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ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 15

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15: Capítulo 15 — “El Hierro y el Relámpago” 15: Capítulo 15 — “El Hierro y el Relámpago” El sol apenas se alzaba cuando Ara empujó la puerta de la habitación.

El olor a incienso y metal impregnaba el aire.

Arson estaba sentado en el alféizar, con la mirada perdida en el horizonte.

—Así que te vas —dijo sin girarse.

Ara cruzó los brazos.

—Sí.

Un ataque en la frontera norte.

Mi hermano quiere que se resuelva antes de que se complique.

El silencio que siguió fue breve, apenas roto por el chisporroteo de las lámparas de éter.

Arson se volvió, con una expresión tranquila.

—Antes de que partas… ¿tenéis un buen herrero en la ciudad?

Ara arqueó una ceja.

—¿Ahora te interesa la herrería?

—No la herrería —respondió Arson, poniéndose en pie—.

El arte de imprensión.

Ara lo observó con sospecha.

—Hay un gremio enano.

Se asentaron hace unos sesenta años, cerca del río bajo.

Pero no tengo tiempo para eso, Arson.

—Hazme un favor —dijo él, serio, con una mirada que no encajaba con su cuerpo de niño—.

Solo una hora.

Prometo que valdrá la pena.

Ara suspiró.

—Siempre me metes en líos, ¿sabes?

La puerta se abrió tras ellos, y la Capitana Arsa apareció ajustándose el peto.

—¿Dónde van, mi señora?

—A romper cosas, al parecer —murmuró Ara.

Arson sonrió de medio lado.

—A mejorarlas, en realidad.

El Gremio de Gloy El taller de los enanos era una caverna de luz y ruido.

Martillos repicaban sobre yunques rúnicos, y las paredes vibraban con el calor de los hornos.

El aire olía a carbón, sudor y magia.

Cuando Ara entró, el martilleo cesó.

Un enano de barba blanca, con un mandil chamuscado y un ojo de cristal azul, alzó la vista.

—¡Por los Ancestros!

—gruñó con una sonrisa irónica—.

Si es la Ruina del acero en persona.

Los enanos estallaron en carcajadas.

Ara entrecerró los ojos.

—Sigue con una palabra más y tendrás que fundirte tu propia lengua, Gloy.

Arson apenas pudo contener la risa.

—Parece que tienes más fama de la que imaginabas, madre.

—No empieces tú también —gruñó ella, aunque se le escapó una sonrisa.

Gloy se limpió las manos con un trapo ennegrecido.

—¿Y qué negocio trae a la Ruina y su cachorro a mi fragua?

—Mi hijastro tiene algo que pedirte —respondió Ara, señalando a Arson.

El muchacho se adelantó y, para sorpresa de todos, ejecutó el saludo ancestral enano: una inclinación del torso con la palma abierta sobre el corazón y el pulgar tocando el yunque grabado del suelo.

El taller entero guardó silencio.

Gloy entrecerró los ojos.

—No muchos hombres saben ese saludo.

¿Dónde lo aprendiste, muchacho?

—Digamos que lo aprendí de quien debía —replicó Arson.

El enano soltó un bufido.

—Tienes lengua de acero, eso sí.

Bien.

¿Qué quieres forjar?

Arson abrió su mano.

Sobre la palma, el pergamino de sellado del dragón flotaba débilmente, su energía apenas visible como una bruma azul.

—Quiero hacer una imprensión de energía.

—Quiero que el poder de este sello se transfiera a la armadura de Ara.

Gloy lo miró con sorpresa.

—¿Una imprensión directa?

Eso no es poca cosa, chaval.

—Miró la pieza que Ara le ofrecía—.

El brazal derecho, ¿eh?

Donde concentras tus artes de rayo.

—Así es —confirmó Arson—.

No busco un arma, sino una extensión de su alma.

El enano se frotó la barba, pensativo.

—Puedo intentarlo.

Pero no prometo mucho.

Soy mejor forjando acero que engañando a la magia.

Con suerte, podré mantener un diez por ciento del poder original.

—Haz tu mejor esfuerzo —dijo Arson sin dudar.

Gloy sonrió.

—Así me gusta.

Hombres de palabra.

A trabajar, muchachos.

El Ritual de Imprensión El taller se oscureció.

Las runas del suelo comenzaron a brillar en círculos concéntricos.

Gloy y dos ayudantes se colocaron alrededor del yunque central.

La armadura fue colocada sobre una piedra rúnica, y el pergamino suspendido sobre ella.

El enano alzó su martillo y comenzó a recitar en lengua enana, su voz profunda como un trueno en el fondo de la tierra.

“Por las venas del hierro y la voz del fuego, lo sellado será devuelto, lo perdido, reclamado.” Golpeó el aire, y el metal chispeó con una llama azul.

El pergamino se desintegró lentamente, su energía absorbida por la pieza.

El taller tembló.

Chispas doradas y líneas rúnicas recorrieron el brazal, como si estuviera respirando.

Cuando el resplandor cesó, el suelo quedó cubierto de ceniza.

Gloy, sudando, bajó el martillo.

—Listo.

Pero solo conseguí sellar un diez por ciento.

El resto… se disipó.

El pergamino flotaba inerte, vacío de poder.

Arson lo tomó, lo dobló y lo guardó.

—A veces, un diez por ciento es más que suficiente —dijo con voz baja.

Gloy asintió con respeto.

—Tienes ojos viejos, muchacho.

No los pierdas.

La Capitana Arsa avanzó y habló en nombre de Ara.

—El Imperio pagará tu trabajo en oro.

Enviaremos un hombre con el monto acordado antes del anochecer.

—Acepto.

Y dile a la Ruina que esta vez no destrozó nada —rió el enano.

Ara rodó los ojos.

—La próxima vez, te rompo el yunque.

Tres nuevos sellos Mientras regresaban al castillo, el cielo empezaba a teñirse de naranja.

Arson caminaba junto a Ara, con la armadura en brazos.

—Ahora el brazal tiene tres funciones —explicó—.

Primero, Menos: reducirá el impacto del daño físico o mágico, reflejando una parte mínima de la energía.

Segundo, Escamas de Dragón: al activarse, endurece el metal y lo vuelve resistente incluso al fuego espiritual.

Y tercero… Temor.

Ara lo miró, intrigada.

—¿Temor?

—El alma del dragón aún recuerda lo que fue —respondió Arson—.

Cuando actives ese sello, los débiles sentirán su sombra.

No se asustarán por ti… sino por él.

Ara guardó silencio.

El brazal brilló débilmente entre sus manos, como si respirara.

Arsa miró al muchacho de reojo.

—Dime, chico… ¿dónde aprendiste algo así?

Arson sonrió.

—De alguien que ya no está.

Pero que sigue observando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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