ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 28
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- Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 — Cuando la verdad no quiere precio
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28: Capítulo 28 — Cuando la verdad no quiere precio 28: Capítulo 28 — Cuando la verdad no quiere precio El regreso a Argenta fue silencioso.
No por cansancio, sino por prudencia.
El desertor caminaba entre Ara y Arson, sin cadenas, pero con la certeza de que ya no podía huir.
Noma iba unos pasos detrás, observando todo con una atención casi incómoda, como si cada gesto fuese una lección que no sabía aún cómo interpretar.
Cuando cruzaron las puertas de la ciudad, nadie los detuvo.
Eso, en sí mismo, ya era inquietante.
El gremio La sala principal del gremio de Mano Oscura estaba más tranquila de lo habitual.
Menos ruido.
Menos risas.
Como si la propia piedra hubiera aprendido a escuchar.
Blade fue el primero en verlos.
No sonrió.
—Habéis vuelto rápido —dijo—.
Demasiado rápido.
Ara dejó el cilindro sellado sobre la mesa central.
—El encargo estaba mal.
Blade no tocó el objeto.
El maestro sí lo miró, pero tampoco se acercó.
— ¿Mal ejecutado?
—preguntó.
—Mal planteado —respondió Ara—.
Desde el principio.
El desertor habló entonces, con voz firme: —Yo no robe para traicionar.
Robé para sobrevivir.
Silencio.
Blade exhaló despacio.
—Eso explica muchas cosas… y empeoran otras.
El cliente El cliente llegó una hora después.
Traje limpio.
Voz firme.
Sonrisa controlada.
Miró al desertor.
—Veo que habéis cumplido.
—No del todo —respondió Blade—.
Hay un desacuerdo con el pago.
El hombre frunció el ceño.
—El contrato… Ara lo interrumpió.
—El contrato se basó en una mentira.
Le lanzó el cilindro.
—Eso prueba que tú eres el traidor.
El hombre no lo abrió.
No hizo falta.
—No sabéis con quién estáis jugando —dijo en voz baja.
—Sí —respondió el maestro—.
Y por eso mismo no vamos a jugar solos.
El peso de la ciudad La puerta volvió a abrirse.
Esta vez entró un hombre con insignias discretas del gobierno de Argenta.
No llevaba escolta visible, pero su presencia bastó para que la sala se tensara.
—Inspector Caelus —se presentó—.
He sido llamado para dirimir un conflicto entre contrato y ejecución.
Ascenso de la hoja.
—Y para evitar que el gremio sea usado como tapadera.
El cliente palideció apenas.
Los documentos fueron revisados.
Las copias comparadas.
Las fechas, los sellos, las rutas.
El inspector levantó la vista.
—El encargo incumple tres normas de la ciudad.
Y dos más del código del gremio.
Miró al cliente.
—Intentar silenciar a un informante es traición cívica.
El hombre retrocedió un paso.
—Esto no quedará así.
Ara lo miró por primera vez con dureza.
-No.
Esto acaba aquí.
Los guardias se lo llevaron sin espectáculo.
Sin aplausos.
Sin sangre.
Eso fue lo más inquietante.
Después Cuando la sala quedó vacía, el maestro se sentó pesadamente.
—Esto va a tener eco.
—Lo sé —respondió Ara—.
Por eso no rompimos nada más de lo necesario.
Blade se apoyará en la mesa.
—Algunos pensarán que os habéis metido donde no debíais.
Arson habló entonces: —Si no lo hacíamos, otros lo habrían enterrado.
Noma bajó la mirada.
—En mi mundo… la verdad no suele sobrevivir a la política.
Ara la observará un instante.
—Aquí tampoco.
Pero a veces… se gana tiempo.
Conversación nocturna Esa noche, de vuelta en la taberna, Arson explicó con calma lo ocurrido.
No adornó nada.
No suavizó las palabras.
Noma escuchó en silencio.
—Así que… aunque seas fuerte —dijo al final—, siempre hay algo más grande.
—Siempre —respondió Arson—.
Por eso importa cuándo decide usar esa fuerza.
Ara los observar desde la mesa, con una expresión difícil de leer.
—Argenta no es el imperio —dijo—.
Aquí no mandan coronas, mandan equilibrios.
— ¿Y los hemos roto?
—preguntó Noma.
Ara business despacio.
-No.
Pero los hemos tocado.
Y cuando los equilibrios se tocan… alguien siempre responde.
A lo lejos, en algún despacho iluminado por velas,alguien revisaba informes nuevos.
