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ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 22

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22: Capítulo 22 – Ecos de Victoria 22: Capítulo 22 – Ecos de Victoria Tras las dos batallas que habían estremecido el norte y el sur del Imperio Dracón, llegó la calma.

Los heridos fueron atendidos, los muertos honrados, y las fortalezas —Nar-Dhal en el sur y la Flubiana en el norte— quedaron aseguradas con nuevas guarniciones.

A Murus se le asignó la defensa de Nar-Dhal.

Su temple y solidez eran garantía de que la fortaleza no caería de nuevo.

Tres días después, un destacamento enviado desde la capital llegó para relevar al Emperador.

Acompañado por Arson, la Capitana Arsa y parte de la Guardia Imperial, Althair Dracón III emprendió el viaje de retorno.

🎉 Fiesta en el Palacio Imperial Unos días después, en el gran salón del palacio, se celebró un banquete en honor a la doble victoria del Imperio.

Los músicos tocaban música alegre, las mesas rebosaban comida, y un soldado —nervioso pero orgulloso— narraba las gestas para todos los invitados: — ¡Y entonces el muchacho… ¡sí, el hijastro de la princesa!

Corrió directo a la puerta de Nar-Dhal, envuelto en rayos como un espíritu del trueno, y la pulverizó de una sola embestida!

Las risas y vítores llenaron la sala.

— ¡Y su majestad, el Emperador Althair Dracón III…!

¡De un solo gesto reducción a cenizas a un troll entero!

Más aplausos.

— ¡Y en el norte!

La Princesa Ara… la Gran Maestra… invocó un martillo de trueno tan descomunal que abrió un surco en tierra y cielo.

Y los gigantes… ¡dos capitanes los tumbaron!

Serpentis y Borus, los héroes de la muralla.

Los comensales chocaron sus copas, emocionados.

👀 Entre Damas y Susurros: Descripciones que Faltaban En un rincón menos ruidoso, un grupo de damas observaba a la familia imperial.

La Capitana Judith , curiosa, comentaba con ellas: — La princesa Ara…

su cabello negro como tinta, cae hasta la mitad de la espalda.

Mirad sus ojos… esa mezcla entre gris y azul.

Imponente y hermosa incluso cubierta de cicatrices.

— Y el joven Arson… añadió otra dama, qué aspecto tan extraño para un extranjero.

Cabello negro, ojos blancos como bruma… y esa piel tostada, no oscura, pero cálida.

Parece más del sur que del norte.

Judith sonrió.

— Pues en combate no parece un muchacho… Después de sus miradas fueron al Emperador.

— El Emperador…

murmuró una joven noble, parece una estatua viviente.

Ese cabello dorado, esos ojos rojos…

la pupila rasgada como un dragón.

Da miedo y calma al mismo tiempo.

Judith solo respondió con orgullo: — Así son los hijos de la Cordillera… mitad fuego, mitad rey.

🍷 Conversación entre Ara, Arson y el Emperador Ara y Arson conversaban cerca del estrado, cuando el Emperador se acercó sonriendo.

Ara lo miró con sus cejas arqueadas: —¿Y tú qué pensabas exactamente, Althair?

¿Llevarte a Arson cuando seguía recuperándose?

—No lo puse en peligro —respondió él, alzando una ceja—.

Y tú lo sabes.

Solo quería que comprendiera mejor quién soy… y quién era nuestro padre.

Arson se rió suavemente.

—Fue interesante.

Y ahora entiendo mejor su papel, su carga… y sus límites.

Ara bufó, pero antes de replicar, el Emperador puso una mano sobre su cabeza y la despeinó ligeramente.

—Ya pasó todo, hermana.

Relájate por una vez.

Ara lo empujó con el codo, indignada… pero sonriendo al final.

🃏 La Entrada de Valerius – El Bufón de la Muerte Entonces, una risa fina, aguda y serpenteante cortó la música.

— Kihihihihi… ¡Perdonad la interrupción!

—canturreó una voz afilada.

Los invitados se giraron.

El Conde Valerius descendía por las escaleras del estrado, acompañado por dos guardias que arrastraban dos cuerpos envueltos en mantos negros.

Con un gesto teatral, Valerius abrió los brazos: — ¡Mi emperador!

¡Mi princesa!

Les traigo un regalito tardío… dos miembros de nuestro querido Consejo.

Hizo chasquear la lengua exageradamente.

— Conspiraban para asesinar a nuestra querida Ara… qué feo, ¿verdad?

Así que… pfuf… tuve que limpiarlo yo mismo.

Las damas gritaron.

Algunos nobles retrocedieron horrorizados.

Valerius sonoro como si estuviera narrando un chiste.

— ¡No me deis las gracias!

El debe siempre llama, kihihihi… Ara tensó los puños.

Arson sintió cómo la energía de ella se elevaba.

Pero el Emperador levantó la mano.

—Ya lo sabía —afirmó, mirando a Valerius con calma absoluta—.

