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ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 — “El Consejo del Dragón”
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14: Capítulo 14 — “El Consejo del Dragón” 14: Capítulo 14 — “El Consejo del Dragón” El Salón de Guerra del Imperio del Dragón estaba cubierto por estandartes carmesí y columnas grabadas con los nombres de antiguas campañas.

En el centro, una mesa circular sostenía el mapa flotante del continente: ríos, fortalezas y fronteras danzaban como constelaciones vivas.

Los cinco capitanes esperaban ya.

Borus, el gigante de barba espesa, jugueteaba con su hacha.

Murus, con su armadura gris, permanecía erguido e inmóvil.

Serpens, envuelto en una capa oscura, observaba las líneas del mapa con ojos de reptil.

Judith, de postura elegante, anotaba con pluma de éter.

Y Onimen, alto y cicatrizado, golpeaba rítmicamente el suelo con la culata de su lanza.

Cuando Ara entró, el aire cambió.

Su sola presencia devolvía a la sala el peso de los años en los que la Matriarca del León había comandado ejércitos enteros.

—Gracias por venir tan pronto —dijo sin rodeos—.

Tenemos una amenaza al norte.

La fortaleza Fluvion está bajo asedio.

El técnico activó el mapa.

El norte del imperio se iluminó en rojo.

—Ejército orco.

Cinco a seis mil efectivos.

Fluvion cuenta con apenas novecientos defensores.

Borus bufó, recostándose contra la pared.

—Seis mil salvajes no son un ejército.

Con trescientos hombres y algo de pólvora bastaría.

Serpens entrelazó los dedos.

—Entonces, ¿por qué traer a cinco capitanes de élite?

Si esto es una incursión menor, parece una respuesta desproporcionada.

Judith asintió.

—Coincido.

No me malinterprete, maestra, pero movilizar a toda la cúpula militar por unos orcos no parece… prudente.

Ara los miró con calma, sin alterarse.

—No estáis viendo el cuadro completo.

Se acercó al mapa y extendió la mano.

—Hace dos meses perdimos Nar-Dhal, la fortaleza que conectaba el comercio del norte y del sur.

Desde entonces, nuestras rutas comerciales dependen de Fluvion.

Si esa línea cae, el Imperio parecerá débil.

Y un imperio débil… —golpeó la mesa con los nudillos— …invita a los buitres.

Murus habló con voz grave.

—Entonces no es una guerra… es un mensaje.

Ara asintió.

—Exacto.

Vamos a recordarle al mundo que el Imperio del Dragón sigue vivo.

El silencio se extendió, solo roto por el crepitar del fuego mágico en los braseros.

Borus soltó una risa seca.

—Viejos tiempos, entonces.

Me gusta.

Judith, sin embargo, ladeó la cabeza.

—¿Y el Emperador?

¿Ha dado su aprobación?

Ara iba a responder, pero una sombra emergió desde la pared más lejana.

El aire se volvió pesado.

Una figura vestida con túnica blanca avanzó lentamente entre las luces.

El Emperador Althair Dracón III había entrado en la sala.

Los capitanes se inclinaron al instante, y el técnico cayó de rodillas.

—No hace falta tanta ceremonia —dijo el Emperador con una sonrisa cansada—.

He escuchado la discusión.

Su voz era tranquila, pero tenía el peso de alguien que, incluso sin blandir una espada, dominaba la sala.

—Si mi hermana considera necesario este despliegue… entonces así será.

Levantó la mirada hacia los capitanes.

—Sé que algunos de vosotros pensáis que rehúyo la guerra, que mi deseo de paz es una señal de debilidad.

Pero aún con todo mi poder, no busco combate… porque confío en el juicio de ella.

—Miró a Ara con afecto—.

Y en vuestra lealtad.

Los capitanes inclinaron la cabeza, más solemnes que antes.

Althair continuó: —Id, y enviad un mensaje claro.

No al enemigo, sino al mundo.

El Imperio no ha olvidado rugir.

De su túnica extrajo un sobre sellado con cera negra.

Se lo entregó a Ara.

—Léelo solo cuando estés en un lugar sin ojos ni oídos.

Ara asintió.

—Como ordenes, hermano.

El Emperador giró sobre sus talones y se retiró, su sombra desvaneciéndose tras él.

La sala quedó en silencio.

Los capitanes intercambiaron miradas tensas, comprendiendo que algo más grave se escondía tras el asedio.

Más tarde, en los pasillos del ala norte… Ara rompió el sello y desplegó la carta.

La tinta aún estaba fresca, pero el mensaje era breve y directo.

“Hermana, según mis Sombras, el ataque no es casual.

Hay manos del Consejo detrás de los orcos.

No hay pruebas directas aún, pero Fluvion podría ser una distracción.

Ten cuidado.

Hay algo más allá del río, y su silencio me preocupa.” —Althair Dracón III.

Ara dobló el papel lentamente.

Sus ojos se endurecieron.

—Así que incluso dentro de palacio… hay enemigos que respiran el mismo aire.

Se guardó la carta bajo la armadura y siguió caminando.

Su voz, apenas un susurro, resonó en el corredor vacío: —Si hay algo detrás de los orcos… lo descubriré.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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