Y sonreía.
El amanecer llegó sin dramatismo.
Eso, para Ara, siempre era mala señal.
En la habitación de la taberna, Arson terminó de ajustar su equipo con movimientos tranquilos.
Noma observaba en silencio, sentada en el borde de la cama, ya vestida para viajar.
No había cadenas, no había marcas visibles, pero aún caminaba como alguien que espera órdenes… o consecuencias.
—Mañana salimos con la caravana —dijo Ara mientras se ajustaba la capa—.
Así que hoy compramos víveres, pagamos deudas… y cerramos puertas.
Noma levantó la vista.
—¿Todas?
Ara la miró un instante.
—Las que podamos.
Despedidas en Mano Oscura El gremio estaba más concurrido de lo habitual.
Había rumores, miradas largas, conversaciones que se cortaban al verlos pasar.
La recepcionista fue la primera en sonreír.
—Así que os vais.
—Así que sobrevivimos —respondió Ara.
Hubo apretones de manos, bromas forzadas, algún gesto sincero.
Incluso el maestro parecía más relajado… hasta que la puerta principal se abrió de golpe.
Un hombre con los colores de la corte de Argenta avanzó dos pasos.
—Busco a quienes ejecutaron el contrato confidencial firmado por Marcellus Veyron.
El nombre cayó como una piedra.
El maestro se adelantó.
—Aquí.
Blade cruzó los brazos.
—Y antes de que empieces, te diré algo: este gremio protege esta ciudad desde antes de que tu corte supiera escribir sentencias.
El capitán de la corte no se alteró.
—Y por eso mismo no queremos que esto escale.
Se les requiere en audiencia formal.
El maestro asintió lentamente.
—Entonces iremos todos.—Nosotros dos —señaló a Blade—.
Y quienes actuaron en la misión.
La corte de Argenta La sala no era grande, pero estaba diseñada para imponer.
Ara, Arson y Noma declararon.
Blade habló.
El maestro confirmó.
El inspector Caelus presentó pruebas.
El murmullo creció.
Cuando el magistrado estaba a punto de dictar sentencia, el acusado alzó la voz.
—Solicito juicio por combate.
Silencio inmediato.
—¿A quién nombras como campeón?
—preguntó el magistrado.
El hombre sonrió.
—A Noctis Umbra, conocido como Destello Oscuro.
Algunos presentes contuvieron el aliento.
—Aceptado —dictaminó la corte—.
Y dado que el gremio ejecutó el contrato… el gremio será el castigador.
Ara dio un paso al frente.
El maestro alzó la mano.
—No.
La miró con firmeza.
—Esta vez… Blade.
El combate El círculo fue despejado.
Noctis Umbra apareció como una sombra arrancada del suelo: dos dagas curvas, postura baja, sonrisa torcida.
Cada vez que se movía, quedaba un rastro oscuro… una imagen retrasada de sí mismo.
—No es teletransporte limpio —murmuró Arson—.
Es forzado.
Blade no respondió.
Avanzó con espada y escudo, emitiendo ondas constantes desde su cuerpo.
No visibles.
No brillantes.
Pero reales.
El primer salto de Noctis falló.
El segundo rozó el borde del escudo.
El tercero casi perfora.
El combate fue brutal y técnico.
Nada de hechizos.
Nada de explosiones.
Solo acero, instinto y errores.
Blade empezó a leer los microcambios.
Cada fluctuación dejaba una cicatriz en el aire.
—Ahí —pensó.
Cuando Noctis reapareció, Blade ya estaba girando.
El tajo fue limpio.
El brazo del mercenario cayó al suelo antes de que el cuerpo entendiera que había perdido.
El silencio fue absoluto.
Noctis gritó… tarde.
Blade retrocedió un paso, respirando hondo.
—Nombre real —ordenó el magistrado.
—Noctis…—escupió sangre—.
Noctis Valen.
—Sentencia —dijo la corte—: muerte inmediata.
Blade no miró cuando se ejecutó.
Epílogo de Argenta A la salida, Noma estaba pálida.
—Así… termina.
—No —corrigió Ara—.
Así se cierra.
Blade se acercó a Arson.
—Cuida de ella —dijo, sin especificar a quién.
El maestro sonrió con cansancio.
—Y si algún día vuelves… no traigas problemas nuevos.
Ara se giró.
—No prometo nada.
Esa noche, la caravana quedó preparada.
Al amanecer, partirían hacia Villa frontera.
Y Argenta… respiró aliviada.
Por ahora.
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