ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 CAPÍTULO 26 — Herencias que no Mueren
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26: CAPÍTULO 26 — Herencias que no Mueren 26: CAPÍTULO 26 — Herencias que no Mueren Noma observaba a Ara desde el otro lado de la habitación con una mezcla de recelo y orgullo contenido.
No tardó en hablar.
—¿Por qué debería servir a un simple humano…?
—preguntó al fin—.
Yo desciendo de reyes demonio.
Ara levantó la mirada con una frialdad absoluta.
—No me compares —respondió—.
Yo soy una simple humana.
La presión que acompañó esas palabras heló la sangre de Noma.
No fue magia visible, ni aura desbordada, sino algo más profundo, más primitivo.
Por un instante, sintió que su cuerpo quería arrodillarse… y no entendió por qué.
Horas después, cuando Ara ya no estaba en la estancia, Arson notó que Noma permanecía en silencio.
—¿Qué ha pasado?
—preguntó.
—Nada —respondió ella, demasiado rápido.
Arson la miró un segundo más.
—Ha sido Ara, ¿verdad?
Noma no respondió, pero no pudo ocultarlo.
Sus hombros se tensaron.
—Escúchame —dijo Arson con tono calmado, casi burlón—.
Aunque desciendas de demonios, ella odia a esa raza.
No tengas ese tipo de conversaciones con ella.
Ni siquiera yo, siendo su hijo, puedo permitirme ir por ese camino.
Noma asintió lentamente.
—Gracias por el consejo.
Luego lo miró de frente.
—¿Cómo supiste quién soy?
Arson sostuvo su mirada.
—Tus ojos —respondió—.
Son idénticos a los de tu abuelo.
Noma se quedó rígida.
—Eso es imposible —susurró—.
Mi abuelo murió hace siglos.
Nadie debería recordarlo.
Arson se acercó.
Noma intentó retroceder, pero la gravedad se cerró a su alrededor, inmovilizándola con suavidad pero sin escapatoria.
Él apoyó su frente contra la de ella.
Un instante.
Un recuerdo.
No como palabras, sino como vivencia.
Una sala oscura.
Un consejo de guerra.
El Segundo Rey Demonio sentado en su trono, escuchando órdenes.
Y frente a él… Nadash.
Sombra.
El ejecutor.
Dando instrucciones, sin miedo, sin reverencia.
Cuando todo terminó, Noma cayó de rodillas, temblando.
—Eso… eso fue… —El pasado —dijo Arson con calma—.
Ya no existe.
No intentes devolverme tronos ni títulos que murieron conmigo.
Noma bajó la cabeza.
—Entiendo.
Más tarde, los tres salieron a la ciudad y terminaron, casi sin planearlo, frente al gremio Manoscura.
Arson, curioso, pidió permiso al maestro para usar la zona de entrenamiento con Noma.
El maestro frunció el ceño.
—Entrenar con una esclava es una falta de respeto para los guerreros.
Arson se quedó quieto… y entonces chasqueó los dedos.
La electricidad recorrió las cadenas y las hizo estallar en fragmentos.
—Estás libre —dijo.
La palabra resonó como un sello roto.
El gremio quedó en silencio.
—Ya no es esclava —añadió—.
No ofende a nadie.
El maestro se acarició la barba.
—Adelante.
Mientras subían a la arena, el capitán, el maestro y la recepcionista miraron a Ara.
—¿Cuándo compraron eso?
—preguntaron.
—Ayer —respondió ella—.
Arson insistió.
En la arena, Noma tomó un báculo.
Arson fue a puño limpio.
La arena del gremio Manoscura estaba en silencio cuando Arson y Noma tomaron posiciones.
El muchacho desarmado, relajado, con los pies bien plantados.Ella, sosteniendo el báculo con ambas manos, el fuego azul recorriendo ya las runas grabadas en la madera ennegrecida.
—No te contengas —dijo Arson—.
Quiero ver cómo peleas de verdad.
Noma no respondió.
Se lanzó.
El primer intercambio fue puramente físico.
El báculo descendió como un martillo, buscando romper costillas, obligando a Arson a retroceder medio paso, girar el cuerpo y desviar con el antebrazo reforzado por una mínima descarga eléctrica.
El impacto resonó seco, contundente.
Noma no daba respiro.
