon con capas demasiado pesadas para sus hombros.

Kelvin, aún temblando, miró su propia mano como si no fuera suya.

—Yo…

yo lo hice, pero…

—tragó—.

Esto era…

un cuarto del poder de la poción que me enseñaste.

¿Y si preparo la tuya…

la completa…?

¿Qué regeneraría…?

—Algún día —respondió Vasir, en voz baja—.

Cuando entiendas por qué claro es puro, y no débil.

Rogan adelantó una bolsa.

—Paga lo que pidas —dijo—.

Los Dientes del Alba no olvidan.

Vasir negó con suavidad.

—El precio es el normal para todo lo que suministramos, qué vuelvan vivos ese es el pago extra suficiente.

Dijo Vasir con una sonrisa Los vítores siguieron un rato largo.

Cuando al fin bajó la marea, Jhon cerró las puertas con manos que le temblaban de alegría.

El Frasco Reluciente olía a resina, a vidrio caliente y a futuro.

Vasir miró el suelo: la runa de canalización dormía bajo la madera, satisfecha.

Miró el techo: la de absorción esperaba, paciente.

Afuera, el rumor ya corría por Vel’saar como pólvora prendida, el frasco reluciente había vuelto al mercado.

Solo Faltaban dos días para el examen de ingreso a la Escuela, bajo la mirada distante de la Torre de la Estrella Iluminada.

Ese día, las nociones de alquimia cambiaron para siempre en una ciudad que aún no sabía cómo nombrarlo y se hizo Gota a gota.

Frasco a frasco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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