ARSON: El Despertar del Olvido - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Capitulo 29 - Caminos que no piden permiso
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29: Capitulo 29 – Caminos que no piden permiso 29: Capitulo 29 – Caminos que no piden permiso La caravana partió al amanecer.
No era grande, pero sí organizada.
Tres carros, seis mercenarios del gremio Mano Oscura y un explorador adelantado marcando el ritmo.
Ara cabalgaba al frente, con Arson a un lado, revisando mapas y rutas.
Noma iba un poco más atrás, casi siempre cerca de la retaguardia, aunque nadie se lo había pedido.
El desierto quedó atrás pronto.
Las dunas dieron paso a terreno quebrado, salpicado de piedra antigua y caminos que alguien había trazado siglos antes.
Aún quedaban restos de escalones tallados en la roca, erosionados por el tiempo, como si la tierra se negara a olvidar que una vez fue atravesada por ejércitos, comerciantes… y gente que huía.
El viaje avanzaba sin incidentes graves.
Alguna bestia menor, algún carro que necesitó ser reajustado.
Nada que exigiera desplegar poder real.
Aun así, Noma no descansaba.
Se levantaba antes que los turnos asignados.
Preparaba equipo que no era suyo.
Se colocaba en posiciones defensivas sin que nadie se lo indicara.
Cuando uno de los mercenarios tropezó con una raíz oculta y estuvo a punto de caer por una escalera, ella lo sostuvo del brazo antes de que nadie reaccionara.
—Gracias —murmuró el hombre, sorprendido.
Noma avanzando… y dio un paso atrás, como si hubiera cometido un error.
Ara lo vio todo.Arson también.
No dijeron nada.
Al caer la tarde, acamparon cerca de una formación rocosa que cortaba el viento.
El gremio montó guardias, subió fuego, repartió tareas.
Todo fluía con naturalidad.
Noma observaba desde la sombra.
No entendía ese orden.
Nadie imponia.
Nadie castigaba.
Nadie exigía obediencia por rango o sangre.
Y, aún así, todos cumplían su función.
Arson se sentó a su lado, ofreciéndole una ración.
—No tienes que vigilar —dijo—.
Hay turnos.
—Lo sé —respondió ella.
No lo tomó.
Pasaron unos segundos en silencio, hasta que Arson habló de nuevo.
—Si mañana… no estuviéramos —dijo, mirando el fuego—.
Si Ara y yo desaparecíamos.
¿Qué harías?
Noma frunció el ceño.
Abrió la boca.
La cerró.
No respondió.
Ese vacío fue más elocuente que cualquier palabra.
Esa noche, el ataque llegó sin dramatismo.
Tres criaturas carroñeras emergieron de entre las piedras, atraídas por el olor.
No eran fuertes, pero sí rápidas.
Antes de que Ara diera la orden, Noma ya estaba en movimiento.
No atacó con rabia.No atacó con furia.
Se colocó delante de uno de los mercenarios más jóvenes, interceptó el golpe, desvió, contraatacó con fuego comprimido, preciso, controlado.
Arson y los demás acabaron con el resto en segundos.
Cuando todo terminó, Noma bajó la mirada.
—Lo siento —dijo—.
Actúe sin permiso.
Ara se acercó despacio.
—Aquí —respondió—, proteger no requiere permiso.
Noma alzó la vista, confundida.
No insistieron.
A la mañana siguiente, el paisaje cambió.
El terreno se volvió más llano.
El aire es más húmedo.
A lo lejos, más allá de la bruma, se intuía una extensión abierta: ríos, caminos comerciales, vida.
Villafrontera estaba cerca.
Noma se detuvo un instante, mirando el horizonte.
Por primera vez desde que recordaba, no sentí miedo de volver atrás.
Sentía algo peor.
No saber quién sería cuando ya no tuviera cadenas que romper.
Y el camino, indiferente a sus dudas, siguió avanzando.
Lo que no se ordena La noche estaba tranquila.
El campamento dormía a medias, con el crepitar bajo del fuego y el murmullo ocasional de algún guardia cambiando turno.
Noma estaba sentada un poco apartada, las rodillas recogidas, la mirada fija en la llama más cercana como si esperara que el fuego le respondiera algo.
Arson se acercó sin hacer ruido.
Se sentó a su lado, dejando una distancia prudente.
—Has vuelto a adelantarte hoy —dijo, sin reproche—.
Tres veces.
Noma apretó los labios.
—No quería causar problemas.
—No los causaste.
—Actué sin orden.
Arson la miró de reojo.
No había dureza en su expresión, solo curiosidad sincera.
—¿Por qué eso te molesta tanto?
Ella tardó en responder.
—Porque… —empezó, y se detuvo—.
Porque si actúo sin orden, me equivoco.
Y si me equivoco… alguien paga.
Arson guardó silencio.
No la interrumpió.
—En mi mundo —continuó Noma—, no decidir era lo correcto.
Obedecer significaba sobrevivir.
Incluso cuando dolía… incluso cuando no tenía sentido.
Arson dejó escapar una pequeña exhalación.
—Ese mundo ya no está aquí.
—Eso dices tú —respondió ella en voz baja—.
Pero sigue aquí —se tocó el pecho—.
Yo sigo aquí.
Pasaron unos segundos.
—Hoy protegiste a uno de los hombres del gremio —dijo Arson—.
Nadie te lo pidió.
Nadie te castigó.
Nadie se enfadó.
—Ara no dijo nada —admitió Noma—.
Eso fue lo que más me desconcertó.
Arson sonrió apenas.
—Ara solo da órdenes cuando hacen falta.
El resto del tiempo… confía.
Noma frunció el ceño.
—Confiar no es eficiente.
—Tampoco lo es vivir con miedo —respondió él con calma.
Ella bajó la mirada.
Arson apoyó los codos sobre las rodillas.
—Escucha.
No voy a decirte qué tienes que hacer.
No ahora.
No nunca.
Noma levantó la cabeza, desconcertada.
—Eres libre —continuó—.
Libre de actuar.
Libre de equivocarte.
Libre de quedarte… o de irte.
—¿Irme?
—repitió ella, como si la palabra pesara demasiado.
—Sí.
Si algún día decides que este camino no es el tuyo, te irás.
Sin deudas.
Sin cadenas.
Sin perseguidores.
El fuego chisporroteó.
—Pero —añadió Arson—, si decides quedarte… me gustaría que fuera porque quieres.
No porque crees que debes.
Noma tragó saliva.
—No sé querer —dijo finalmente—.
Sé obedecer.
Sé resistir.
Sé sobrevivir.
Arson la miró con atención.
—Entonces aprenderemos otra cosa.
—¿Qué cosa?
Él se encogió de hombros.
—Decidir despacio.
Fallar sin castigo.
Elegir incluso cuando da miedo.
Noma volvió la vista al fuego.
—Eso no se aprende en un día.
—Lo sé —respondió Arson—.
Por eso no tengo prisa.
No hubo promesas.No hubo juramentos.No hubo cambio visible.
Pero mientras el silencio volvía a instalarse entre ambos, algo distinto empezó a asentarse en Noma.
No como una revelación.Sino como una pregunta.
Y por primera vez en siglos, esa pregunta no le exigía una respuesta inmediata.
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