Golpe horizontal.
Barrido bajo.
Giro del arma para golpear con el extremo opuesto.
Arson bloqueó, esquivó, contraatacó con un puñetazo al costado que ella absorbió girando la cadera, devolviendo el golpe con la rodilla.
—No es técnica refinada —murmuró el maestro desde abajo—.
Es supervivencia pura.
—Y brutal —añadió el capitán—.
Le falta miedo.
El combate subió de ritmo.
Arson empezó a potenciar brevemente su cuerpo, no con habilidades visibles, sino con impulsos internos: fuerza en los músculos, aceleración mínima en los reflejos.
Aun así, Noma seguía presionando, obligándolo a moverse constantemente.
Entonces el fuego apareció.
No explotó.
Se deslizó.
Llamas azules, densas, envolviendo el báculo como si el arma fuera el núcleo de un horno comprimido.
Cada golpe dejaba estelas de calor que deformaban el aire.
Arson activó su armadura eléctrica de forma parcial.
Chispas recorrieron su piel cuando bloqueó un impacto directo, el choque lanzándolo varios metros atrás, rodando por la arena.
—Para llevar un día libre… —dijo alguien— eso no es normal.
Ara observaba en silencio, brazos cruzados.
—No lo es —respondió—.
Pero Arson aún no ha empezado.
Noma avanzó, concentrando el fuego ahora en una sola mano.
El azul se oscureció, volviéndose casi negro en el centro.
—Cañón del Infierno —pronunció.
La energía se comprimió hasta parecer una esfera insignificante… y luego fue liberada.
Arson, aún en el suelo, sonrió.
Esta vez no se contuvo.
La armadura eléctrica estalló al cien por cien, recorriendo su cuerpo como una segunda piel viva.
Las garras de rayo se formaron en sus manos, no como armas, sino como extensiones de su propio pulso vital.
El aire vibró.
Desde su espalda, desde su columna, Kirin emergió.
No descendió del cielo.No fue invocado desde fuera.
El dragón de energía se desplegó desde su cuerpo, hecho de relámpagos, rugiendo sin sonido, envolviéndolo como un espíritu ancestral despertado.
—Ahora sí… —susurró alguien.
El choque fue brutal.
Fuego infernal comprimido contra relámpago vivo.
El escudo del gremio se activó al instante, absorbiendo la onda expansiva que sacudió todo el edificio.
La ciudad entera sintió el impacto como un trueno lejano.
Cuando el humo se disipó… Noma estaba de rodillas, jadeando, el báculo clavado en la arena para no caer.
Arson seguía en pie.
Respiraba con calma.
La armadura se disipó poco a poco, Kirin desvaneciéndose en chispas.
Ara dio un paso al frente, ciñéndose instintivamente la espada…y luego se detuvo.
—Ya está —dijo—.
Al final… no era tanta amenaza.
El capitán soltó una carcajada.
—Ahí te ha salido la vena de madre.
Ara le lanzó un puñetazo seco al hombro.
—Cierra la boca.
—Joder… —gruñó él—.
Eso dolió.
El maestro observaba a Arson con atención, sin apartar la mirada.
—Dime una cosa —dijo por fin—.¿Eso es poder bruto… o control?
Ara ladeó la cabeza, pensativa.
—Ambos —respondió—.
Tiene un control alto… pero cada vez libera más de lo que debería.
Aún está aprendiendo a no dejarse arrastrar por ello.
—Complicado equilibrio —murmuró el maestro.
El capitán intervino, señalando a Noma.
—Tampoco despreciemos a la chica.
Ese nivel no lo ves todos los días.
Podría entrar en la élite del gremio sin pestañear.
Ara asintió.
—Con entrenamiento, los dos —dijo—.
Arson y Noma.Podrían convertirse en los más fuertes de esta ciudad.
El maestro soltó una breve risa seca.
—Y pensar que aún no están pulidos… —Tranquilo —respondió el capitán—.
Yo sigo siendo el más fuerte aquí.
El maestro lo miró de reojo.
—En nuestro combate yo no estaba jugando —replicó—.Y ese chico no solo me igualó… hubo momentos en los que empezó a superarme.
El silencio que siguió fue absoluto.
Noma levantó la vista, todavía temblando.
Y por primera vez, no miró a Arson con orgullo…sino con respeto.
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