Mis sombras me informaron en cuanto los escuchaste… y en cuanto tú los “resolviste”.

Valerius hizo una reverencia exagerada.

— ¡Oh, siempre un paso por delante, majestad!

Así me gusta… jejeje… El banco estaba suspendido.

Los guardias retiraron los cuerpos.

Solo quedaron Ara, Arson, el Emperador y Valerius unos minutos más.

La conversación fue tensa pero educada.

Valerius no atacó ni defendió: jugó .

Se movió entre palabras como un bailarín de porcelana, todas sonrisas huecas y ojos vacíos.

Y cuando se retiró, dejó un silencio pesado, venenoso, en el aire.

🧭 Preparativos para Partir hacia Argenta Esa noche, Ara y Arson volvieron a sus aposentos para comenzar los últimos preparativos del viaje.

El destino: La Ciudad-Estado de Argenta Una república mercantil al oeste, más allá del desierto, situada en una enorme llanura fértil bañada por un gran río.

Famosa por: sus clanes de mercenarios, sus gremios de aventureros, su independencia política, y su riqueza multicultural.

El camino no sería fácil.

Ya no viajarían por bosques imperiales, sino por arenales y rutas comerciales protegidas por caravanas armadas.

El Imperio quedó atrás.

Pero el viaje —el verdadero viaje de Arson y Ara— apenas terminaba de comenzar.

Cuando terminaron de ordenar los mapas, las provisiones y el itinerario hacia la República de Argenta, la habitación quedó en silencio.

Solo el sonido tenue del viento nocturno se filtraba por la ventana.

Arson, sentado sobre el arcoón donde guardaba su armadura, supervisaba a Ara mientras ella ajustaba sus correas y revisaba sus cuchillas.

Parecía calmada… pero él sabía reconocer esa tensión sutil en su mirada.

—Ara —dijo de pronto—, ¿puedo preguntarte algo?

Ella levantó la vista, arqueando una ceja.

-Diez centavos.

Arson dudó un instante, buscando las palabras exactas.

— ¿Cómo es posible que ese hombre… Valerius… sea así?

Cuando lo conocí parecía alguien sereno, calculador… alguien recto, incluso.

Y de repente… es como si hubiera cambiado de persona.

Esa mezcla de noble y loco… no lo entiendo.

Ara suspir profundamente, dejando caer los guantesletes sobre la mesa.

—Eso, justamente eso que acabas de decir… es lo que más me preocupa de él.

Arson ladeó la cabeza.

—Lo conoces desde hace mucho?

—Sí —asintió ella—.

En la época en que entró a la Orden.

Valerius era un hombre recto, imponente, disciplinado.

Un guerrero respetado.

Nunca fue cálido, pero sí estable.

Era…normal.

Un soldado ejemplar.

La princesa apretó los puños.

—Pero con los años… empezó a cambiar.

Muy despacio al principio.

Esos destellos de locura que ves ahora… antes eran breves, casi imperceptibles.

Una risa que no venía a cuento… una expresión demasiado divertida ante algo horrible… decisiones correctas pero tomadas con un brillo extraño en los ojos.

Arson frunció el ceño.

—Y nadie hizo nada.

— ¿Qué iban a hacer?

—Ara negó con la cabeza—.

Es un héroe del Imperio.

Y mientras seguía funcionando, mientras seguía cumpliendo…

nadie quiso mirar más allá.

Pero yo sí lo vi.

Y eso es lo que detesto de él.

No su poder.

No su influencia.

Ese cambio .

La forma en la que puede pasar de ser un noble intachable… a parecer un loco peligroso… en cuestión de segundos.

Arson comprendió algo más profundo entonces.

—Esa inestabilidad… ¿es lo que te hace desconfiar tanto de él?

Ara lo miró directamente a los ojos, seria.

—No me gusta la gente impredecible con poder, Arson.

Y Valerius… es lo más impredecible que ha pisado este Imperio desde hace siglos.

Si hoy ríe, mañana mata.

Si hoy sirve al trono, mañana podría quemarlo.

Nunca sabes qué versión de él está mirando.

Y lo peor… es que ambas son reales .

Arson se quedó pensativo.

—Entonces… no le temes por lo que es hoy… sino por lo que podría volverse mañana.

Ara sonrió con tristeza.

—Exacto.

Ambos guardaron silencio durante varios segundos.

Finalmente, Ara se levantó, recogió sus armas y se colocó la capa.

—Descansemos.

Mañana empieza un viaje largo… y fuera del Imperio habrá enemigos que no conocemos.

—Sí —respondió Arson poniéndose en pie—.

Pero también respuestas.

Se intercambiaron una mirada de complicidad, una mezcla de cansancio y determinación.

Y así cerró el día: Con dos viajeros listos para abandonar el Imperio… y una sombra llamada Valerius, cada vez más peligrosa, acechando entre los mármoles del palacio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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