ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- ARSON: El Despertar del Olvido
- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 — “El hijo de SonRa”
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Capítulo 16 — “El hijo de SonRa” 16: Capítulo 16 — “El hijo de SonRa” La calzada imperial vibraba bajo el retumbar de los tambores.
Las tropas avanzaban en perfecta formación, con sus armaduras verdes y doradas brillando bajo la luz del amanecer.
Estandartes con el símbolo del Dragón Celeste ondeaban en hileras ordenadas, acompañados del profundo sonido de los cuernos ceremoniales.
En lo alto de la torre norte del castillo, Arson y la Capitana Arsa observaban la marcha.
Al frente de todas las unidades, montada sobre un caballo negro con bardas metálicas, iba Ara, su capa plateada ondeando con el viento.
El porte, la disciplina y la solemnidad del ejército representaban el espíritu del Imperio: precisión, honor y fuerza contenida.
Arsa habló sin apartar la mirada: —¿No te pesa verla marchar sin ti?
Arson mantuvo los ojos en la columna interminable de soldados.
—He recuperado parte de mi energía, pero mi cuerpo sigue rígido.
Usé demasiado poder en muy poco tiempo.
Y además… esto es una misión del Imperio.
No me corresponde.
Arsa suspiró.
—Eres un infante del Imperio, aunque no seas de sangre dragón.
Eso ya te hace parte de esto.
Arson ladeó la cabeza.
—Tal vez, pero yo no pertenezco del todo a este mundo.
Solo lo observo desde dentro.
Paseo por la Ciudad del Dragón Con las tropas ya fuera de la ciudad, la calma volvió lentamente.
Arson y Arsa caminaron entre los barrios principales, donde los mercados se llenaban de voces, comerciantes, vendedores ambulantes y aprendices de mago que practicaban hechizos menores.
Después de un rato, Arson señaló uno de los murales que decoraban una plaza.
Representaba a un hombre joven con un dragón detrás.
—¿Ese es el primer emperador?
Arsa asintió con orgullo.
—Sí.
Aureon Draconis.
Hijo de una noble local… y del rey de los dragones de la cordillera.
Su poder era incomparable, incluso antes de entender lo que era capaz de hacer.
Arson escuchó con atención.
Arsa continuó: —Unificó ciudades, reunió clanes, derrotó a ejércitos enteros.
La mitad del imperio actual fue obra suya.
Y cuando cumplió ciento cincuenta años, ascendió a la cordillera para enfrentar a su propio padre.
Arson abrió los ojos con sorpresa.
—¿Lo derrotó?
—En combate singular —confirmó Arsa—.
Y desde entonces, los dragones reconocieron a su linaje como soberanos legítimos.
Por eso hoy existe el Culto Imperial al Dragón.
Arson asintió, procesando la información.
—Una historia impresionante.
Mucho más de lo que esperaba.
—Ya aprenderás más —dijo Arsa—.
El mundo es grande… y viejo.
🛕 La capilla olvidada Al cruzar hacia los barrios del sur, el pavimento empedrado desapareció; el suelo se volvía barro, y las casas perdían el esplendor de las zonas nobles.
—¿Por qué esta diferencia?
—preguntó Arson.
Arsa suspiró.
—El Consejo decide dónde va el dinero.
Y… estos barrios no suelen estar en su lista de prioridades.
Arson guardó silencio, observando en detalle la decadencia.
Llegaron finalmente a una pequeña choza de madera, con un símbolo solar tallado en la entrada.
Un anciano salió cuando los vio acercarse.
—Bienvenidos, buenos días… —dijo con voz humilde—.
Si deseáis escuchar la palabra del Sol… Arsa se adelantó rápidamente, levantando una mano en señal de advertencia.
—Cuidado.
Este muchacho es infante del imperio.
No te acerques demasiado.
El anciano se encogió un poco.
Arson soltó una breve exhalación y bajó la mano de Arsa.
—No te preocupes, no necesito títulos.
—Arson miró al hombre—.
¿Cuál es tu nombre?
—Soy Asmon, señor —respondió el guardián—.
Guardián de esta humilde capilla.
—Un gusto, Asmon —respondió Arson—.
Solo quiero entrar un momento.
Asmon sonrió aliviado.
—Por supuesto.
Todo aquel que desee paz puede entrar.
Pero justo cuando iban a hacerlo, un guardia apareció apresurado: —¡Abran paso al Conde Valerius!
Arsa masculló algo por lo bajo.
Arson simplemente miró.
Valterion avanzó con aire orgulloso, su capa negra moviéndose con elegancia estudiada.
—Capitana Arsa… infante —dijo con una sonrisa afilada—.
Qué curioso verlos aquí.
Arson respondió con total naturalidad: —Íbamos a entrar.
Eso hacemos.
Valerius parpadeó sorprendido.
Luego su sonrisa regresó.
—Este templo… tiene retrasos con su contribución anual —dijo mirando a Asmon—.
Podría cerrarlo hoy mismo.
Asmon tragó saliva.
—Tengo el dinero… pero aún no he… Arson alzó la mano.
—¿Cuánto es?
—Una moneda de oro anual —respondió Valterion.
Arson pidió la bolsa a Arsa, la abrió y entregó a Asmon un puñado de monedas.
Cien exactas.
Silencio total.
—Aquí tienes cien años —dijo Arson, indiferente—.
Ya no tienes deuda.
Arsa se quedó blanca.
Valterion, tensando la mandíbula, respondió con un tono casi venenoso: —No sabía que eras devoto de SonRa.
—No lo soy —respondió Arson—.
Pero tampoco soporto las amenazas baratas.
Valterion retrocedió con una sonrisa helada.
—Que disfruten su… visita.
Se marchó.
Arsa murmuró: —Acabas de gastar una fortuna entera… —No era mía —respondió Arson—.
Y no la necesito.
☀️ El encuentro con SonRa Arson entró a la capilla y se sentó en el centro.
Cerró los ojos.
—¿Puedes oírme… padre?
Sé que ha pasado mucho tiempo.
No sé si hice lo que debía.
No sé si cumplí tu propósito.
El mundo desapareció.
Se encontró en un espacio blanco, puro, cálido.
Y a su lado, sentado, apareció SonRa.
—Hijo mío… —dijo con voz profunda—.
No digas que fallaste.
Los demonios viven.
Las razas sobrevivieron.
Y aquello que debía ser preservado, lo fue.
Tu sacrificio no fue en vano.
Arson bajó la mirada.
—¿Entonces por qué… por qué sigo aquí?
—Porque el mundo te necesita —respondió SonRa—.
Los sellos se debilitan.
La corrupción crece.
Y el Creador ha prohibido toda intervención.
No puedo guiarte, solo decirte que observes.
Habrá un día en que tu poder despierte de nuevo.
Ese día… el cielo se partirá.
Arson apretó los puños.
—¿Por qué ya casi no quedan fieles?
—Porque la oscuridad avanza —respondió SonRa—.
Y porque los hombres olvidan.
Pero algunos aún mantienen la luz.
Como este guardián.
Los ojos de SonRa brillaron.
—Vive.
Aprende.
Actúa.
Cuando llegue el momento, sabrás qué hacer.
La luz se apagó.
Arson abrió los ojos dentro de la capilla.
Salió.
Asmon le hizo una reverencia profunda.
—Gracias… gracias por todo, señor… Arson negó con la cabeza.
—Sigue cuidando este lugar.
Eso basta.
Arsa lo observó en silencio.
—Tienes mejor aspecto —dijo.
Arson respiró hondo.
—Digamos que… me quité un peso de encima.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com