ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 CAPÍTULO 25 — Sangre Sellada
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25: CAPÍTULO 25 — Sangre Sellada 25: CAPÍTULO 25 — Sangre Sellada Volvieron a la taberna cuando el sol ya estaba cayendo, caminando en silencio por las calles de Argenta.
El bullicio de la ciudad-estado contrastaba con la tensión que cargaban encima; incluso Noma, encadenada y descalza, avanzaba sin emitir un solo sonido.
Al llegar al cuarto, Ara cerró la puerta con un suspiro largo y se dejó caer sobre la silla más cercana, mientras Arson dejaba las bolsas y revisaba que estaba todo en orden.
Noma permaneció de pie junto a la puerta, la cabeza baja, las cadenas tintineando suavemente cada vez que respiraba.
Ara señaló la mesa.
—Lo primero —dijo con cansancio—.
El dinero que te debo.
Arson abrió la bolsa que ella le había lanzado horas atrás y dejó las monedas sobre la mesa: plata y cobre, lo justo para saldar la compra de la esclava.
La taberna siempre exigía cuentas claras, y Ara era demasiado meticulosa como para dejar cabos sueltos.
—Ten cuidado —añadió Ara mientras separaba las monedas—.
Los demonios, los semi-demonios y cualquier nacido en el Reino Demonio… no están aquí por gusto.
Arson la miró, esperando explicación.
Ara apoyar los codos en la mesa.
—Existe una ley en el Reino —explicó— que prohíbe el mestizaje.
Los hijos que nacen “contaminados”, como lo llaman ellos, son expulsados antes incluso de hablar.
Hay comerciantes que pagan por recogerlos… para luego venderlos fuera.
Así mantiene “puro” su linaje.
Arson frunció el ceño.
—Entonces… ¿ella fue expulsada de bebé?
—La mayoría lo son —respondió Ara con un tono seco—.
Y muchos son vendidos no sólo por utilidad, sino porque el Reino Demonio mantiene con ellos cierto… enlace.
Un interés.
Los monitorean.
Saben dónde están.
Arson bajó la mirada hacia Noma, que permanecía completamente inmóvil.
—Bueno —dijo—, no parece que vaya a hacerme daño.
Ara resopló, se incorporó y dirigió su mirada a la muchacha.
Su aura se activó con suavidad, como si un eco oscuro se abrió detrás de su espalda.
Un rastro de poder demoníaco se filtró entre sus palabras.
—Noma —ordenó—.
Ve a lavarte.
Deja que te arregles.
Pero no te quites los grilletes.
La reacción fue inmediata: Noma inclinó la cabeza y obedeció sin una sola duda, como si su voluntad fuera arrastrada por un hilo invisible.
Las cadenas tintinearon mientras desaparecían detrás de la puerta del baño.
Arson chasqueó la lengua.
—Es… raro.
Muy raro.
Ara se volvió hacia él con expresión seria.
—Desde la muerte del Primer Rey Demonio, el segundo —no dijo su nombre, no hacía falta— impuso una magia de sangre sobre todos los demonios.
Los más débiles obedecen sin resistencia a los más fuertes.
No es esclavitud…
es instinto.
Y ella está lo bastante cerca de su linaje como para no poder oponerse.
Arson se sentó en la cama y cruzó los brazos, pensativo.
—Entonces… mi regalo —dijo al fin—.
¿Ya te diste cuenta de que te permite usar tu poder demoniaco sin que… afecte esa parte tuya?
Ara lo miró, y su expresión cambió.
No a ira, ni a tristeza… sino a una mezcla de miedo y sospecha.
—Sí —admitió con un tono bajo—.
En la batalla lo sentí claramente.
Mi poder…
era más grande que antes.
Mucho más de lo que debería ser, incluso con entrenamiento.
Pero…
Se levantó, acercándose a Arson.
—No vuelvas a hacer algo así —le dijo con firmeza, clavándole el dedo en el pecho—.
No entiendes mi situación.
Agradezco que me salvaras la vida… pero no puedes simplemente usar tu poder como si no tuviera consecuencias.
Arson bajó la mirada, asintiendo sin discutir.
Pasaron unos minutos en silencio hasta que se abrió la puerta del baño.
Noma salió completamente limpia, con el cabello negro y las puntas rojas sueltas, cayéndole por los hombros.
Su piel morena brillaba todavía húmeda y llevaba las mismas ropas, pero ahora ajustadas y en orden.
Avanzó con paso disciplinado y se arrodilló frente a Ara.
—Mi nombre es Noma —dijo con voz suave pero firme—.
A partir de ahora, serviré bajo tu mandato.
Sincronía y obediencia a la sangre superior.
Ara bufó.
—Conmigo no tienes nada —respondió, apartando la mano con desdén—.
Obedecerás únicamente al muchacho que te compró.
A él, ya nadie más.
La expresión de Noma se tensó brevemente.
No le gustaba.
No entendía por qué debía obedecer a alguien “inferior” en sangre.
Arson irritante, no por burla, sino por la certeza que acababa de tener desde que la vio en el mercado.
—Tú… —dijo mientras la observaba a los ojos—.
Eres nieta del Segundo Rey Demonio, ¿verdad?
Noma lo miró, y sus ojos oscuros temblaron apenas un instante.
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